Bernadette Pardo

El Sí de las Niñas o los escándalos sexuales en EEUU

Roy Moore, ex presidente del Tribunal Supremo de Alabama y candidato al Senado de EEUU.
Roy Moore, ex presidente del Tribunal Supremo de Alabama y candidato al Senado de EEUU. AP

Aunque parece que hace más de un año estamos en el mismo sórdido ciclo, en realidad hace escasamente un mes que el New York Times destapara las andanzas de Harvey Weinstein, famoso productor de Hollywood y más famoso aún como presunto acosador sexual según las acusaciones de decenas de mujeres. El consecuente tsunami de acusaciones similares inundó todos los círculos de poder desde las artes hasta la política. Sorprendieron las alegaciones contra el actor Kevin Spacey, quien interpreta el papel de un maquiavélico presidente de Estados Unidos en la serie televisiva House of Cards. La serie ahora está en peligro de desaparecer y Spacey jamás volverá a poner un pie en el set.

En el mundo de la política real, más de lo mismo. El crescendo de revelaciones y acusaciones de abuso sexual ha tenido visibles consecuencias. El pasado martes en Washington un comité de la Cámara de Representantes llevó a cabo una audiencia especial sobre cómo “Prevenir el acoso sexual en los centros de trabajo del Congreso”.

En éste, la representante republicana de Virginia, Barbara Comstock, relató con pelos y señales claros abusos perpetrados por uno de sus colegas que no quiso nombrar y tolerado por los demás. La representante demócrata de California, Jackie Spier, declaró ante el comité que “el sistema actual protege al acosador y no a la víctima”.

La espiral de escándalos también ha afectado a los que aspiran al Congreso. El caso más sonado es el del candidato al senado federal por Alabama, el juez Roy Moore. Moore ha sido descrito como el terror de los teenagers en Gadsden, Alabama. Varias mujeres ya adultas han relatado los presuntos acosos sexuales de los que fueron víctimas a manos de Moore cuando eran adolescentes. Una de ellas tenía 14 años.

Muchos en los círculos del poder en Washington han creído estas acusaciones. Tanto el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, como el del Senado, Mitch McConnell, ambos republicanos, han condenado esta conducta y le han pedido públicamente a Moore que renuncie a su candidatura. Otros amenazan con expulsarlo del Senado si es electo.

Entre los que pidieron esta semana que Moore se retire de la contienda está la Asociación Nacional de Gobernadores. Rick Scott, el gobernador de la Florida, quien es vicepresidente de la entidad, dijo: “Esto va más allá de la política partidista. Esto es sobre hacer lo que es correcto. Está bastante claro lo que está bien y lo que está mal”.

No está tan claro en Tallahassee, donde la conducta impropia en el terreno sexual por parte de algunos legisladores es parte y parcela del sistema. No está solo, señor gobernador, yo también lo he visto y no he dicho nada porque sí, es complicado.

Esta misma semana la representante estatal de Orlando, Amy Mercado, dijo que existe “una cultura tóxica” en la legislatura estatal. Acusaciones de acoso sexual formuladas contra el senador estatal Jack Latvalas de Clearwater le costaron su poderoso puesto como presidente del comité de apropiaciones.

Recientemente el senador estatal demócrata Jeff Clemens renunció a su cargo admitiendo una relación sexual con una cabildera.

“Es como un estado oscuro”, dijo el representante estatal republicano de Miami Carlos Trujillo. Ciertamente hace falta más claridad sobre este tema y menos impunidad. Como dice Trujillo las relaciones impropias contaminan el proceso legislativo.

Los vicios y errores son funestos para la sociedad, algo a lo cual apenas estamos despertando. La conducta impropia por parte de los hombres, sobre todo aquellos con poder, es algo engranado en nuestra cultura.

La ex comisionada de Miami Beach, Kristen Rosen González, nos cuenta que cuando ella acusó al candidato a la comisión Rafael Velásquez de un grotesco acoso sexual muchas mujeres la criticaron: “No sigas en esto que te hace daño a ti”, me decían. Pero, Rose González, quien aspira al Congreso, perseveró, y Velázquez perdió. “Yo tengo una hija de 20 años”, me dijo, “y no quiero que le pase a ella”.

Escribo esto mientras contemplo la frágil y serenísima inocencia de mi nieta Anouk, nacida hace solo 26 días, y me pregunto qué podemos hacer para protegerla. No queda mucho tiempo.

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