Bernadette Pardo

La confusión demócrata

Una simpatizante demócrata participa el 29 de julio en un acto de campaña con Hillary Clinton y Tim Kaine en la Universidad Temple, en Filadelfia.
Una simpatizante demócrata participa el 29 de julio en un acto de campaña con Hillary Clinton y Tim Kaine en la Universidad Temple, en Filadelfia. Getty Images

A los demócratas siempre les ha gustado coquetear con el caos y la convención que acaba de concluir en Filadelfia no fue una excepción.

Al principio hubo mucho ruido y una que otra nuez. El clamor insistente de los simpatizantes a muerte de Bernie Sanders no dejó hablar a muchos de los oradores iniciales. Esa primera noche solo la magistral y humana intervención de Michelle Obama logró acallar a los agraviados. Ni siquiera Donald Trump se atrevió a tuitear durante el discurso de Michelle. Con suprema elegancia, la Primera Dama nos dio una lección de lo que es tener clase al no referirse en absoluto al tan cacareado plagio de su último discurso durante la convención republicana.

Pero Michelle Obama sí mencionó indirectamente el lema del candidato presidencial republicano: “Hagamos a Estados Unidos Grande de Nuevo”. Michelle exhortó a todos: “no dejen que nadie les diga que este país no es grande, que de alguna forma tenemos que hacerlo grande de nuevo, porque éste ahora mismo es el país más grande de la Tierra”.

Ese manifiesto patriotismo me suena muy familiar, como algo que he escuchado antes en muchas convenciones republicanas.

Lorenzo Palomares, el vocero hispano de la campaña de Trump, nos dice que la convención demócrata en Filadelfia fue una copia de la republicana de Cleveland. Cita como ejemplo la decisión de que fuera Chelsea, la hija de los Clinton, la que presentara a su madre en su noche cumbre luego de la radiante presentación hecha por Ivanka Trump a su padre.

Pero los demócratas han copiado mucho más, sobre todo el tono optimista y soñador que proyectó de manera inolvidable Ronald Reagan en su famoso discurso “Morning in America”. El discurso del presidente Barack Obama en el tercer día de la convención fue puro Reagan. Obama proclamo: “Los Estados Unidos que yo conozco están llenos de valor, optimismo e ingenio. Los Estados Unidos que yo conozco son decentes y generosos”.

Según el periodista Jonathan Last de la revista neoconservadora The Weekly Standard, “Obama critico a Trump y elogió a Estados Unidos en términos que habrían sido totalmente normales en cualquier convención republicana antes del 2016”.

Y es ahí, más allá del caos de los fanáticos de Bernie, donde radica la confusión al ver esta convención demócrata. Parece que los papeles se han invertido.

Palomares insiste en que la visión más oscura y pesimista presentada por su candidato Trump es la correcta. Y tiene parte de la razón. En los años 80 el 70% de los estadounidenses encuestados por Gallup pensaba que éste era un país maravilloso. En el 2016 solo el 17% piensa igual. Hoy en día el sueño americano que es ser propietario de una casa va en reversa. El número de propietarios está al nivel más bajo en los últimos 50 años

Según algunos, la visión de un candidato ya no importa. Palomares nos dijo que “Barack Obama no fue elegido por su carácter sino porque es negro y un buen orador, y porque generó un movimiento de masas”. La prolongación inevitable de esa forma de pensar nos lleva a la frase que escuché de una mujer hispana entrevistada por la periodista Jenny Padura de Noticias 23. Al explicar sus motivos para votar por Trump, la entrevistada dijo: “No debemos votar por un negro o por una mujer sino por un americano de verdad que es el único que nos va a representar a todos”. Esa teoría de quien debe mandar en la cuna de la democracia moderna me dejó patidifusa y triste.

Lo cierto es que, en la opinión de casi todo el electorado encuestado hasta la saciedad, ambos candidatos a la presidencia distan mucho de ser los ideales. Ese es el resultado de la disfuncionalidad de ambos partidos que al no presentar claramente nuevas ideas y al no trabajar en nada tangible para el pueblo a la deriva. han permitido que los cantos de sirena y los extremistas descontentos lleven la voz cantante.

En noviembre tendremos que tomar una decisión, no entre el peor de dos males, sino sobre quiénes somos, dónde estamos y dónde queremos estar.

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