Daniel Morcate

El ‘nuevo’ Trump: el candidato intenta ganarse a los hispanos

El candidato presidencial republicano, Donald Trump, asiste a un servicio religioso en Detroit, el sábado pasado. Trump está intentando ganarse a las minorías.
El candidato presidencial republicano, Donald Trump, asiste a un servicio religioso en Detroit, el sábado pasado. Trump está intentando ganarse a las minorías. AP

Es evidente que Donald Trump y sus asesores dan por tontos a los votantes. Solo así se explica que, luego de más de un año de ofender o ignorar a las comunidades hispana y afroamericana, ahora el candidato presidencial republicano intente cortejarlas. Y de manera burda. Sus tardías maniobras entre latinos y afroamericanos son de la misma cínica especie de su renuencia a concretar programas de gobierno y a divulgar su hoja clínica o su historial de impuestos. Todas estas actitudes suyas presuponen que los electores son tan ignorantes, emotivos y casquivanos que no le exigirán que sea sincero y consecuente o que ofrezca detalles sobre su pasado y sobre sus planes de gobierno. Solo el ocho de noviembre sabremos con certeza si su desdén por los votantes estaba justificado.


En el caso concreto de los hispanos, Trump se paseó con éxito por las elecciones primarias insultándolos y despreciándolos. No hizo campaña ni un solo día en comunidades predominantemente hispanas. Ofendió reiteradamente a los inmigrantes mexicanos y al gobierno de su país de origen. Se negó y se niega aún a conceder entrevistas a medios hispanohablantes. Vetó a periodistas hispanos, habiendo llegado al extremo de prohibirles el ingreso o expulsarlos de sus actos de campaña. Pero, de repente, sus nuevos asesores lo han convencido de que necesita cultivar a los latinos para ganarle a Hillary Clinton, dato que corroboran diversas encuestas.

Fue así como, hace un par de semanas, Trump convocó a un grupo de activistas y empresarios hispanos a Nueva York para decirles que no es lo que parece, un analfabeto político y un racista impresentable. “Vi a un nuevo Trump”, proclamó entonces uno de los asistentes. Sus asesores también lo convencieron de que se diera un breve salto por México, aprovechando el salvavidas que le tiraba el inepto presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, quien lo invitó principalmente para desviar la atención de los escándalos y problemas que les ha causado a los mexicanos. Y es así como ahora sus propagandistas nos sugieren que “pronto” dará más acceso a los periodistas hispanos.


La actitud cínica y oportunista de Trump representa exactamente lo contrario de lo que deberían hacer el Partido Republicano y sus candidatos para ganarse el respeto de miembros de minorías étnicas, algo que resultará crucial para que puedan recuperar la Casa Blanca. Una estrategia sensible y visionaria para conquistar a las minorías sería apoyar el fortalecimiento de la ley federal de derechos de votantes, no su debilitamiento; eliminar las medidas estatales que dificultan la participación electoral; mejorar Obamacare, no erradicarlo o, por lo menos, presentar una alternativa mejor que ofrezca un plan de salud a millones de norteamericanos de escasos recursos, muchos de los cuales son miembros de minorías; aumentar el salario mínimo federal; combatir el maltrato policial y la impunidad de sus protagonistas; sacar de las sombras a millones de indocumentados, no perseguirlos, encarcelarlos y deportarlos; reunificar familias inmigrantes dolorosamente separadas por las detenciones y deportaciones; y trabajar o por lo menos escuchar las sugerencias que hacen organizaciones cívicas con una probada trayectoria en representación de las minorías, como la NAACP, La Raza y Naleo, entre otras. Hoy en día Trump y el Partido Republicano entero suelen esquivarlas y las consideran enemigas políticas.

Se me dirá que, de adoptar estos correctivos, los republicanos acabarían pareciéndose demasiado a sus rivales demócratas y traicionarían algunos de los principios conservadores que profesan. Podría ser. Pero a estas alturas de nuestro proceso político se ha hecho demasiado evidente que el GOP no podrá contar con el apoyo que necesita de las minorías meramente predicando las supuestas bondades del conservadurismo, evocando a pilares históricos como el gran emancipador, Abraham Lincoln, o apelando a dudosos lugares comunes como el de que “los hispanos siempre han sido republicanos aunque no lo sepan”. En lugar de ello, el GOP deberá esforzarse por comprender mejor las realidades que viven las minorías, sus inquietudes y necesidades y responder en consecuencia, aunque su respuesta implique notables cambios de ideas y estrategias políticas. De lo contrario seguirá dependiendo de demagogos irresponsables que solo serán capaces de vender paranoia, división y odio.

Periodista cubano.

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