Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: Hay silencios que matan

Archivo/MIami Herald

Otra semana más. Otro niño más muerto a tiros en uno de nuestros barrios más pobres y violentos a manos de presuntos pandilleros aun no identificados.

Joewuan Coles no era miembro de una pandilla, solo del equipo de football de su secundaria, la Northwestern HS. Tenía 15 años y el pasado lunes, a eso de las 9 de la noche, había salido a buscar un poco de aire fresco frente al edificio de apartamentos en Model City donde vivía con su madre. Allí encontró la muerte cuando dos jóvenes vestidos de negro y armados con rifles de asalto abrieron fuego sin piedad matando a Joewuan e hiriendo a otros cuatro adolescentes. Desconsolada, la madre de la víctima repetía: “era solo un niño, no odiaba a nadie, todos lo querían”.

Desde el año pasado, 10 niños inocentes como Joewuan han sido acribillados en Miami-Dade. En el área de Liberty City, Model City y Overtown, el epicentro de la violencia, han ocurrido 113 tiroteos y hasta ahora solo se han realizado 20 arrestos en esos casos.

Hablamos con Juan Pérez, subdirector del Departamento de Policía de Miami-Dade, sobre las estrategias para desarmar a los desalmados.

El oficial Pérez insiste en que la mejor estrategia es que la policía conozca e interactúe con los vecinos del área antes de que ocurra un enfrentamiento. Reconoce que en ciertas áreas, como las antes mencionadas, la desconfianza hacia la policía es mayor “por experiencias del pasado y por problemas sociales y económicos”.

Aparte de una mayor vigilancia con programas que balanceen mano dura y mano abierta, hay otras estrategias. El programa Gun Bounty, que ofrece una recompensa de $1,000 por información sobre armas ilegales, ha decomisado desde el 2007 un total de 829 armas de fuego en manos de delincuentes. Otro programa similar que se lleva a cabo con la cooperación de la agencia federal ATF, ha incautado 203 armas de fuego ilegales desde el año pasado.

El problema de fondo lo identifica el alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, y lo ratifica el subdirector Pérez: la falta de cooperación de las comunidades más afectadas, en las que nadie quiere ser identificado como un chivato ya sea por miedo, justificable a represalias, o por cuestiones culturales. Sin el testimonio de los que presencian estos horrendos crímenes no hay forma de encarcelar a los asesinos.

La estrategia policial más prometedora entre las que nos mencionó el subdirector Pérez no proviene de un experto criminólogo sino de una joven cubanoamericana que trabaja como asistente en la oficina del comisionado condal Xavier Suárez.

La idea de Sarah Prío Odio es tan sencilla como profunda: “¿Por qué no escuchar?”.

Basándose en la imperiosa necesidad de iniciar una conversación a fondo y a largo plazo con los jóvenes en riesgo en estas comunidades, Odio propuso un plan que ya está siendo implementado por el Departamento de Policía de Miami-Dade. Consiste en una serie de diálogos con estos jóvenes en los que participarán los graduados de la Academia de Policía antes de empezar a patrullar. Estos intercambios serán facilitados por estudiantes de FIU especialmente entrenados. Me parece que es la forma más sensata de tratar de restaurar la confianza en la policía en barrios en donde ya no existe. Ojalá que funcione.

Prío Odio viene de una larga tradición de servicio público. Su abuelo, Carlos Prío Socarrás, fue el último presidente democráticamente electo en la Cuba republicana. Su padre, César Odio, fue el administrador de la ciudad de Miami que manejó con habilidad y humanidad la crisis desatada por el éxodo del Mariel.

La idea de Sarah es fundamental para tratar de resolver esta otra crisis que aún persiste. Hay que hablar, hay que escuchar, hay que informar. El silencio nos hace a todos cómplices de las muertes de estos inocentes.

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