Bernadette Pardo

Año 30 A.A.

Varias personas cruzan un estacionamiento inundado por la marea alta en North Miami, en el 2016.
Varias personas cruzan un estacionamiento inundado por la marea alta en North Miami, en el 2016. Getty Images

Según podemos deducir de lo que ha dicho un prestigioso grupo de científicos, estamos en el año 30 A.A., el año 30 antes de Atlántida.

El reporte publicado esta semana por el grupo Union Of Concerned Scientists titulado Underwater: Rising Seas, Chronic Floods, and The Implications for US Coastal Real Estate (Bajo el agua: subida del mar, inundaciones crónicas y las consecuencias para los inmuebles costeros en EEUU) cuantifica el impacto económico de la subida del nivel del mar. Según este estudio, 311,000 casas podrían quedar bajo el agua en los próximos 30 años, la nueva Atlántida.

Entre 160 y 180 comunidades se verán afectadas por “inundaciones crónicas” que ya afectan a muchos en el Sur de la Florida.

En la Florida, el epicentro de este tsunami en cámara lenta, se estima que un millón de casas en zonas costeras tendrán que ser abandonadas a fines de siglo a un costo de $351 mil millones. Según Rachel Cleetus, la economista a cargo del estudio, “en los próximos años muchas comunidades costeras enfrentarán reducciones en los valores de sus propiedades cuando las percepciones sobre el riesgo se encuentren con la realidad”. Aquí en el sur de la Florida, donde el valor de la propiedad es casi sagrado, conviene prestar atención.

La realidad es que ya muchos de nuestros vecindarios sufren inundaciones crónicas. Cualquier reducción en los valores de esas propiedades no afectará solo a los ricos y famosos que viven frente al mar sino a todos nosotros, porque eso va a erosionar también la base tributaria de nuestros gobiernos locales. Y las inundaciones no sólo sumergen casas sino también infraestructura como carreteras, alcantarillas y plantas eléctricas.

Si quieren saber el riesgo de inundación que enfrenta su propiedad en los próximos 15 o 20 años, busquen Flood IQ en Google y pongan su dirección.

Las malas noticias en este frente son obvias y se multiplican. Si no hacemos nada para prevenir y mitigar este fenómeno terminaremos como la Atlántida, la isla mítica mencionada por el filósofo griego Platón que, “en un solo día y en una noche terrible” se hundió en el océano Atlántico.

Las buenas noticias son que sí se puede luchar contra esta trágica suerte y que el Sur de la Florida ha estado en la vanguardia en esta lucha. Tres alcaldes han estado entre los primeros en reconocer los riesgos y tratar de mitigar las consecuencias de la subida del nivel del mar: Tomás Regalado, ex alcalde de Miami; James Cason, ex alcalde de Coral Gables, y Phillip Levine, ex alcalde de Miami Beach.

Regalado nos dice que en Miami la conversación sobre el importante tema se inició hace 6 o 7 años y que ha rendido frutos. En las últimas elecciones los votantes de la ciudad aprobaron una emisión de bonos que incluye $283 millones para mitigar los efectos de las inundaciones por el alza en el nivel del mar, que según estimados regionales llegará a 2 pies en el 2052.

Como nos dice Regalado, en muchos barrios de Miami cuando llega la luna llena y se crea una supermarea conocida como marea rey, “el agua de mar sale por las cloacas”. Los planes con el dinero de los bonos incluyen obras de ingeniería para elevar estructuras e infraestructuras y construir muros de contención, sistemas de bombeo y áreas verdes donde pueda drenar más fácilmente el agua. Todo esto es complejo y costoso y tiene que ser construido a largo plazo y con la ayuda de urbanizadores. Regalado nos dice que pese a que Miami ha sido la primera ciudad en aprobar una emisión de bonos específicamente para combatir el cambio climático, el bono no va a alcanzar. “Brickell nunca se inundaba”, nos dice el ex alcalde, “y miren lo que pasó después de Irma”.

James Cason, el ex alcalde de Coral Gables, nos dice que es imprescindible la ayuda del gobierno federal, que hasta ahora le ha dado la espalda a estos esfuerzos locales. Por eso se ha involucrado en la coalición Seawall, que incluye un creciente número de ciudades (20 en la Florida) que tratan de presionar a Washington para que participe en la lucha contra esta amenaza.

Cason, que es republicano, insiste en que el tema no se debe politizar. Cason se interesó en el tema del riesgo de la subida del nivel del mar en el segundo año de su alcaldía después de leer el libro High Tide On Main Street (Marea alta en la calle principal). Nos dice que unas 43 millas de zona residencial en Coral Gables, que abarcan los barrios más caros, como Cocoplum y Tahití Beach, son altamente vulnerables a inundaciones de este tipo. El ex alcalde insiste en la importancia de informarnos y sugiere visitar el sitio web sealevelrise.org, que tiene información en inglés y español.

La economista a cargo del estudio de Union Of Concerned Scientists dice en un tono urgente que hay “una imperativa nacional de proveer opciones” mientras todavía estamos a tiempo. La solución más certera sería la reducción de emisiones de carbono pero eso no está en nuestras manos.

Los ciudadanos y políticos están haciendo lo que pueden pero no es suficiente en este año 30 A.A.

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