Bernadette Pardo

Vientos de huracán

Vista de un árbol caído sobre una autopista en Daytona Beach tras el paso del huracán Matthew.
Vista de un árbol caído sobre una autopista en Daytona Beach tras el paso del huracán Matthew. pportal@miamiherald.com

No hay nada como un huracán para concentrar la mente sobre lo que es esencial, el agua, la gasolina y, sí, el gobierno. Son los gobiernos locales y las agencias del gobierno estatal las que han estado al pie del timón ante la amenaza de semejante tormenta, preparándonos, guiándonos y protegiéndonos a veces de nosotros mismos.

Los vientos de huracán también activan en tiempos de emergencia nuestro espíritu humanitario y comunitario. Vemos los pequeños gestos que rompen barreras: ayudar al vecino a poner los shutters, compartir tu agua fría con el que se quedó sin luz, invitar a tu casa a amigos que viven en zona de evacuación. No importa cuántas trifulcas se armen en las colas de la gasolina, a la hora de la hora, cuando el viento aprieta, tenemos que velar los unos por los otros.


El gobernador Rick Scott lo ha hecho muy bien y merece nuestra gratitud y respeto por haber estado al frente de una intensa labor de preparación para el huracán Matthew, el más grande en amenazar la Florida desde hace décadas. El gobernador, normalmente un hombre pausado, no vaciló en advertir dramáticamente: “esta tormenta mata”. Tratar de evacuar a un millón y medio de personas en la Florida no es una broma. Y Scott se ha tomado esto muy en serio con toda la razón.

Preparar albergues para los refugiados de la tormenta y coordinar las operaciones de emergencia con miles de bomberos, policías, patrulleros y otros funcionarios es el reto de los gobiernos locales. Los alcaldes de las ciudades y condados afectados por Matthew han estado a la altura de las circunstancias. Y el alcalde de Miami Dade, Carlos Giménez, hizo muy bien al decretar un regreso a la normalidad en las operaciones del condado lo antes posible tras el paso de lo que para nosotros afortunadamente fue solo un viento platanero.


Aunque a muchos les parece un rollo la cobertura continua, la prensa local también jugó un papel importante en esta alerta de huracán. Los reporteros y meteorólogos de la televisión trabajaron incansablemente para mantenernos informados y muchas veces hipnotizados por el cono de probabilidad.

Los minimalistas o turistas a quienes todo esto les parece una burda exageración tropical no han pasado por un huracán. No en balde su nombre proviene de Hurricain, el dios del mal en el Caribe. El paso de Matthew por esa zona ha dejado cientos de muertos, principalmente en la pobre Haití.

Un efecto refrescante es que por el momento los candidatos presidenciales Hillary Clinton y Donald Trump nos han dejado tranquilos. Esta semana ambas campañas han cancelado eventos en este estado crítico para la elección debido a Matthew. Algunos operativos políticos están preocupados sobre cómo es que la secuela de la tormenta afectará el “ground game”, el esfuerzo coordinado para llevar los votantes a las urnas cuando comience la votación anticipada. La campaña de Clinton ya ha pedido que si hay problemas se extienda el periodo de inscripción de votantes más allá del próximo 11 de octubre. No hay nada como estar sin luz o con la casa inundada para matar el entusiasmo electoral a solo 30 días de la elección general.


Por su parte el senador Marco Rubio, que aspira a la reelección, aprovechó el paso de Matthew para instar a sus colegas a aprobar lo antes posible los fondos para combatir el zika que llevan 7 meses peloteando en el congreso. Con toda el agua que ha dejado Matthew el peligro de propagación se ha multiplicado.

Solavaya Matthew. Esperemos que no se devuelva.

  Comentarios