Bernadette Pardo

Trump y la reforma migratoria ‘real y positiva’

De izq. a der.: Natalia Pérez Santos, Hahil Carranza y María Mejía protestan en Miami contra la orden ejecutiva del presidente Trump de impedir la entrada a inmigrantes de siete países de mayoría musulmana, el 26 de enero.
De izq. a der.: Natalia Pérez Santos, Hahil Carranza y María Mejía protestan en Miami contra la orden ejecutiva del presidente Trump de impedir la entrada a inmigrantes de siete países de mayoría musulmana, el 26 de enero. rkoltun@miamiherald.com

El presidente Donald Trump tiene en sus manos la oportunidad de hacer algo que no ha logrado ningún otro presidente norteamericano desde que Richard Nixon visitó la China comunista en 1972, dar un giro revolucionario a una política estancada, en el caso de Trump la política de inmigración.

Horas antes de pronunciar su primer discurso ente el Congreso el presidente se reunió, como es tradicional, con un grupo de periodistas y presentadores de televisión. Dijo algo sorprendente y bienaventurado: “Es hora de pasar una reforma migratoria siempre y cuando ambos lados estén dispuestos a ceder”. Según los presentes en esa reunión que no fue televisada, el presidente indicó que está dispuesto a apoyar una reforma migratoria que le dé estatus legal a muchos de los indocumentados que viven aquí y que incluso le permita a los dreamers convertirse en ciudadanos.

Cuando me enteré de esta epifanía gracias a una alerta del New York Times casi me pongo de rodillas ante un milagro. ¿Qué tal si Trump es el elegido para ponerle fin a décadas de inacción y agria disensión en esta tema que llevó hasta el tremendismo en su campaña?

Así como Nixon, republicano, ultraconservador y anticomunista era el único que podía dar el brinco a China sin serias consecuencias políticas, Trump es el único que puede navegar al país hacia una reforma de inmigración justa y necesaria. Fue un feliz despertar luego de una larga pesadilla que duró lo mismo que la cuaresma. Solo un par de horas después volvimos a lo mismo.

En su discurso ante los congresistas, que por cierto fue presidencial, coherente e inteligente, Trump adoptó otro tono y cantó otra canción sobre el tema de inmigración. En su alocución del martes no solo volvió a la misma cantaleta sobre el muro y los “bad hombres”, sino que la escenificó de forma cruel invitando a los familiares de víctimas de crímenes cometidos por indocumentados. Ese espectáculo fue no solo cruel sino también injusto. Estudio tras estudio han demostrado que el índice de criminalidad de los inmigrantes es más bajo que el de los nacidos aquí.

Es difícil entender cómo esta demonización pública de los inmigrantes indocumentados nos va a llevar a un punto de convergencia sobre la reforma migratoria. Quizás es parte de una estrategia maquiavélica. Darle carne roja a la base rugiente hasta que llegue al río y quiera beber. Ojalá.

Los congresistas republicanos del sur de la Florida, Mario Díaz Balart e Ileana Ros Lehtinen, que llevan tantos años luchando por una reforma migratoria en el Congreso reaccionaron con gran optimismo al anuncio inicial de Trump. Ellos entienden que este es un tema de vida o muerte en la Florida y que afecta a cientos de miles de familias en nuestro estado. Ahora se tendrán que aferrar a una sola frase del discurso ante el congreso. “Yo creo”, dijo el presidente ante las cámaras, “que una reforma migratoria real y positiva es posible”.

Del lobo un pelo. El congresista republicano de Kendall Carlos Curbelo nos dice que la frase y lo que la precedió abre una ventana de oportunidad que hay que aprovechar después de más de 10 años de debate inconcluso.

Los demócratas no están tan seguros. El líder minoritario del senado, Charles Schumer, reaccionó de forma cautelosa sin darle mucha credibilidad a las palabras de Trump. Annette Taddeo, la ex candidata congresional del sur de la Florida, también duda. Después de escuchar el discurso del presidente como invitada de la congresista Frederica Wilson, Taddeo nos dijo que fue “muy oscuro”.

Puede que sí pero hubo un rayo de luz y hay que aprovecharlo. El liderazgo del presidente en esta causa aparentemente perdida es crucial, aun con los cables cruzados. Ha ocurrido un pequeño milagro y hay que correr con él.

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