Daniel Morcate

José Fernández: un héroe que se va

El pelotero cubano José Fernández, de los Miami Marlins, en un partido contra los Bravos de Atlanta el pasado 14 de septiembre. Fernández perdió la vida en un accidente marítimo en la madrugada del domingo.
El pelotero cubano José Fernández, de los Miami Marlins, en un partido contra los Bravos de Atlanta el pasado 14 de septiembre. Fernández perdió la vida en un accidente marítimo en la madrugada del domingo. Getty Images

Tenía los rasgos que definen al héroe de verdad. Era inteligente, audaz, alegre, campechano. Y sobresalía en su gremio ferozmente competitivo. Pero murió demasiado pronto luego de deslumbrarnos a quienes somos aficionados de bandera del béisbol y, sobre todo, a los que, de entre ellos, somos cubanos. Su corta vida estuvo tan llena de propósito que creo sinceramente que su muerte prematura también lo tuvo. Murió de manera trágica, con apenas 24 años y un brillante futuro por delante, para que todos los que le conocimos y le vimos jugar pelota supiéramos valorar mejor no solo ese deporte entrañable sino la vida misma. La muerte de los grandes, sea en el terreno que sea, siempre encierra la misma lección: por insignificantes que nos parezcan, nuestras vidas tienen valor, cuando no para otros, por lo menos para nosotros mismos. Deberíamos vivirlas en consecuencia.

José Fernández estaba hecho de la materia con que se hacen los héroes, una especie que a veces nos parece que está en extinción, pero solo porque buscamos en el lugar equivocado. En la guerra, por ejemplo. O en la política, la cual ya se sabe que es la guerra por otros medios, como advirtiera Clausewitz. Casi todo en su corta biografía apunta a su heroísmo. Cuatro veces intentó fugarse de la isla cárcel de Cuba cuando era apenas un adolescente. Por ello sufrió prisión. En la cuarta intentona por fin lo logró. Pero no sin que antes tuviera que lanzarse al mar a rescatar a alguien que se había caído por la borda. Resultó ser su propia madre. Le salvó la vida a la mujer que se la dio. Una embarcación recogió a los virtuales náufragos y los transportó a México. Cruzó la frontera por Texas, como hacen miles de migrantes cada año. Así comenzaba para él, a los 15 años, su sueño americano que, más que un sueño, era una obsesión.

Cuenta su familia que, desde pequeño, José anhelaba jugar en las Grandes Ligas. Y nada le ilusionaba tanto como la perspectiva de destacarse en ella como lanzador, la posición más difícil en el béisbol de las mayores, donde los mejores bateadores del mundo suelen hacer trizas los records de los pitchers. Pero con José no lo lograron en sus tres años de carrera, aunque como todo lanzador tuvo sus días malos. Fue Novato del Año en 2013. Implantó la marca de más juegos consecutivos ganados en casa en toda la historia de las mayores: 27. Y luego de sobrevivir a la azarosa operación de Tommy John, regresó más fuerte que nunca. Este año tuvo su mejor temporada, con una foja de 16 victorias y apenas 8 derrotas, pese a tener en el campo un equipo entre mediocre y maldito. Con uno mejor hubiera alcanzado fácilmente la anhelada marca de 20 victorias.

A pesar de que vi casi todos los partidos en que lanzó José, nunca lo vi lanzar en el estadio. Prefería hacerlo por televisión donde el espectáculo que ofrecía era más disfrutable: las cámaras permitían captar bien la elegancia de sus movimientos en el montículo, la pasión con que hacía cada lanzamiento, el entusiasmo con que bateaba, la alegría de niño travieso con que trataba a sus compañeros en el dugout y la sencillez con que respondía al público que lo aclamaba, especialmente a niños en los que veía su propio retrato hace unos años, cuando en su nativa Santa Clara soñaba con llegar a ser lo que en efecto fue: una leyenda del béisbol. Luego de cada partido en que lanzaba, ganase o perdiese, José firmaba autógrafos de admiradores incluso en el estacionamiento del Marlins Park.

Cuando muere un familiar o amigo querido inevitablemente sentimos que algo en nosotros ha muerto también. Esa es la sensación que en esta comunidad hoy tenemos incluso muchos que solo conocimos a José por la tele, la radio o el periódico. Pero cuando el justo pesar por su muerte prematura dé paso a la reflexión y los recuerdos, podremos verle como un símbolo de lo más preciado que tiene el hombre: la libertad. A toda costa la buscó para realizar su sueño. Y esa es la esencia misma del heroísmo.

Periodista cubano.

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