Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: De la sartén al fuego en Tallahassee

El cierre de la Legislatura aumentó las tensiones entre la cámara baja y el Senado sobre su estancamiento en el cuidado de salud.
El cierre de la Legislatura aumentó las tensiones entre la cámara baja y el Senado sobre su estancamiento en el cuidado de salud. Tampa Bay Times

Hace dos semanas advertimos que gracias a la intransigencia de la Cámara de Representantes estatal íbamos camino al caos. Esta semana llegamos abruptamente al fin del camino. El pasado martes el presidente de la Cámara estatal, Steve Crisafulli, en vez de dar la cara en el continuo combate con el Senado sobre qué hacer con el precario acceso al cuidado médico en la Florida y quién debe pagarlo, optó por desarmar el tinglado y enviar a casa a los representantes antes de que terminara oficialmente esta sesión legislativa.

Este irrespetuoso e irresponsable acto, sin precedentes en la historia de la Florida como estado, viola el único mandato constitucional que tiene la legislatura estatal que es aprobar un presupuesto sin el cual el estado no puede funcionar. Lo que hizo el liderazgo de la Cámara fue el equivalente a lanzar un coctel Molotov. Por muchas credenciales conservadoras que tenga el Sr. Crisafulli, actuó como un clásico anarquista.

Esta insólita guerra aún no ha terminado pero ya ha cobrado cuantiosas víctimas. Por el camino quedó el plan para proteger y limpiar las reservas de agua potable de la Florida que están en riesgo, una serie de propuestas para ayudar a niños discapacitados a vivir como adultos independientes, un programa para sacar a los servicios para enfermos mentales en la Florida de la edad de piedra, la posibilidad de reducir nuestra carga tributaria en $673 millones, la reforma del sistema de prisiones, la reforma de la agencia de MDX en Miami Dade que es la que acaba de subir los peajes, la agilización de los fondos que reciben las escuelas públicas de Miami-Dade, además, claro está, de la manzana de la discordia, la propuesta expansión del programa de Medicaid para darles cobertura médica a más de 800,000 residentes de la Florida.

El Senado había forjado un plan para logar ese objetivo con fondos federales y para continuar un programa que compensa con fondos federales a los hospitales que atienden a pacientes que no pueden pagar. Pero la guerra impopular y permanente del presidente de la Cámara contra Obamacare hizo que la Cámara rechazara prematuramente siquiera debatir un tema de tal magnitud para el estado. Sin un acuerdo, la Florida perderá miles de millones de dólares y eso se reflejará en el presupuesto que algún día tendrán que aprobar.

“Tienen que dar la cara eventualmente”, nos dice el senador republicano de Hialeah, Rene García, uno de los arquitectos del plan del Senado. Según García como consecuencia de lo ocurrido en la Cámara la mayoría de los proyectos de ley importantes elaborados en esta sesión se han venido abajo. “Todos estos proyectos han muerto por una rabieta infantil”, nos dice el representante demócrata de Miami, José Javier Rodríguez.

El representante republicano de Miami, José Félix Díaz, reaccionó así al abrupto desenlace de la sesión legislativa: “Si bien fue sorprendente fue simplemente una movida táctica por parte del presidente Cristafulli”.

El representante republicano de Miami, Manny Díaz, también defiende lo que hizo Cristafulli. “Es parte del proceso democrático”, nos dijo. “Una cámara no puede imponerle su criterio a la otra. Nosotros aprobamos todas las propuestas importantes antes de irnos y nunca íbamos a llegar a un acuerdo sobre la expansión del Medicaid”. Según Díaz, la oposición a esta expansión se debe a que no quieren endeudar a la Florida con los crecientes costos del programa de salud y no se fían de la permanencia de los fondos federales.

Pero su colega demócrata, el representante Rodríguez, considera que es cruel librar esta batalla ideológica sin importar que las víctimas sean decenas de miles de familias trabajadoras que necesitan cobertura médica. Y según Rodríguez, la renuencia a aceptar fondos federales que ya hemos pagado en impuestos es una hipocresía porque “más de una cuarta parte del presupuesto estatal se nutre de fondos federales, incluyendo los $2 mil millones del programas LIP que van a los hospitales”.

Cabe preguntarse, mientras Tallahassee arde, ¿Qué hace el gobernador Rick Scott? Bien gracias, viajando de incógnito e ignorando el caos en la capital estatal.

Algunos senadores demócratas decidieron demandar al liderazgo de la Cámara en las cortes por violar la constitución.

Esto no lo arregla ni el gobernador, que no da señales de vida, ni las cortes que evitan inmiscuirse en lo que hace la legislatura. La solución está en las urnas cuando nos llegue el turno a los votantes de decidir qué hacer con los que no dan la cara.

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