Daniel Morcate

No a la enmienda orwelliana

Si el engaño al público incauto fuera delito, los autores y promotores de la Enmienda 1 irían a la cárcel. La diseñaron expresamente para hacernos creer a los electores que, de votar sí, estaríamos protegiendo un derecho constitucional, la diversidad energética y nuestros bolsillos. Pero su efecto sería en realidad lo contrario, es decir, si votáramos sí a lo que plantea esa enmienda falaz, socavaríamos la diversidad en el servicio de energía y favoreceríamos a los monopolios del giro en nuestro estado, que es lo mismo que continuar vaciando nuestros bolsillos para que ellos se forren de dinero. Me explico.

La Enmienda 1 arranca prometiéndonos a los consumidores floridanos “el derecho constitucional a poseer o arrendar un equipo solar instalado en (nuestra) propiedad para la generación de (nuestra) propia electricidad”. El problema con esa promesa es que la constitución estatal YA nos garantiza ese derecho. ¿Por qué entonces sacarlo a colación en la propuesta? Porque su verdadera intención es siniestra y quienes la hicieron querían engatusarnos con un lenguaje primoroso. Más adelante en la propuesta aparece la trampa alevosa. “El gobierno estatal y el gobierno local”, dice, “mantienen la potestad de proteger los derechos de los consumidores y la salud pública, la seguridad y el bienestar, y garantizan que los consumidores que no deseen la instalación solar no deban subsidiar los costos de la electricidad de reserva ni el acceso a la red de suministro eléctrico de quienes sí lo hacen”.

El lenguaje sibilino de la segunda parte de la propuesta tiene como verdadero objetivo facilitar el que los gobiernos del estado, los condados y los municipios puedan multar a pequeñas empresas y empresarios que osen competir con los monopolios que en la actualidad nos suministran energía a los floridanos a un costo exorbitante. Esos monopolios son, concretamente, la Florida Power and Light, Duke Energy, Tampa Electric Company, Gulf Power y otras empresas en las que tienen acciones billonarios a quienes les gustaría comprar al país entero, como los tristemente célebres hermanos Koch. Estimuladas por las críticas a los tipos de energía que hoy utilizan, estas compañías monopolísticas están invirtiendo grandes sumas en el desarrollo de energía solar. Y quieren evitar a toda costa la competencia de pequeños comerciantes que puedan proveernos esa energía a menor costo.

Los monopolios energéticos tienen tanto en juego que han gastado casi $22 millones en promover la Enmienda 1. Activistas cívicos y ambientalistas se han opuesto a ella con firmeza y hasta retaron en corte su lenguaje tramposo. Pero la Corte Suprema de la Florida lo aprobó 4 a 3, no sin que antes la jueza disidente, Barbara Pariente, nos advirtiera: “Que tengan cuidado los consumidores de energía solar. Disfrazada de iniciativa pro energía solar, esta propuesta… apoyada por compañías de energía eléctrica propiedad de grandes inversores, en realidad busca darle rango constitucional al status quo”.

Pero el fraude quedó al descubierto cuando este diario hizo pública una grabación en la que de él se jactaba un alabardero de los monopolios, Sal Nuzzo. La grabación se hizo el pasado dos de octubre. Y en ella Nuzzo dice a ejecutivos de la energía reunidos en Nashville, Tennessee, que la Enmienda 1 no es más que “jiu-jitsu político”, en referencia al arte marcial japonés en el que el combatiente no usa armas o solo emplea armas muy pequeñas. El objetivo, sugiere Nuzzo, es “usar el lenguaje de la promoción de energía solar” para confundir a los votantes.

Por eso, ahora que ya está en marcha la votación adelantada y cuando apenas faltan días para el ocho de noviembre, nuestra obligación como votantes debería ser rechazar de plano la Enmienda 1. Sus promotores se han aprovechado sin escrúpulos de la creciente popularidad de la energía solar en nuestro estado para redactarla con un lenguaje orwelliano que en la práctica haría lo contrario de lo que ofrece en teoría. Es la más reciente de una serie de estrategias sinuosas que han empleado los monopolios energéticos para frenar el desarrollo de la energía solar en el estado donde más brilla el sol; y para evitar que los consumidores podamos adquirirla a precios que no desfonden nuestros bolsillos.

Periodista cubano.

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