Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: Saliendo de las sombras

Para cerca de un millón de personas que viven en la Florida, el Día de Acción de Gracias llegó una semana antes.

Uno de ellos, David Ramos de 35 años, estuvo nervioso todo el día. “Llevo años esperando este momento”, nos dijo. A las 8 de la noche del jueves, sentado frente al televisor de su casa en el SW de Miami, David lloró y aplaudió cuando el presidente Obama le tiró una tabla de salvación. A su lado Cindy Giselle, su hijita de dos años y medio, también aplaudió sin siquiera saber por qué.

David es uno de los más de cuatro millones de indocumentados en este país que podrán acogerse a la orden ejecutiva que posterga temporalmente las órdenes de deportación para aquellos que viven aquí hace más de cinco años y que tienen hijos que sean nacidos aquí o residentes legales.

David llegó en el 2006 huyendo de la violencia en Honduras. Desde entonces ha intentado legalizar su situación, ha trabajado incansablemente como handyman y ha pagado sus impuestos año tras año. Ahora podrá hacerlo sin miedo, al menos durante los próximos dos años.

Mayra Rubio Limón, que vive en Homestead, dejó el miedo atrás hace dos años gracias a que pudo acogerse a la orden ejecutiva de acción diferida emitida por el presidente Obama para ayudar a unos 200,000 jóvenes indocumentados conocidos como Dreamers. Mayra estudia ahora en el Mami Dade College, trabaja con permiso y maneja sin temor. Ella dice que quien no haya vivido en la sombra como indocumentado no puede entender a fondo el significado de la orden ejecutiva del pasado jueves.

Se estima que en el sur de la Florida medio millón de personas viven en la sombra. Como dice María Rodríguez, de la Coalición de Inmigrantes, “son nuestros vecinos, los feligreses que rezan con nosotros en la iglesia, los que trabajan de sol a sol sin ningún respaldo, y merecen al menos un respiro”.

Eso es todo lo que les ha dado el presidente Obama, un respiro. No les ha dado una amnistía ni una vía a la ciudadanía. La orden ejecutiva es temporal y será anulada en cuanto el congreso apruebe una nueva ley de inmigración.

Pero las críticas han llovido entre los que consideran que la acción del presidente fue un abierto desafío a la ley y al congreso.

El más indignado de los indignados es el senador cubanoamericano de Texas Ted Cruz, hijo de un inmigrante de Matanzas nacido en Canadá. Según Cruz, un reconocido abogado, la orden ejecutiva de Obama desafía unilateralmente al congreso y es inconstitucional. El senador promete combatir la orden ejecutiva “con cualquier recurso constitucional a nuestro alcance”.

La guerra es guerra. Los congresistas republicanos del sur de la Florida, Ileana Ros Lehtinen y Mario Díaz Balart reaccionaron de forma menos beligerante pero igualmente crítica. En un comunicado conjunto dijeron que “la orden ejecutiva dificulta aún más la posibilidad de aprobar una solución de sentido común al disfuncional sistema de inmigración de nuestro país”. Nuestros congresistas sí tienen sentido común y conocen a muchos de los más de 800,000 indocumentados que viven en la Florida. Por eso también admitieron que están de acuerdo “en los méritos de algunas de las medidas anunciadas”.

Dado el momento, la forma y el tono del anuncio de Obama, es obvio que el presidente está esgrimiendo esta orden ejecutiva como un arma política. Si el Congreso quiere establecer su autoridad solo tiene que actuar con responsabilidad y aprobar lo antes posible una reforma migratoria permanente, coherente y justa, en vez de perder tiempo buscando victorias pírricas en las cortes.

A los millones de palabras que se han vociferado en reacción a la orden ejecutiva de esta semana, solo quiero añadir dos: Por Fin.

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