Bernadette Pardo

Preocupémonos por todos los niños de Miami

Cientos de personas se reunieron el 25 de febrero en honor de King Carter, el niño de seis años asesinado a balazos en el noroeste del condado Miami-Dade.
Cientos de personas se reunieron el 25 de febrero en honor de King Carter, el niño de seis años asesinado a balazos en el noroeste del condado Miami-Dade. mhalper@miamiherald.com

Todos los niños son nuestros niños es el lema del Childrens Trust, el fideicomiso de los niños en Miami-Dade y uno que deberíamos adoptar todos los que vivimos aquí.

Los motivos sobran. Se estima que unos 35 niños y adolescentes mueren cada año aquí víctimas de la violencia armada. Las últimas estadísticas son aún más alarmantes, uno cada semana.

La muerte a tiros hace un mes de un pequeño de seis años llamado King Carter ha generado suficiente indignación como para por fin empezar a forjar un plan de acción coordinado. Algo así como un plan Marshall que sugerí en una columna anterior.

El flamante jefe de Policía de Miami-Dade, Juan Pérez, citó el proverbio que dice que para criar un niño hace falta todo un pueblo, al referirse a la misión de un programa anunciado esta semana por el condado y la ciudad de Miami para tratar de salvar a nuestros niños en riesgo.

Consiste en asignar 25 policías a las zonas de combate para “adoptar” a entre uno y cinco jóvenes en riesgo. Los policías actuarían como mentores ayudando a estos niños y a sus familias a obtener servicios sociales y escolares y a darles supervisión individual. Esto serviría no solo para aliviar los problemas mas urgentes sino también para mejorar la relación bastante deteriorada entre la policía y los miembros de estas comunidades. Es un buen comienzo y hace falta mucho más.

En eso coincide la fiscal estatal Katherine Fernández Rundle quien considera urgente una mejor coordinación entre las agencias policiales, la fiscalía y las agencias sociales y comunitarias, incluyendo a entidades como el Children s Trust y el United Way. La fiscal también cree que es necesario reformar el sistema de justicia juvenil para poder enviar a jóvenes aún no perdidos a programas de rehabilitación que verdaderamente funcionen, y castigar más severamente los casos perdidos de criminales habituales.

Hace cinco años, la ciudad de Richmond, Virginia , una de las más violentas de la nación, inició un programa para reducir los actos de violencia cometidos por pandilleros, que está siendo copiado por otras ciudades. El programa, conocido por sus siglas GRP, concentra múltiples recursos en un grupo relativamente pequeño de pandilleros conocidos, “los sospechosos de siempre”, y en vez de arrestarlos los bombardea con servicios sociales, con ayuda para graduarse de secundaria e incluso con una mesada de $1,000 al mes a los que se mantengan en la línea recta y adopten un plan de vida. Según los lideres de Richmond, han logrado reducir los homicidios en la ciudad en más de la mitad . Un total de 84 de los 88 jóvenes que participaron en el programa aún están vivos y 4 de cada 5 no han vuelto a delinquir. Mucho menos costoso que meterlos en la cárcel y más exitoso.

Esta semana, otra noticia alentadora sobre el futuro de nuestros niños coloca a los estudiantes de Hialeah en un honroso primer lugar. Generalmente hay una brecha grande entre los logros académicos de niños de hogares pobres y los de familias más pudientes. Según un estudio, los estudiantes de Hialeah son los que más han hecho en toda la nación por cerrar esta brecha, los de Miami quedaron en tercer lugar. El alcalde Tomás Regalado señaló con orgullo que estos niños son los hijos de inmigrantes.

Cuando le preguntamos a la doctora Marta Pérez, miembro de la junta escolar de Miami Dade, qué es lo que hace la diferencia entre los niños pobres de Hialeah que triunfan y los niños pobres de Overtown que están en riesgo, su respuesta fue:”la familia”.

No es un secreto. Es algo que trajo a la luz pública en 1965 un famoso estudio realizado por el senador demócrata y sociólogo Daniel Patrick Moynihan. El reporte de Moynihan predijo el desastre que vivimos hoy en día como consecuencia de la desintegración de la familia nuclear en los barrios afroamericanos.

No sé si las escuelas, las agencias policiales y gubernamentales y el resto de nosotros podremos darles a estos pequeños en riesgo el apoyo de una familia, pero si todos los niños son nuestros niños tenemos que al menos intentarlo.

Periodista cubanoamericana, Twitter: @PedaleaBernie

  Comentarios