Bernadette Pardo

El año de la paz en Colombia

Guerrilleros de las FARC llegan a El Diamante, en el sur de Colombia, para discutir y votar sobre el acuerdo de paz, el 16 de septiembre.
Guerrilleros de las FARC llegan a El Diamante, en el sur de Colombia, para discutir y votar sobre el acuerdo de paz, el 16 de septiembre. AP

En Cien años de soledad, la novela del colombiano Gabriel García Márquez, uno de tantos personajes inolvidables es Rebeca Ulloa Montiel, una niña huérfana que llega a Macondo cargando en un saco los huesos de sus padres y es adoptada por la familia Buendía. La novela del premio Nobel es la verdadera historia de Colombia contada en realismo mágico. Es una extraordinaria excursión entre la memoria y el olvido y eso es lo que me viene a la mente con el también extraordinario capítulo de su historia que han vivido los colombianos este año.

Después de 52 años de cargar con los huesos de sus padres como Rebeca Buendía, los colombianos vislumbraron este año la posibilidad de enterrar a sus muertos y acabar con un cruento conflicto con las guerrillas de las FARC.

El fin de la guerra, si es que llega, vendrá después de un costo humano horripilante que habría destruido a un país con menos temple y democracia: más de 250,000 muertos, más de 50,000 desaparecidos, cerca de ocho millones de víctimas y un ciclo inexorable de violencia.

A fines de septiembre el presidente Juan Manuel Santos y el guerrillero Timochenko firmaron un acuerdo de paz de 297 páginas logrado después de un largo proceso de diálogos en La Habana. Menos de una semana después los colombianos rechazaron el acuerdo de paz en las urnas. 6.431,376 (el 50.8 por ciento) votaron por el No, y 6. 377,482 (el 49.7 por ciento) votaron por el Sí. El margen de victoria fue de poco más de 55,000 votos en un país de 30 millones en unas elecciones en las que participaron casi 13 millones de votantes.

Lo que ocurrió fue un fenómeno similar al de Brexit en Gran Bretaña y al de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Las encuestas se equivocaron, los principales medios de prensa respaldaron abiertamente la campaña que resultó perdedora, y los centros urbanos no llevaron la voz cantante en la elección.

En Colombia el gran ganador fue el ex presidente y ahora senador y líder del Centro Democratico. Uribe lideró la campaña por el No de forma magistral. Como nos dice el joven colombiano David Quijano, no fue precisamente una decisión binaria. Según él, “Santos no es la paz y Uribe no es la guerra”. Es más complicado. Y como todos los plebiscitos, este reflejó más bien un rechazo al gobierno de turno, en este caso el de Santos.

En Colombia Uribe es mucho más popular que Santos y el ex presidente supo articular a través de las redes sociales las principales objeciones al acuerdo de paz de La Habana. El principal es la aparente impunidad que significaría una ley de amnistía para una larga lista de crímenes horrendos cometidos por la guerrilla.

Aquí en Cali, donde espero el fin de año, todos recuerdan como los guerrilleros de las FARC irrumpieron en plena misa en la Iglesia de Santa María y secuestraron a los feligreses a mano armada. Aquí nadie olvida a los 11 diputados caleños secuestrados por las FARC y asesinados vilmente por la espalda después de cinco años en cautiverio. No conozco una sola familia colombiana que no haya sido afectada por la violencia de las FARC, ya sea con muertos, secuestrados, desaparecidos, desplazados o simplemente por el miedo a salir a la calle.

Es complicado. Lucy Calderón, una jubilada que recibe una modesta pensión y votó por el No, nos dice que le molesta que bajo el acuerdo el gobierno se compromete a pagarle un subsidio de 623,000 pesos al mes (unos $200) a los guerrilleros desmovilizados. Eso se pagará con un aumento en los impuestos. Las FARC pagaban su nómina con las ganancias del narcotráfico, ahora le tocara al resto de los colombianos meterse la mano en el bolsillo.

Pese a la derrota del Sí en las urnas, ya que el plebiscito no fue vinculante, el presidente Santos renegoció a toda velocidad partes del acuerdo y el Congreso lo aprobó por vía rápida sin la participación de la bancada uribista. La implementación a plazos de los acuerdos de paz comenzó el 1 de diciembre. Esta semana el Congreso aprobó la ley de amnistía. El ministro de Justicia y Derecho, Jorge E. Londoño, asegura que, “está absolutamente claro que en la ley no va a haber impunidad, que los delitos de lesa humanidad, los genocidios y los delitos sexuales no serán amnistiables”.

Las garantías son parte del realismo mágico y este año entrante, como los residentes de Macondo, los colombianos tendrán que navegar entre la memoria y el olvido.

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