Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: Respeto para todos los que se atreven a casarse

El amor, como la belleza, depende de los ojos con que se mire. Para algunos, las imágenes difundidas el mediodía del lunes desde Miami Dade, en vivo y a todo color, y que incluían parejas de hombres barbudos besándose en la boca, fueron repugnantes. Pero para muchos otros fueron motivo de regocijo por un triunfo legal con profundos y emotivos matices humanos.

La jueza de circuito Sarah Zabel demoró ocho minutos y medio en darle luz verde al matrimonio entre parejas del mismo sexo y procedió a oficiar los dos primeros. “¡Aleluya!”, fue la reacción de Aymara Robles al escuchar la noticia en el umbral de la corte. Robles y su pareja desde hace más de 15 años, Deborah Schorr, fueron las primeras en larga fila para obtener las licencias de matrimonio civil en el condado. Las dos mujeres maduras, sesentonas, visiblemente emocionadas, fueron discretas pero elocuentes. Al entregar en efectivo los $61 que cuesta la licencia matrimonial se les aguaron los ojos. “Increíble que algo tan mundano pueda ser tan mágico”, comentó Robles,

La pareja de mujeres hispanas que se casó una hora más tarde en la ceremonia en la corte de la jueza Zabel también lloró de alegría. Ambas tienen un hijo en común que ahora podrán criar con todas las de la ley. La jueza Zabel inició la conmovedora ceremonia con estas palabras: “el amor como la justicia y la belleza es difícil de describir”. Las dos primeras parejas del mismo sexo que se casaron en Miami Dade se prometieron mutuamente respeto, amor y fidelidad ante el aplauso de los presentes.

No todo fue júbilo y armonía ante los eventos históricos de esta semana. Desde Washington, el senador Marco Rubio lamento lo sucedido diciendo que una corte no debe ignorar la voluntad del 62 por ciento de los votantes que hace seis años aprobó una prohibición estatal al matrimonio gay.

En Miami el arzobispo católico Thomas Wenski emitió una especie de fatua. En un memorándum Wenski reacciono a las decisiones judiciales “que impusieron una redefinición del matrimonio” advirtiendo a todos y cada uno de los empleados de la Arquidiócesis, católicos o no, que pueden ser disciplinados y hasta despedidos por cualquier conducta “inconsistente” con las enseñanzas católicas.

El ya abiertamente presidenciable ex gobernador Jeb Bush tuvo la respuesta más acertada a la legalización del matrimonio gay en la Florida. “Vivimos en una democracia” dijo Jeb en su página de Facebook, “a pesar de nuestras diferencias tenemos que respetar la ley”. Y añadió, “Espero que también podamos respetar a la gente de bien en ambas partes del tema del matrimonio entre homosexuales y lesbianas, incluyendo a parejas comprometiéndose de por vida que buscan mayores protecciones legales y a aquellos de nosotros que creemos que el matrimonio es un sacramento y queremos proteger la libertad religiosa”. Amen.

Jeb también piensa que la definición del matrimonio civil es una “decisión estatal”.

A partir de esta semana el 70 por ciento de los ciudadanos de este país vive en estados que han legalizado el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Lo que ocurrió en la Florida es simplemente un reconocimiento de que todos tienen el mismo derecho inalienable al más delicioso de los mencionados en el preámbulo a nuestra constitución: la búsqueda de la felicidad. Cada cual la encuentra donde puede y con quien quiere, es bastante difícil y elusiva tanto para hombres como para mujeres que profesan amarse.

Como dice Jeb vivimos en una democracia, no en una teocracia. En una democracia tratar de imponer nuestras creencias religiosas en los demás es simplemente inaceptable.

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