Bernadette Pardo

Camaritas para todos

Al que no quiere cámaras le dan tres mil. Tan pronto como el año entrante, miles de oficiales de policía en el condado Miami-Dade podrían estar patrullando nuestras calles con camaritas portátiles como parte de su uniforme. Esta semana la comisión de Miami Beach, por una votación de 6 a 1, acordó dedicar cerca de $3 millones del presupuesto de la ciudad a equipar a todos sus policías y a funcionarios de otros departamentos con estas minicámaras. El alcalde de Miami-Dade está proponiendo una inversión de $1 millón para proveerles estas camaritas portátiles a 500 oficiales de la policía del condado.

Lo ocurrido recientemente en Ferguson, Missouri, la muerte de un joven afroamericano a manos de un policía en circunstancias nada claras, ha acelerado este tipo de decisiones para departamentos policiales en toda la nación. Pero tanto Miami Beach como Miami-Dade están considerando desde hace tiempo la opción de cámaras en acción para sus policías. Miles de departamentos de policía han adoptado esta nueva modalidad no solo en Estados Unidos sino también en Australia, Gran Bretaña y Brasil. Ciudades tan grandes como Nueva York, Chicago y Los Angeles están explorando cómo implementar el sistema de las camaritas policiales conocidas como “cop cams”.

Según un estudio piloto recién realizado por Miami-Dade, el uso de las “cop cams” tiene grandes ventajas al mejorar la seguridad de los policías, darles más herramientas de vigilancia, proveer evidencia para juicios y quizás la más importante, “aumentar la confianza del público en que sus oficiales de policía actúan de forma profesional y sin prejuicios”.

La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), que suele luchar a brazo partido contra la intromisión del gobierno en las vidas de los ciudadanos, está a favor del uso de las “cop cams”. Según la ACLU, las cop cams le permiten al público monitorear cómo actúan los funcionarios del gobierno. Y los policías son los funcionarios del gobierno que más contacto tienen con el público.

De acuerdo con un reciente estudio de Cambridge en la comunidad de Rialto, en California, el número de quejas del público contra oficiales de la policía local se redujo en más de un 80 por ciento al año de haber activado las “cop cams”.

El condado de Miami-Dade se gasta millones de dólares al año en defender casos de presunto abuso policial y en compensaciones por este tipo de demandas.

Las minicámaras no solo protegen al público sino también a los policías contra falsas acusaciones de abuso, con el arma más poderosa que es la verdad. En mis casi 30 años como reportera de televisión aprendí que las cámaras no mienten. Pero ojo con la edición.

La implementación de las “cop cams” requiere reglas específicas que no permitan que los policías no graben video cuando no les conviene, o borren lo que no les gustó. Si el uso de las cámaras no es continuo; hay equipos que se activan automáticamente al sonido de voces altas y movimientos bruscos.

Si bien no hay ningún derecho de privacidad en lugares públicos como calles y centros comerciales, los policías también entran con frecuencia en casas privadas. Lo que graban sus camaritas allí tiene que ser estrictamente controlado para proteger los derechos de ciudadanos inocentes y para que nuestras vidas privadas no terminen en YouTube.

Pero no veo mayor problema. Desde hace años lo que ocurre en nuestras cortes y en nuestros centros de gobierno, como ayuntamientos y la legislatura estatal, está bajo la supervisión de cámaras, lo que según algunos ha fomentado un mejor comportamiento por parte de funcionarios públicos.

El Departamento de Justicia está ayudando con fondos federales a departamentos de policía en toda la nación que quieren incorporar este nuevo sistema de vigilancia.

Me parece una inversión mucho más sensata que la de armarlos con tanques, bazucas y artillería bélica.

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