Bernadette Pardo

El dilema de Airbnb

Un hombre que respalda a Airbnb espera su turno para hablar ante la Comisión de Miami el 23 de marzo del 2017.
Un hombre que respalda a Airbnb espera su turno para hablar ante la Comisión de Miami el 23 de marzo del 2017. el Nuevo Herald

En la Inglaterra del siglo XVII surgió el concepto de que “la casa de un hombre es su castillo” y que por ende el que manda allí es él, o ella. En Estados Unidos el derecho a la propiedad privada está enérgicamente protegido por la ley y para muchos el sueño americano consiste en ser propietario de una casa. Todo esto sirve para explicar las pasiones y frustraciones que desata la polémica sobre Airbnb que está candente en el Sur de la Florida y que arde en Miami y Miami Beach.

Airbnb, para los que viven bajo una piedra y sin celular, es la plataforma digital que permite a visitantes alquilar un cuarto o una casa de un particular en casi cualquier parte del mundo, hasta en Cuba, donde Airbnb es un negocio floreciente que le da de comer a mucha gente.

Mi experiencia personal como huésped a través de Airbnb ha sido maravillosa. Es mucho más barato que un hotel, con cuartos limpios en barrios buenos y con anfitriones amables que ayudan a navegar la ciudad que visitas.

Al menos dos ciudades del Sur de la Florida, Miami y Miami Beach, están en pie de guerra contra Airbnb. Miami Beach ha aprobado las restricciones más draconianas contra el alquiler a corto plazo en todo el país. Cobra multas de hasta $20,000 a los que las violan y hasta el momento ha recolectado más de $4 millones en multas. Esta semana Philip Levine, el alcalde de Miami Beach y posible candidato a la gobernación, celebro una conferencia de prensa junto a su homólogo de Miami, Tomas Regalado. principalmente para denunciar los abusos que según ellos están perpetrando los huéspedes de Airbnb contra los pacíficos residentes de sus ciudades.

El alcalde Regalado nos dice que se trata de proteger la calidad de vida de los que viven en barrios residenciales y se sienten asediados por huéspedes ruidosos que riegan basura y ocupan todos los parqueos. Me pregunto cuál es la diferencia entre un huésped de Airbnb y un primo de New Jersey que nos visita. Si se portan mal se puede llamar a la policía o a la agencia de cumplimiento del código.

En medio del debate, como siempre, está el tema de la plata. Para muchos dueños de casas ahogados en impuestos y deudas, el poder alquilar un cuarto en su casa de vez en cuando representa una tabla de salvación económica. El alcalde Regalado nos dice que si persiguen a los que construyen “efficiencies” ilegales, por qué no van a castigar al que alquila un cuarto sin permiso. Me parece que no es lo mismo construir una estructura ilegal, que discretamente alquilar una habitación existente. En sus anuncios Airbnb dice que contribuye con más de $130 millones al año a la economía de Miami.

La guerra grande de Airbnb es con la industria hotelera que se siente amenazada. Airbnb es para los hoteles lo que Uber es para los taxistas. No quieren la competencia. Armando Ibarra, que representa a la industria hotelera, nos explica que el problema “es que no se trata a todos igual. Los hoteles tiene reglas y pagan impuestos”.

Eso tiene fácil solución, como demuestra el acuerdo logrado esta semana por el alcalde del condado, Carlos Giménez, con Airbnb que tendrá que ser aprobado por la comisión. Bajo el acuerdo, Airbnb se compromete a recolectar un impuesto hotelero del 6% a los alquileres y remitirlo al condado todos los meses. Se estima que esto representaría un ingreso de $8 millones al año para el condado. Airbnb también ha instalado una plataforma para recibir quejas de vecinos que se sienten afectados por huéspedes y resolverlas.

Ir en contra de estas economías emergentes es como tratar de meter la pasta de dientes en el tubo una vez que está fuera. Se le llama “sharing economy” algo así como lo que nos decían cuando éramos niños que para ser feliz hay que compartir. Tomas Martinelli, el director de Relaciones Públicas de Airbnb, describe el fenómeno como “la democratización del capitalismo”.

Todos somos capitalistas, todos queremos que nos dejen tranquilos en nuestros castillos mientras no molestemos a los demás.

  Comentarios