Bernadette Pardo

Cuba y Obama

El presidente Barack Obama durante su discurso en el Teatro Nacional de La Habana.
El presidente Barack Obama durante su discurso en el Teatro Nacional de La Habana. AFP/Getty Images

Los tiene más grandes que Maceo. Esa, según un reportero del diario español El País, es la versión publicable de la reacción de un cubano en La Habana al escuchar el discurso del Presidente Barack Obama del pasado martes que fue televisado en la isla.


Obama dijo sus verdades ante la plana mayor del régimen castrista y declaró en español la verdad más grande, “el futuro de Cuba debe estar en manos del pueblo cubano”. Nuestro presidente presentó como claro contraste las fluidas ventajas de la democracia frente a la inamovible nomenclatura de la dictadura. Ofreció su propia experiencia, la de un mulato sin fortuna criado por una madre soltera que llegó a convertirse en el presidente de Estados Unidos, como ejemplo de las bondades de la democracia a los 11 millones de cubanos que aspiran a ser alguien.

También abrazó al exilio cubano, alabando la labor de los cubanoamericanos que convirtieron a Miami en lo que es hoy en día. Recordó todo lo que nos une desde el dolor de un pueblo con familias divididas durante décadas hasta la pasión por la pelota. Concluyó, también en español, dándole aliento a todos, “Creo en el pueblo cubano”.

Y Lo hizo todo con suma elegancia e inteligencia, sin ofender a nadie.


El discurso de Obama en La Habana también caló aquí en Miami, incluso entre los llamados recalcitrantes. Mi mejor amiga, quien no quería saber nada de la visita, me envió el siguiente mensaje de texto después de escuchar el discurso, “Excelente, elegante, sustantivo y un ejemplo de la verdadera esencia de la democracia. Tan diferente a la actitud brutal y represiva de los cavernícolas”. Otros del exilio histórico llamaron a la radio con la misma reacción, “Soy republicano y nunca he votado por Obama, ni me gusta, pero tengo que reconocer que estuvo muy bien. Dijo lo que tenía que decir”, expresó uno de ellos.

En vísperas del VII Congreso del Partido Comunista, donde se anticipa será cementada la sucesión de los hermanos Castro, Obama se dirigió directamente a Raúl y le dijo en su cara, “Dado su compromiso con la soberanía y la autodeterminación de Cuba también creo que no debe temer las voces diferentes del pueblo cubano y su capacidad para hablar, para reunirse y para votar sus propios líderes”.


Acto seguido, el presidente se reunió con un grupo de disidentes escogidos e invitados por él, como había prometido. Oportunamente los mando a buscar a sus casas en camionetas de la embajada americana para evitar la brutal interferencia del régimen. Uno de los disidentes que participó en el encuentro, Elizardo Sánchez Santa Cruz, dijo que Obama los trató con respeto y humanidad, y que los escuchó.

Obama también visitó el programa del popular cómico Pánfilo, quizás entendiendo instintivamente que la mejor forma de comunicarse con los cubanos es a través del humor.

Pero no todo salió bien durante la visita.

Fue triste ver la llegada del presidente y su familia bajo un cielo gris y lluvioso sin que nadie le ofreciera siquiera una sombrilla. Como desplante, no fue recibido por Raúl Castro sino por funcionarios de medio rango algunos de los cuales habían sido expulsados de Estados Unidos por ser espías.

La foto en la Plaza de la Revolución al día siguiente, durante la ofrenda floral ante el monumento a José Martí, también ha sido muy criticada. Pero o bien le daba la espalda a Martí, o se la daba al Che. En todo caso, lo que se ve detrás de Obama en la mayoría de las fotos es la imagen de Camilo Cienfuegos, el carismático líder desaparecido misteriosamente a principios de la Revolución.


Si bien el Che tuvo su momento, un momento mucho más impactante fue cuando una banda militar cubana tocó el himno de Estados Unidos en el Palacio de la Revolución.

Aun antes de abrir la boca en la conferencia de prensa ofrecida por Obama y Castro, el contraste fue también impactante, un Presidente pausado y articulado que responde afablemente a las preguntas de la prensa al lado de un dinosaurio del Parque Jurásico que golpea torpemente los audífonos dice no entender preguntas en español y termina chillando como el capataz de la finca que si le traen la lista de los presos políticos los libera esa misma noche.

Misión cumplida, Presidente Obama. Lo único que le queda por hacer es postularse para Presidente de Cuba, una elección que ganaría abrumadoramente. Quizás esa sería la solución ideal al espinoso problema de la sucesión.

Periodista cubanoamericana, Twitter: @PedaleaBernie

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