Daniel Morcate

Trump, el depredador

La campaña presidencial que padecemos es tan baja y primitiva que resulta difícil decir si ya tocó fondo con la divulgación de grabaciones vulgares de Donald Trump. Esas grabaciones no deberían sorprendernos. El tipo es un patán de la peor calaña. Y era de esperarse que, a lo largo de su vida, dijera e hiciera a las mujeres las cosas de las que se jacta en ellas. Las señales de que Trump es así e incluso peor abundan desde el arranque de la contienda. Ha hecho de los insultos personales el emblema de su campaña. Se ha informado ampliamente de sus nexos con figuras del bajo mundo. Se ha revelado que quebró negocios al son de casi mil millones de dólares y que no ha pagado impuestos sobre los ingresos durante 18 años. Se ha documentado su hipocresía sobre el empleo de inmigrantes y el traslado de empresas al extranjero. Pero aun así millones de norteamericanos han decidido no darle importancia a su bajeza, doblez e ineptitud para el cargo al que aspira. Lo hicieron candidato del Partido Republicano a la presidencia, prefiriéndolo a media docena de rivales decentes y mejor calificados. Lo convirtieron en jefe virtual de ese partido. Y de salirse con la suya, lo llevarían a la Casa Blanca, demostrando así que Trump es apenas un síntoma de un problema político y moral mucho más profundo y peligroso en la nación.

A cualquier otro aspirante a la Casa Blanca se le habría descarrilado la campaña de haber hecho o dicho la décima parte de las monstruosidades que ha hecho y dicho el magnate neoyorquino antes y durante esta campaña. En las grabaciones recién divulgadas, un Trump a la sazón de 60 años de edad no solo elogia el asalto sexual a las mujeres sino que admite haberlo cometido. Pero los true believers que lo siguen ya se han dispuesto a pasar la página. Aunque ha descendido en las encuestas nacionales, éstas aún reflejan que millones de norteamericanos continúan inclinados a votar por él en noviembre. Sus alabarderos pagados y apologistas voluntarios siguen haciendo la ronda de presentaciones en la radio y la televisión como si el personaje fuera un candidato normal que tiene en mente el bienestar de los norteamericanos. El propio Trump resumió el trastorno sicológico y emocional que anima a muchos de sus partidarios cuando advirtió que le son tan fieles, que lo seguirían apoyando incluso si matase a balazos a personas inocentes en las calles de Manhattan. No lo dudemos por un minuto.

Es tanta la impedimenta que ha acumulado Trump que no podemos afirmar que ya no habrá otras revelaciones comprometedores en lo que resta de campaña. Al contrario. Se dice que hay decenas de grabaciones más que ponen de relieve su procacidad y villanía. Más de una veintena de personalidades de su partido se sumaron en estos días a los que previamente se habían distanciado del candidato réprobo y advertido que no votarían por él. Pero muchos continúan apoyándolo o guardando silencio, comprometiendo así las posibilidades electorales y el futuro mismo del partido. Trump es una figura tan tóxica que es casi seguro que perjudique al GOP en noviembre y otras elecciones futuras, a menos que los notables del partido lo repudien sin medias tintas.

En lugar de ello, lo que hemos escuchado mayormente ha sido el discurso taimado de figuras como Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, quien se vende como la conciencia política y moral del Partido Republicano. Ryan “condenó” los comentarios soeces de Trump y canceló un acto público con él; pero tuvo los bemoles de exhortarlo a que “muestre mayor respeto por las mujeres”. Y ahí dejó el asunto. Como si todavía pudiera esperarse respeto de un candidato que ha erigido su campaña sobre los insultos a los mexicoamericanos, los estereotipos sobre los judíos, las amenazas a los musulmanes y las ofensas a mujeres como su ex rival republicana Carly Fiorina, las periodistas Megyn Kelly y Ariana Huffington, la comediante Rosie O’Donnell y la actriz Alicia Machado. Solo un repudio inequívoco al depredador que los votantes han seleccionado como su candidato presidencial salvaría al GOP del abismo.

Periodista cubano.

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