Daniel Morcate

Garganta profunda

El candidato republicano Donald Trump llega el martes a un acto de su campaña en Prescott Valley, Arizona. El New York Times dijo que es posible que Trump no haya pagado impuestos federales desde hace casi 20 años.
El candidato republicano Donald Trump llega el martes a un acto de su campaña en Prescott Valley, Arizona. El New York Times dijo que es posible que Trump no haya pagado impuestos federales desde hace casi 20 años. AP

Almas piadosas y audaces nos han hecho el arriesgado favor de despejarnos el secreto de por qué Donald Trump se niega a divulgar sus declaraciones de impuestos sobre los ingresos. ¡Al parecer, el hombre no los paga desde hace 18 años! Pónganse los amigos lectores en su lugar, imagínense que han dejado de pagar impuestos durante casi dos décadas y estoy seguro que, en su elucubración, aparecerán sus rostros tras severos barrotes. A la cárcel es a donde iríamos a parar si tuviéramos la osadía o el descaro que ha tenido el magnate neoyorquino para ignorar la obligación anual de la inmensa mayoría de los norteamericanos. Por si hiciera falta, la revelación demuestra la falacia en que se ha convertido la famosa sentencia del Padre de la Patria Benjamín Franklin de que solo dos cosas son ciertas en esta vida, la muerte y los impuestos. En realidad ya solo queda una. Y si nuestros potentados más descarriados pudieran manipular las leyes de la vida como manipulan las de los impuestos, ya habrían logrado evitar a la pelona.

Dean Baquet, editor ejecutivo del New York Times, había prometido hace unas semanas que estaría dispuesto a ir a la cárcel con tal de publicar las declaraciones de impuestos de Trump. Ahora Baquet corre el riesgo de tener que cumplir su temeraria promesa. La ley federal prohíbe incluso a los empleados del Servicio de Rentas Internas divulgar documentos impositivos de las personas. Pero tanto Baquet como otros directivos y periodistas del Times tuvieron una intuición acertada cuando concluyeron que valía la pena ir a chirona con tal de hacer pública una información clave para los norteamericanos que en noviembre decidiremos a quién vamos a elegir presidente. Con ellos y con su informante, quien permanece anónimo, hemos contraído una enorme deuda de gratitud. Brindemos por ese o esa garganta profunda.

Además de demostrar que es posible que Trump no haya pagado impuestos sobre los ingresos durante casi dos décadas, los documentos obtenidos por el Times revelan que en 1995 declaró pérdidas de casi $916 millones, lo que pone en entredicho su principal argumento de campaña de que es un avezado hombre de negocios que también haría prosperar al país. Las pérdidas ocurrieron porque el empresario administró mal tres casinos en Atlantic City, Nueva Jersey, incursionó desastrosamente en el negocio de las aerolíneas y compró a destiempo el Hotel Plaza de Manhattan, según el Times. Desde entonces habría invocado tales pérdidas para esquivar el pago de impuestos sobre sus ingresos, aprovechando lagunas en las leyes que billonarios como él han hecho aprobar a políticos vendidos.

Trump, sus asesores y sus apologistas han reaccionado a la denuncia con desfachatez. Como al parecer no pueden negar los hechos, han querido presentarlos como otro ejemplo de su supuesta “brillantez” para los negocios. “El hombre es un genio”, dijo sin sonrojarse Rudolph Giuliani a la cadena CNN. “Sabe usar el código de impuestos para las personas a las que sirve”, agregó el exalcalde de Nueva York, quien durante esta campaña ha degenerado en una patética caricatura de sí mismo. Algo similar sostuvo el ditirámbico gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie. Mientras tanto, el candidato tramposo eludió referirse a su astronómico impago y prefirió jactarse en Twitter de su capacidad para “manejar nuestras complejas leyes de impuestos”.

La verdad es que los documentos publicados demuestran más allá de cualquier duda razonable lo que venían advirtiendo rivales de Trump desde las elecciones primarias: que en ocasiones el personaje ha quebrado negocios, dejando a socios y empleados en la estacada; que ha salido impune de todos los desastres y turbios manejos, a diferencia de lo que le habría sucedido al norteamericano promedio; y que eventualmente se ha repuesto económicamente aprovechando lagunas en las leyes, las cuales existen precisamente para beneficio de vivales que creen hallarse por encima de nuestros principios, normas y valores.

Si acaso necesitáramos prueba adicional de por qué en este país los ricos lo son cada vez más mientras que al resto cada vez le toca menos del pastel, el caso Trump es un buen botón de muestra. Por la nueva y oportuna lección estamos en deuda con el garganta profunda del NYT.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

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