Bernadette Pardo

Los leprosos del siglo XXI

Son los leprosos del siglo XXI, nadie los quiere cerca, y en el condado de Miami Dade hay casi dos mil de ellos, al menos oficialmente. Se trata de convictos de crímenes sexuales que ya han cumplido sus sentencias y que bajo la ley estatal se tienen que inscribir en el departamento de policía del condado en el que residen. La cifra oficial en Miami Dade es 1,894.

Bajo la ley estatal estos leprosos del siglo XXI no pueden vivir a menos de 1,000 pies de escuelas o centros infantiles. La ordenanza aprobada en Miami Dade en el 2005 es mucho más restrictiva. Bajo esta los depredadores sexuales cuyas víctimas han sido menores de 16 años no pueden vivir a menos de 2,500 pies de un centro escolar. Y ahí está el problema que se están peloteando las autoridades locales desde hace tiempo y que está llegando a un punto álgido.

Los leprosos de la Edad Media al menos tenían leproserías o lazaretos donde vivían aislados pero cuidados. Los nuestros crean sus propias colonias de desamparados donde pueden. La primera, en parte fomentada por las autoridades locales, fue bajo el puente de la carretera Julia Tuttle. La más reciente fue en una zona industrial en el norte de Hialeah donde cientos de ellos están a punto de ser desalojados. Algunos han decidido pernoctar en Krome y la calle 88 del SW.

Nadie sabe qué hacer con estos intocables. Los refugios para desamparados no los aceptan y el número de viviendas en las zonas no prohibidas de condado es bien bajo, 329 según un reporte reciente.

Por muy indeseables que sean estos individuos existen y son seres humanos con derechos humanos. Eso es lo que plantea una demanda presentada en corte esta semana por Legal Services y la Unión de Libertades Civiles (ACLU). La demanda exige protección para cientos de estos individuos en el campamento de Hialeah. Según los demandantes ellos no están allí porque quieren sino porque han sido forzados a un desamparo involuntario por la política del condado que restringe donde pueden vivir.

Hace 4 años la ACLU retó esta política del condado en la corte federal y perdió. Entretanto los s leprosos siguen vagando a la deriva. Los que se han sido desalojados del norte ahora se dirigen hacia el sur. El nuevo campamento ahora está en Krome y la calle 88 del SW y los vecinos de Kendall están en pie de guerra.

El comisionado del distrito Joe Martínez está tratando de emular a Pelayo en la batalla de Covadonga para frenar la invasión de los indeseables. Pero él mismo reconoce que hay que buscar otras soluciones más seguras para todos. Según Martínez, “estas personas, muchas de las cuales viven con sus familias en áreas prohibidas, pasan la noche de 10 pm a 6 am en estos campamentos y luego regresan a casa”.

Si es así hay que tener en cuenta que la mayoría de los niños están en su casa entre las 10 de la noche y las 6 de la mañana y que regresan del colegio precisamente durante el día.

La ordenanza del condado que prohíbe que esta gente viva cerca de las escuelas fue aprobada con muy buenas intenciones. Nadie que tenga hijos o nietos quiere que alguien que ha sido convicto de este tipo de crimen viva ni en su barrio ni en este planeta. Lo triste e irónico es que la gran mayoría de crímenes sexuales contra menores son perpetrados por conocidos o familiares de las víctimas. Ese fue el caso de la niña abusada por su nana y hoy legisladora estatal Lauren Book, que fue la motivación para la ordenanza del condado.

Los desalojos en Hialeah y Kendall prueban que el condado no está interesado en resolver el problema, solo en moverlo de un lugar a otro. “Nadie quiere quitar la ordenanza”, nos dice el comisionado Martínez, “y mucho menos yo”. Pero el comisionado ha pedido que esta sea debatida en la próxima reunión de la comisión. Ciertamente es hora de buscar una solución sostenible.

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