Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: Mucha cerveza y poca cabeza

Afortunadamente pronto podremos tomar cerveza en botellas de 64 onzas lo cual será un alivio, entre sorbo y sorbo, mientras contemplamos lo que nos espera a todos antes de la próxima sesión legislativa especial convocada para el 1 de junio.

La ley de la cerveza gigante, uno de los grandes logros de la accidentada sesión legislativa fue firmada esta semana por el gobernador Rick Scott, quien la elogió como un paso más para “crear un clima empresarial global en el que todas las empresas puedan tener éxito”. Un gran éxito lo de la cerveza pero seguimos sin un presupuesto estatal, sin un seguro médico para 850,000 personas y paralizados ante la posibilidad de que el gobierno estatal cierre sus puertas en solo un mes.

Hasta ahora el gobernador ha hecho lo posible por mantenerse al margen de la crisis estatal que amenaza a todos los que gobierna. Pero esta semana, en un raro arranque de liderazgo tardío, Scott alertó a las agencias estatales de la posibilidad de que dejen de operar el próximo 1 de julio si no hay presupuesto para pagarles a los empleados, y les pidió elaborar una lista de servicios esenciales que no pueden ser eliminados. Me imagino que estas operaciones críticas incluyen agilizar la producción de cerveza en botellas de 64 onzas.

De forma desconcertante, el gobernador también sugirió en televisión nacional que la Florida debería adoptar un “presupuesto continuado”, o sea repetir el del año pasado, y añadió que podríamos recurrir a un superávit de $8,000 millones. Las declaraciones de Scott en Fox News demuestran un despiste monumental y han dejado boquiabiertos a los legisladores estatales.

En primer lugar “un presupuesto continuado” no existe, es una ficción legal ya que la constitución estatal exige que la legislatura estatal apruebe un presupuesto cada año y no contempla que se arrastre el del año pasado. En segundo lugar el superávit actual no es de $8,000 millones sino de $1,800 millones, como luego reconoció la oficina del gobernador. Y esos $1,800 millones desaparecen si la legislatura estatal no llega a un acuerdo sobre la expansión del Medicaid. Lo más alarmante es que el gobernador parece estar divorciado de la realidad y no contempla las consecuencias catastróficas de congelar el presupuesto.

“Sería desastroso para todas las escuelas públicas de la Florida incluyendo las chárter”, advierte el superintendente escolar de Miami-Dade, Alberto Carvalho, pronosticando un impacto directo de $73 millones sobre las escuelas de Miami-Dade. El próximo año escolar, las escuelas de Miami-Dade tendrán 1,500 estudiantes más en sus aulas. Para rematar, la interrupción de la sesión legislativa tiró por la borda un plan para asegurar que las escuelas reciban a tiempo los ingresos que perciben del impuesto a la propiedad. Esto tiene un impacto adicional de $30 millones.

Todas las agencias estatales están en la misma incertidumbre. Nadie sabe lo que va a pasar pero todos saben que estamos al borde del abismo.

“No tenía por qué haber llegado a este punto”, nos dice la senadora estatal republicana AniTere Flores, quien señala que la crisis actual se veía venir hace dos años. “Cerrar el gobierno sería un bochorno”, opina el representante estatal republicano José Félix Díaz.

Flores y Díaz, así como Carvalho, están optimistas de que los legisladores llegarán a un acuerdo responsable y realista durante la sesión especial. Yo no estoy tan segura.

Sería pedirle peras al olmo esperar que el gobernador tome las riendas y actúe como mediador. Algunos, como el ex legislador estatal J.C. Planas, sugieren que la legislatura de un estado tan grande y complejo como la Florida sesione a tiempo completo y no solo tres meses al año. Otros, como el representante Díaz, mantienen que dadas las diferencias insondables entre el norte y el sur del estado, los legisladores deberían reunirse por separado periódicamente para legislar sobre temas regionales. Estas opciones requeririán cambios en la constitución estatal.

Entretanto, solo nos queda tararear la letra inmortal de Palito Ortega: “que chabocha la chevecha, se me chube a la cabecha”.

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