Daniel Morcate

¿Peligran Radio y TV Martí?

Hace unos días, Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, le dijo al Congreso que el gobierno del presidente Obama no piensa eliminar las transmisiones de Radio y TV Martí. Lo que entonces no dijo Jacobson a los legisladores es que su gobierno planea “desfederalizar” los Martí, idea que abarca una amplia gama de posibilidades que incluyen la privatización. Jacobson, evidentemente, se había preparado para responder con una evasiva la pregunta sobre los planes de Obama en relación con los Martí. Pero lo que en realidad debería hacer el gobierno es exponer con transparencia esos planes. Al igual que el resto de las estaciones federales, los Martí pueden y deben mejorar la calidad de sus transmisiones. Estas, sin embargo, son la única vía confiable que tienen los cubanos de la isla para recibir información oportuna sobre los esfuerzos internos que se realizan para apuntalar una sociedad civil, defender los derechos humanos, entender la crítica situación económica de Cuba; y para informarse de los problemas internos de la dictadura, además de muchas otras noticias nacionales e internacionales.

La propuesta de desfederalizar los Martí forma parte del plan presupuestario de la Casa Blanca para 2016. Concretamente pide autoridad para que la Junta de Gobernadores de las Transmisiones Gubernamentales supervise partidas de dinero que se otorgarían a un “garante independiente” con el objetivo de llevar a cabo transmisiones a Latinoamérica. Los Martí caerían dentro de ese esquema general. La desfederalización supuestamente busca hacer más eficientes las transmisiones al extranjero de tal modo que éstas puedan hacer mejor la crítica de sociedades sometidas al despotismo y la corrupción y, a la vez, explicar mejor la cultura democrática por la que se rige Estados Unidos.

Lamentablemente, la falta de transparencia con que el gobierno promueve la desfederalización alimenta las suspicacias sobre sus objetivos. Una preocupación comprensible es que la Casa Blanca esté usando este expediente para complacer al régimen de los hermanos Castro, el cual exige el cierre de los Martí como parte del proceso para normalizar relaciones con EEUU. El propio Raúl Castro hizo pública esta exigencia –junto con la del cese del embargo y la devolución de la Base Naval de Guantánamo– durante la cumbre de CELAC efectuada en Costa Rica en enero. La expuso en un discurso leído durante el cual él mismo se aplaudió con entusiasmo. Precisamente le pregunté a la Casa Blanca si la propuesta de desfederalización se relaciona de alguna forma con la exigencia castrista. Me remitió al Departamento de Estado, cuya respuesta aún aguardo.

Legisladores de la Florida, especialmente los cubanoamericanos, han luchado a brazo partido durante décadas para defender a los Martí de sus numerosos enemigos nacionales y extranjeros. Hoy, comprensiblemente, miran con preocupación las maniobras de la Casa Blanca en relación a la Office of Cuba Broadcasting, la cual rige a los Martí. “Los Martí existen para ofrecer información sin cortapisas debido al absoluto control y censura que el régimen de los Castro ejerce sobre sus medios estatales”, me dijo la representante Ileana Ros-Lehtinen. Y subrayó: “Su misión es importante para el pueblo de Cuba y me opongo a cualesquiera esfuerzos del presidente Obama para privatizarlos”.

Radio Martí históricamente ha burlado la férrea censura castrista. La Habana tradicionalmente había interferido con éxito la señal de TV Martí. Pero ahora sus programas se transmiten por Hispasat satellite TV y TV Direct, lo cual les permite entrar a zonas de Cuba y a buena parte de Latinoamérica. Miles de DVDs con programas de TV Martí circulan además por la isla, donde cientos de opositores distribuyen los programas de ambas estaciones con memorias portátiles. Esta valiosa labor de difusión de informaciones y análisis sin censura equivale a la que hicieran durante décadas Radio Free Europe, Radio Liberty y Voice of America en la URSS y Europa del Este, a cuya descomunización contribuyeron. El celo con que el régimen los combate es la mejor prueba del valor de los Martí. De continuar con vida, recibirán algún día el reconocimiento que han recibido sus estaciones hermanas. La Casa Blanca y el Congreso tienen la responsabilidad de preservarlos hasta que se cumpla el cometido para el que se fundaron.

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