Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: La misión de sanación

Infantes de Marina izan la bandera en la Embajada de EEUU en La Habana, Cuba, el viernes 14 de agosto.
Infantes de Marina izan la bandera en la Embajada de EEUU en La Habana, Cuba, el viernes 14 de agosto. Miami

La bandera de las barras y estrellas, poderoso símbolo global de los valores de la democracia y la libertad, ya ondea en La Habana. Es un símbolo agridulce en una isla donde, como reconoció el propio secretario de Estado John Kerry, el pueblo no disfruta de estos derechos fundamentales. Pero para Kerry, como para un creciente número de americanos y cubanoamericanos, ha llegado el momento de borrón y cuenta nueva.

Ciertamente en más de medio siglo de hostilidades y careo no se ha logrado mucho. En Cuba los hermanos Castro siguen anquilosados como momias dinásticas de un estado policial. Del otro lado del Estrecho de la Florida, los líderes del llamado exilio histórico siguen histéricamente atascados en un pasado que nunca volverá.

Detrás de la recién izada bandera tricolor en la embajada brillaba el profundo azul del mar que nos separa y donde tantos han muerto tratando de escapar. En la ceremonia de reapertura de la embajada en La Habana el poeta cubanoamericano Richard Blanco, criado en Miami, dijo que todos pertenecemos a ese mar “bajo olas que no saben sobre qué país están rompiendo” y profesó que ese mar nos dice que debemos “sanar juntos”. El secretario Kerry también habló del restablecimiento de relaciones como “una misión de sanación”. Pero no va a ser nada fácil.

Para sanar hay que perdonar y el perdón requiere la confesión de los pecados, algo que el actual régimen cubano no ha hecho ni hará nunca. Otros países traumatizados por largos conflictos internos han buscado la sanación a través de comisiones para establecer la verdad y la justicia. En La Habana, desde hace dos años, representantes del gobierno de Colombia negocian con miembros de la guerrilla de las FARC buscando respuestas sobre cómo adjudicar responsabilidades por tantos años de atrocidades. ¿Qué hacer con los muertos? En Cuba nadie se atreve a formular la pregunta.

Quizás el secretario Kerry lo hizo de forma oblicua cuando dijo que hay que “dejar de ser prisioneros de la historia pero esto no significa que podemos o debemos olvidar el pasado”.

Aun así, la política estadounidense de reencuentro con Cuba ha llegado a La Habana cojeando como Kerry. Desde el pasado 17 de diciembre el gobierno de Cuba ha seguido exigiendo y con el mazo dando. En contraste, la administración de Obama se ha desdoblado tratando de complacer a Raúl Castro. El Departamento de Estado ha removido a Cuba de dos listas negras y le ha ofrecido todo tipo de pajaritos volando. A cambio Kerry ha logrado con mucho trabajo que a sus diplomáticos en La Habana se les permita moverse “libremente” luego de notificar al gobierno cubano.

Nadie espera que la bandera cubana cubra los miles de ataúdes que marcan la larga marcha de la Revolución Cubana, pero tampoco se debe utilizar para apañar la impunidad por violaciones pasadas y presentes de los derechos humanos.

Lo más importante que dijo Kerry en La Habana es que el futuro de Cuba está en manos de los cubanos.

Esperemos que esté en manos de cubanos como Félix Navarro Rodríguez, de 62 años y uno de los integrante del grupo de los 75 prisioneros de conciencia condenados a largas penas de prisión durante la Primavera Negra del 2003. Navarro Rodríguez no fue invitado a la reunión posterior de Kerry con algunos disidentes. El viernes, desde Perico, Matanzas, nos dijo que eso no le importa que lo que le interesa es seguir trabajando para que se celebren elecciones libres. Eso es lo único, que según el, logrará un verdadero cambio.

Su actitud me recuerda a la de otro poeta, Antonio Machado, el preferido de mi padre, que escribió: “Caminante no hay camino. Se hace camino al andar”.

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