Bernadette Pardo

BERNADETTE PARDO: Historia de dos estados

Bienvenidos a la Florida, paraíso terrenal de millonarios y billonarios de todas partes del mundo que no tienen ningún problema pagando $50 millones por un apartamento en Miami Beach, o $180 por una botella de champán Krug.

Según Christie’s, somos el noveno mercado de lujo en el mundo y el segundo en Estados Unidos. The Collection, la agencia de carros de lujo en Coral Gables, es el concesionario de autos que más Maseratis y Porsches vende en la nación. Los megayates proliferan en las marinas de nuestra riviera tropical y cada día abren sus puertas más tiendas de superlujo en Midtown , Brickell y Bal Harbour. Al que Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga.

Bienvenidos a la otra Florida, donde mi amiga Hilda vive en un efficiency en la Pequeña Habana con un retiro de menos de $18,000 al año y paga más de sus ingresos en impuestos que los que beben Krug en Bal Harbour. Hilda no toma champán pero se queja del costo de la leche y el pollo y de la ineficiencia del transporte público y el plan ocho de los que depende para subsistir.

La semana pasada, en su segundo discurso inaugural, el gobernador Rick Scott se enfocó en una misión económica, prometiendo convertir a la Florida en un líder global en la creación de empleos. En su discurso Scott mencionó las palabras “trabajos” e “impuestos” más que ningún otro gobernador en la nación. Es hora de enlazarlas en una sola frase porque el principal reto para el gobernador no es tanto crear nuevos empleos sino cerrar la brecha tributaria entre las dos Floridas.

Esta semana una estudio titulado “Quién Paga” realizado por ITEP, un grupo que se enfoca en políticas tributarias y económicas, concluye que la Florida es el segundo estado en la nación con la mayor brecha entre lo que pagan los ricos y los pobres en impuestos locales y estatales. No es que los impuestos aquí sean más altos que en otra parte, es que aquí los que menos ganan son los que más pagan proporcionalmente. Los que ingresan menos de $17,000 al año pagan casi un 13 por ciento en impuestos locales y estatales comparado con el 1.9 por ciento que pagan los que ganan un promedio de $2 millones al año, seis veces más.

Los impuestos en la Florida, sobre todo el impuesto sobre la venta del cual depende el estado para la mayor parte de sus ingresos, son fundamentalmente regresivos y recaen más sobre los pobres que sobre los ricos. Y al paso que vamos, eso no es sostenible.

No hay ningún apetito por establecer un impuesto estatal sobre los ingresos, que sería más justo pero que prohíbe la constitución. Tampoco se trata de establecer políticas a lo Robin Hood. La redistribución de la riqueza no es muy popular en el capitalismo, sobre todo aquí en la Florida donde tantos estamos curados de los espantos del socialismo.

Pero hay formas concretas y discretas de aliviar la carga tributaria de los que menos la pueden pagar. La más obvia es expandir el programa estatal de Medicaid con fondos federales para subsidiar el seguro médico para cerca de un millón de personas que no lo tienen. Hoy en día, los contribuyentes de la Florida pagamos cerca de $1,500 millones al año para cubrir los costos de atender a los que no tienen seguro en nuestros hospitales públicos.

También urge reformar el sistema de pensiones para empleados públicos; y ponerle un límite a lo que pagamos los contribuyentes por las generosas pensiones, garantizadas de por vida, a los jubilados del sector público que no existen en el sector privado.

Algunos economistas, como Daniel Altman de NYU, sugieren que la mejor forma de cerrar esa brecha tributaria es que paguemos impuestos sobre nuestra riqueza y no sobre nuestros ingresos. Es un debate que les dejo a los economistas.

Es un debate que también deberían iniciar nuestros legisladores estatales y sobre todo la Comisión Estatal de Reforma Tributaria que se reúne solo una vez cada 20 años. Dadas las circunstancias debería estar sesionando 24/7.

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