Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: La democracia y los actos de repudio

Confieso que detesto los actos de repudio. Cuando entrevisté a Fidel Castro en México en 1991, le pregunté sobre los que perpetraban en Cuba contra opositores como Osvaldo Payá. Me respondió que no sabía nada de eso. Pero todos sabemos que en dictaduras como la de Cuba es el gobierno el que organiza las brigadas de respuesta rápida para hostigar y perseguir a opositores. A veces la persecución termina en tragedia, como en el caso de Payá, que murió hace dos años en circunstancias sospechosas.

Si bien no tan funestos, las democracias también tienen actos de repudio orquestados y pagados por las campañas políticas para acosar a los candidatos del otro partido. Aquí en el sur de la Florida las brigadas de respuesta rápida se han movilizado en varias de las contiendas políticas más reñidas.

Annette Taddeo, candidata demócrata a la vicegobernación, ha sido blanco de actos de repudio en muchas de sus comparecencias públicas. Grupos de gritones le impiden hablar, la insultan, e interfieren en sus entrevistas con la prensa. En un evento en un barrio afroamericano lanzaron epítetos raciales, en otros la llamaron prostituta, con menos letras, y colombiana mal nacida. Taddeo, siempre sonriente, no se inmuta pero ha dejado de llevar a su hija a eventos de campaña. En su último enfrentamiento público con agresores políticos del otro bando estaba presente su contrincante republicano Carlos López-Cantera, que se ha negado a participar en debates con Taddeo. Ella corrió a abrazarlo y a instarlo a rechazar públicamente las tácticas de los talibanes.

La compañera de boleta de Charlie Crist no es la única candidata bajo este tipo de asedio. Carlos Curbelo, candidato republicano al congreso por el distrito 26, nos dice que él y su familia también han sido víctimas de acoso físico, verbal y electrónico en esta agitada temporada política. Aunque lamenta lo ocurrido, Curbelo prefiere no hablar de eso y concentrarse en los temas de campaña que ha articulado a fondo en ocho debates con su contrincante, el congresista demócrata Joe García.

El abogado Jorge Luis López, gestor de una campaña cívica para estimular la participación electoral, nos dice que lo que califica como “chusmería” no tiene lugar en una campaña seria y teme que contribuya a la apatía de los votantes.

Jaime Flórez, vocero de la campaña hispana de Rick Scott, opina que esto es parte de la democracia. Mi querido Jaime tiene toda la razón. El derecho a protestar, a gritar, a insultar y a expresar nuestro rechazo públicamente está firmemente defendido por la Primera Enmienda, la más importante en una democracia.

Por eso, soterrados en las catacumbas de las campañas, oscuros generales dirigen las guerras sucias de ambos partidos. Maurice Ferré, el gran pensador y gurú político de Miami, nos dice que esto no es nada nuevo, que siempre ha existido. Peo le preocupa que el nivel de histérica agresividad en el discurso político ha aumentado notablemente en los últimos años.

Según Ferré, esto se debe a la profunda división en todo el país evidenciada en tantas campañas cerradas. Ferré piensa que esa creciente falta de tolerancia refleja un panorama político en el que las convicciones partidistas cuasi religiosas pesan más que las ideas. “Nadie quiere escuchar a los que no piensan como ellos”, concluye.

Pero si nadie escucha a nadie, ¿para que nos sirve la Primera Enmienda?

No se debe premiar a los que se valen de insultos para ganar un escaño. Los votantes, como siempre, tendremos la última palabra el próximo martes, en el silencio y la privacidad de las urnas, que todavía son zonas libre de actos de repudio.

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