Bernadette Pardo

Miami está que arde

Una niña se refresca en el Mel Reese Water Park en Miami, en un caliente día de verano en julio del 2015.
Una niña se refresca en el Mel Reese Water Park en Miami, en un caliente día de verano en julio del 2015. EL NUEVO HERALD

No sé ustedes pero yo tengo calor, mucho calor. No es la menopausia, eso ya pasó. El termómetro confirma mis sensaciones térmicas. El fin de semana de Memorial Day fue el más caluroso desde principios del siglo pasado. Fue precisamente en esos días que el presidente Donald Trump anunció a bombo y platillo que nos retiraba del acuerdo de París contra el cambio climático. Quizás el Presidente debió haber esperado hasta el invierno para hacer ese anuncio.

Lo cierto es que como dicen los dominicanos “ya ta”, y quizás el Presidente nos hizo a todos un favor. Ahora, en vez de confiar ilusamente en que el gobierno lo va a resolver todo, tendremos que confiar en nosotros mismos y asumir la responsabilidad individual de hacer algo para no seguir achicharrando nuestro pobre planeta. Según las últimas encuestas, la mayoría de los norteamericanos, hasta un 70 por ciento, está preocupada por el cambio climático.

Hay que ir lejos para ver un oso polar flotando en un trozo de hielo, pero no hay que ir muy lejos para experimentar los efectos del calentamiento global en carne propia en el sur de la Florida. Los residentes de Miami Beach sufren periódicamente las inundaciones causadas por mareas cada vez más altas, los garajes subterráneos de edificios de lujo se inundan. La gente se abre paso con el agua a las rodillas, las calles se inundan, los carros se arruinan y los mosquitos se multiplican. No es solo en Miami Beach. El alcalde de Coral Gables, Raúl Valdés Fauli, nos dice que en su ciudad hay más de 300 casas “carísimas” frente al mar que se verían afectadas por la subida del mar a relativamente corto plazo.

Ahora hasta ir a la playa en verano es algo peligroso y no precisamente por los tiburones. El doctor Jorge Martínez advierte que una bacteria necrótica que prolifera en aguas de mar caliente como las nuestras puede atacar a cualquier nadador que tenga una herida abierta, por pequeña que sea, causándole la muerte. Según Martínez, esta bacteria causó 50 muertes el año pasado y el número va en aumento. La semana pasada un hombre en Texas murió como consecuencia de esta mortífera infección después de nadar en las aguas del Golfo de México luego de haberse hecho un tatuaje. Martínez opina que tanto la proliferación de esta bacteria en el mar como la de las algas tóxicas en nuestras costas son el resultado del calentamiento global.

Según los más recientes estudios, los que vivimos en la Florida somos los más vulnerables en toda la nación al calentamiento global. Aquí el nivel del mar está subiendo tres veces más rápido que en otras zonas costeras del país. Eso también amenaza el agua potable en nuestro delicado sistema acuífero.

El presidente Trump no habló mucho sobre estos patentes peligros en su discurso en el Jardín de Rosas. Se concentró más bien en resaltar el daño que le hace a nuestra economía el Acuerdo de París, lo cual es una falacia. Los CEO de 630 corporaciones le escribieron una carta al Presidente instándolo a no retirarse del acuerdo. Mientras que la industria del petróleo está en declive por muchos motivos, la industria de la energía renovable está en pleno florecimiento. En los últimos años se han creado 260,000 nuevos trabajos en la industria de energía solar. En contraste, son 40,000 los empleos que dependen del nocivo carbón.

Inexplicablemente el presidente Trump propuso esta semana instalar paneles solares a los largo del famoso muro fronterizo que quiere construir.

A raíz de la insólita decisión del Presidente 1,200 gobernadores, alcaldes y empresarios han prometido públicamente hacer todo lo posible por cumplir con las metas de reducción de emisiones de carbono que delinea el acuerdo. Con el mismo propósito ya más de 10 estados han formado una Alianza Climática. Esta semana Hawaii fue el primer estado en adoptar leyes para documentar la subida del nivel del mar y establecer estrategias concretas para cumplir con las metas del Acuerdo de París.

¿Y la Florida, el estado más vulnerable? Bien gracias. Aquí el gobernador Rick Scott continúa inamovible desde que prohibió la sola mención de la frase “cambio climático” en documentos gubernamentales.

No sé lo que va a pasar. Solo sé que tengo calor.

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