Daniel Morcate

Haciendo a Rusia grande otra vez

La eventual presidencia de Donald Trump llevará al poder a la industria petrolera como no había sucedido en el país desde que fue electo presidente uno de sus puntales, George H. W. Bush, en 1989. Y eso augura un verdadero desastre para Estados Unidos, sus residentes actuales y futuros y el planeta. El presidente electo ha rodeado a su equipo de transición de barones del petróleo y sus representantes, quienes le asesoran en política nacional e internacional. Y nombró a Rex Tillerson, principal ejecutivo de la Exxon Mobil, como su secretario de Estado. Es algo así como colocar a los payasos al frente del circo, aunque en este caso el cometido de los payasos no será hacernos reír sino lo contrario. El ascenso de la industria petrolera será una doble amenaza para nuestro medio ambiente y para nuestra democracia.

La primera consecuencia nefasta de este ascenso será frustrar las investigaciones que realizan las fiscalías en Nueva York y otros estados de las petroleras y, especialmente, de Exxon Mobil. Las investigaciones buscan establecer cuándo comenzaron a encubrir el serio problema del calentamiento global y mentir al público y a sus accionistas sobre las conclusiones que habían sacado sus propios científicos durante años de trabajo. Ambientalistas e investigadores públicos y privados creen que las petroleras, encabezadas por la Exxon Mobil, han conspirado desde mediados de los 1980 para desinformar sobre el fenómeno alarmante del calentamiento de la tierra por la extracción de combustible procedente de fósiles de carbón. La conspiración es similar a la que realizaron las tabacaleras durante décadas hasta que se las descubrió, procesó y multó en miles de millones que aún pagan al gobierno y a víctimas que contrajeron cáncer y otras enfermedades mortales.

Las compañías de tabaco se confabularon para amasar fortunas mientras engañaban al público sobre los efectos nocivos de fumar. De la misma manera las petroleras hoy ganan billones sembrando dudas sobre los efectos nocivos del calentamiento global. Los científicos que estudian el fenómeno hace tiempo que llegaron a un consenso sobre tales efectos. Pero políticos republicanos han suscrito las dudas porque así se lo exigen los barones del petróleo que subvencionan sus campañas. Les importa más la gratificación instantánea del ejercicio del poder político que proteger a sus propios hijos y nietos de la vulnerabilidad de nuestro medio ambiente, la proliferación de huracanes, lluvias inclementes, inundaciones, el deshielo y el desborde de los ríos, entre otros desastres ambientales.

El avance de Exxon Mobil y su líder, Tillerson, también amenaza con fortalecer el neoimperialismo voraz y sanguinario de Vladimir Putin en detrimento de los intereses geopolíticos de Estados Unidos y sus aliados europeos. Tillerson es un estrecho colaborador de negocios de Putin, quien lo condecoró con la Orden de la Amistad en 2013. Cuando llegue al Departamento de Estado, si por fin lo confirma el Senado –como es probable– promoverá el levantamiento de las sanciones norteamericanas impuestas de manera gradual a Moscú como respuesta a la voracidad imperialista del autócrata ruso en Ucrania, Crimea, Chechenia y Siria. El levantamiento de esas sanciones liberaría la friolera de $500 mil millones en negocios de la Exxon Mobil en Rusia, los cuales actualmente se hallan bloqueados por las sanciones. También facilitaría la exploración petrolera en más de 63 millones de acres que la Exxon Mobil arrendó en Rusia, cinco veces más de los que posee en Estados Unidos. Putin y sus cleptócratas a su vez recibirán miles de millones pues gran parte de los dividendos de las operaciones petroleras en su país van directamente al Kremlin. Juéguesela al canelo que esta fue una consideración fundamental de Putin cuando ayudó a Donald Trump a conquistar la presidencia.

La inteligencia norteamericana maneja bien estas crudas realidades. También legisladores demócratas y republicanos. Pero los plutócratas que subirán al poder con Trump les están torciendo los brazos para que cesen de hacer ruido y las pasen por alto. Las presiones han aumentado principalmente sobre senadores republicanos como Marco Rubio, quien apenas hace unos días criticó la nominación de Tillerson. Nuestros plutócratas exigen cerrar fila con sus viejos aliados, los cleptócratas rusos. Juntos planean hacer a Rusia grande otra vez. Y en esa movida se llevarán una gigantesca tajada.

Periodista cubano.

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