Bernadette Pardo

El Condado en Blanco y Negro

No hay peor ciego que el que no quiere ver y esta semana los cuatros comisionados afroamericanos de Miami-Dade instaron a sus colegas a adoptar una nueva óptica para tratar de ver a decenas de miles de residentes invisibles cuyas condiciones de vida son dramáticamente distintas a las del resto de la población.

El debate, abiertamente racial, fue promovido por el comisionado Dennis Moss bajo un tema en la agenda titulado “lo que podemos aprender de Ferguson”. La muerte del adolescente Michael Brown baleado por un policía hace un mes, que para muchos de nosotros es una noticia distante, para los afroamericanos de Miami es un tema candente y personal que se ven obligados a tratar a diario con sus hijos o nietos adolescentes. “Todavía tengo miedo”, dijo en la reunión la comisionada Barbara Jordan preocupada por sus nietos en caso de que tengan un encuentro con un policía. Tiene razón. Miami-Dade no es ajeno al exceso y abuso de fuerza policial en los barrios negros. Los violentos disturbios raciales de los años 80 todavía arden en la memoria colectiva de Miami.

Retha Boone Fye, directora del Departamento de Asuntos Negros de Miami-Dade, contrastó la política policial de mano dura y cero tolerancia hacia adolescentes afroamericanos con la de guantes de seda con que fueron tratados los adolescentes blancos que irrumpieron en horas de la madrugada en la mansión del basquetbolista Ray Allen. Estos no fueron arrestados e inicialmente la policía de Coral Gables no quiso formular cargos contra ellos. Según Boone Fye “si hubieran sido afroamericanos ya estarían muertos”.

Aparte del temor justificado a la presencia policial, los afroamericanos, el 19% de la población de Miami-Dade, también están malparados en el terreno económico de nuestra comunidad. Uno de cada cinco de ellos vive bajo el nivel de pobreza. La comisionada Rebeca Sosa señaló que esa disparidad económica también afecta a una buena parte del sector hispano del condado, lo cual es cierto. En promedio, los anglosajones blancos ganan $20,000 más al año que los negros, los puertorriqueños, los nicaragüenses y los haitianos. Según las últimas cifras del Buró del Censo, el condado de Miami-Dade es el segundo en la nación en desigualdad de ingresos. Aquí los ricos son mucho más ricos y los pobres mucho más pobres. Y aquí los pobres se ven forzados a pagar casi la mitad de lo que ganan en costos de vivienda.

Según dos comisionados, la proliferación del español en el condado representa un obstáculo en el mercado laboral para los jóvenes afroamericanos que no lo hablan. Un alto porcentaje de los afroamericanos que se gradúan de la universidad aquí se marcha a otra parte llevándose consigo los sueños de pertenecer a una clase media productiva y estable. No en balde, como dijo el comisionado Moss, “la gente se siente desesperanzada”.

La esperanza se desvanece en el horizonte si no aprendemos a remar juntos en la misma dirección porque todos estamos en el mismo bote, aunque solo algunos viajan en primera clase.

La comisión ha escuchado el clamor de los que no quieren más impuestos. Para complacerlos ha recortado los presupuestos de los programas sociales que tantos necesitan, sobre todo en nuestros barrios marginados.

El alcalde, cuatro comisionados hispanos y un blanco anglosajón participaron en el intenso debate con sus colegas afroamericanos. Es una conversación que hace falta continuar, un debate que apenas comienza.

Como dijo el comisionado de origen colombiano Juan Carlos Zapata, “yo lo conozco a través de los que veo y lo que leo, pero no lo vivo”.

Está claro que lo que podemos aprender de los disturbios en Ferguson, Missouri, es que en Miami-Dade todos tenemos que abrir más los ojos porque no hay peor ciego que el que no quiere ver.

  Comentarios