Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: No es fácil

“Me siento como si acabara de pasar un huracán”, nos dijo la congresista Ileana Ros-Lehtinen un día después del anuncio histórico del presidente Barack Obama decretando el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba.

No es fácil, como dijo el presidente Obama en ese discurso, utilizando la frase típica del cubano de a pie, el cubano para el que nada ha sido fácil durante más de medio siglo.

Ciertamente no es fácil, como en el caso de Miriam de la Pena, ver como el asesino confeso e impenitente de tu hijo comparte la pantalla con el presidente de tu país y clama victoria. No es fácil dejar atrás 50 años de muertos por fusilamientos, ametrallamientos, derribos, hundimientos, hacinamientos, hostigamientos y racionamientos.

No es fácil no pensar en que hace solo 10 días, en el Día Internacional de los Derechos Humanos, más de 240 cubanos fueron golpeados y arrestados por intentar salir a las calles para manifestar pacíficamente.

Como escribe desde España, con conocimiento de causa, el poeta y periodista cubano Raúl Rivero, “en ese diálogo entre los dos países que, desde luego, beneficiará a los dos gobiernos, se quedan fuera de juego, olvidados en los arreglos y las conversaciones, los opositores pacíficos, las Damas de Blanco, los periodistas independientes que reciben palizas, acosos y asaltos a sus casas cada día en una etapa en que la represión se ha hecho más intensa y diversa. En las amables conversaciones entre Raúl y Obama tampoco hay espacio para los 11 millones de rehenes obligados a vivir bajo un solo partido durante casi seis décadas sin libertad de prensa y con una libreta de racionamiento que no tiene vínculos con el embargo comercial de Estados Unidos”.

Si algo hemos aprendido en estos últimos 50 años es que, pese a tantos sacrificios heroicos, nadie escuchaba. Quizás porque insistimos más en gritar nuestras verdades que en tratar de conversar con gente de manera diferente de pensar.

No es fácil para los que libraron esta larga batalla contra el mal ver como terminó hace ya años, no con una explosión, sino con un suspiro, en la frase poética de TS Eliot.

Para muchos cubanoamericanos, entre los que me incluyo, la noticia ha sido recibida más bien con un suspiro de alivio, después de velar durante años un cadáver putrefacto por fin le damos cristiana sepultura con el beneplácito del Papa Francisco.

El entierro del Papá Grande en la isla, al igual que el del embargo en Washington, todavía no ha ocurrido, pero ahora ambos sepelios serán simbólicos e irrelevantes.

Quizás ahora podamos llevar a cabo, cara a cara, conversaciones relevantes en vez de seguir enfrascados en un eterno y absurdo zunzuneo.

Los interlocutores en ese próximo diálogo serán los jóvenes como la poetisa y bloguera Wendy Guerra quien desde La Habana reaccionó así a los acontecimientos de esta semana: “Aquí está el enemigo al fin…vamos a conversar, a caminar con ellos, a firmar la paz, a reconstruir nuestras vidas y cambiar para bien todo lo que deba ser cambiado sin dejar de ser lo que somos…aquí está el enemigo al fin…Hola, bienvenidos y… adiós a las armas”.

Los cubanos en ambos lados del estrecho de la Florida somos expertos en sobrevivir huracanes. La guerra ha terminado. No es fácil, pero es hora.

  Comentarios