Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: Las colchonetas no son la cura

Hace más de 20 años que Miami-Dade bateó un jonrón bajo presión cuando creó el fideicomiso conocido como el Homeless Trust, convirtiéndose en un ejemplo nacional de cómo lidiar con los desamparados, un problema complejo que siempre estará con nosotros.

La población ambulante de los desplazados por la pobreza, por tragedias personales, la locura y las adicciones es bien diversa, solo tiene en común la mala suerte de no tener opciones de vida. Eso es lo que les ofrece el Homeless Trust de forma organizada y cabal. Más que un catre y un plato de comida, una opción de vida.

Desde su creación en 1993, el Homeless Trust le ha devuelto la vida a decenas de miles de desamparados a través de programas serios que les permiten tratar sus problemas físicos y mentales, combatir las adicciones y prepararse para conseguir empleos y viviendas dignas. En Miami-Dade el número de desamparados se ha reducido de 8,000 a menos de mil.

Pese a este gran éxito todavía tenemos más de 600 de los llamados desamparados crónicos, que prefieren estar sin techo pero sin amo, lo cual es su derecho constitucional. Bajo un acuerdo judicial conocido como Pottinger, la policía no puede remover a estas personas problemáticas que defecan en público y asustan a los turistas sin ofrecerles algún tipo de albergue.

Y ahí está el detalle. Con fondos privados, la ciudad de Miami y la autoridad de desarrollo crearon un programa para proveerles colchonetas y un sitio donde pasar la noche a los recalcitrantes. Ahora insisten en que los fondos para las colchonetas salgan del presupuesto del Homeless Trust.

Algunos consideran que es una solución temporal humanitaria para un problema insoluble. Otras ciudades, como Boston y New Orleans, han implementado programas similares con cierto éxito. La ciudad de Orlando eliminó el suyo hace un año. Orlando es la ciudad con la mayor proporción de desamparados y según HUD, el departamento federal de vivienda, el programa de las colchonetas ayudó a fomentar esa proliferación de gente viviendo en las calles.

Ron Book el presidente del Homeless Trust, se opone rotundamente a utilizar fondos del fideicomiso para el programa de colchonetas que, según él, es la negación de la misión del Homeless Trust.

“Las colchonetas no funcionan”, nos dijo Book. “Solo ayudan a perpetuar el problema. Lo único que funciona es un plan a largo plazo y el liderazgo y la disciplina para seguir ese plan. No quiero que se gaste dinero público en algo que no es efectivo”.

Según Book, el Homeless Trust acaba de aprobar un programa piloto que se concentrara precisamente en los desamparados crónicos del downtown. Durante los próximos 90 días proveerán apartamentos con camas y trabajadores sociales para tratar de encaminar a esa población errante. En otros lugares donde se ha implementado el 95 por ciento de los desamparados ha encontrado alternativas de vida. Pero eso cuesta mucho más que una colchoneta. El costo es de $16,000 al año por cada persona.

Book insiste en que HUD, que ha otorgado miles de millones de dólares a programas para los desamparados, no le ha dado ni un centavo a los programas de colchonetas porque el 80 por ciento de los desamparados en esos programas termina de nuevo en la calle.

Entiendo perfectamente la razón por la que a los funcionarios de Miami les urge limpiar las calles de un downtown en pleno renacimiento. Pero como descubrimos hace tiempo, almacenar a los indeseables con o sin colchoneta no es la solución aunque parezca lo más humanitario. Si tenemos la cura, ¿para qué aplicar curitas?

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