Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: Estamos desolados

El Ivanpah Solar Electric Generating System fue inaugurado en febrero, y los operadores dijeron que produciría suficiente energía para abastecer una ciudad de 140,000 viviendas, sin embargo solo está generando la mitad. Imagen de archivo.
El Ivanpah Solar Electric Generating System fue inaugurado en febrero, y los operadores dijeron que produciría suficiente energía para abastecer una ciudad de 140,000 viviendas, sin embargo solo está generando la mitad. Imagen de archivo. AP

En el estado del sol, el sol ya no cuenta para nada gracias a la Comisión de Servicio Público (PSC) que la semana pasada tomó una decisión que le hizo un flaco servicio al público de la Florida.

Por una votación de 3 a 2, el oscuro grupo que regula los monopolios como FP&L eliminó de un “totazo”, y por los próximos cinco años, los programas para promover la eficiencia energética y fomentar el uso de la energía solar en el estado que más rayos solares recibe en toda la nación. Con eso le cerró la puerta a la debida planificación de un futuro que contemple alternativas de energía renovable y no contaminante. Esto es particularmente importante en uno de los estados más vulnerables a los efectos del calentamiento global, como la subida del nivel del mar.

Para los que creen en el calentamiento global la noticia es alarmante porque, si continuamos cargando la atmósfera de carbonos, varios científicos concluyen que en un futuro, no muy lejano, nos veremos forzados a evacuar las áreas costeras de la Florida.

Para los que no creen en el calentamiento global, pero sí en la iniciativa propia, la decisión de la PSC también debe ser preocupante porque nos ata a todos a un sistema de consumo energético anticuado, no renovable, contaminante y eventualmente más costoso.

Todos los grupos ambientalistas han denunciado la decisión de darle la espalda al sol.

“La lamentable decisión de la PSC da una buena idea de la indebida influencia que los monopolios energéticos tienen sobre los órganos reguladores de la Florida”, nos dijo Javier Sierra del Sierra Club. “En el estado quizás más vulnerable a los efectos del cambio climático, apagar la luz solar es una insensatez que ensombrece el futuro de las próximas generaciones de la Florida”.

Las compañías que operan el monopolio de la energía le han declarado la guerra a la eficiencia y a la energía solar porque, según ellas, los programas actuales solo benefician a un puñado de usuarios ricos a costa de los demás. Es cierto que el programa para incentivar la instalación de paneles solares benefició a unos 900 usuarios a un costo de $16.5 millones, pero es ingenuo pensar que compañías que ganan miles de millones de dólares al año no puedan gastarse $16 millones sin pasarles el costo a sus clientes.

Si el programa solo beneficia a los ricos, se podría diseñar como los de otros estados que benefician a un sector mucho más amplio de los consumidores. El programa implementado en California, por ejemplo, permite que familias de bajos ingresos instalen paneles solares sin dar una cuota de entrada pagando a plazos por un periodo de 20 años. Los ahorros son inmediatos, como dice Rosa Margoya, de Irving, California, que afirma que desde que su familia instaló los paneles “pagamos la mitad de la luz”. De hecho, el costo de instalar paneles solares se ha reducido en un 80 por ciento en los últimos cinco años.

La misma comisión que desestimo la importancia de la energía solar para ahorrar no tuvo reparo en aprobar la costosísima construcción de nuevas plantas de energía por las cuales los usuarios ya estamos pagando años antes de que se ponga la primera piedra.

A cambio de todo esto FP&L magnánimamente nos dará a todos un descuento de $1.94 en nuestra cuenta mensual. Lo barato sale caro, y la falta de visión de la comisión ante la presión de las compañías que regula, y que han donado generosamente a las campañas de los políticos que los nombran, es deplorable.

Cuando disfrutemos de otro día soleado en pleno diciembre o colguemos las lucecitas de Navidad, debíamos preguntarnos por qué se regocijan las compañías que han condenado a nuestros hijos al carbón.

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