Daniel Morcate

Una puñalada trapera del presidente Obama

Emigrantes cubanos esperan en el exterior de una oficina de inmigración en el estado mexicano de Chiapas, el lunes pasado. El fin de la norma de pies secos/pies mojados ha dejado a miles de cubanos varados en otros países.
Emigrantes cubanos esperan en el exterior de una oficina de inmigración en el estado mexicano de Chiapas, el lunes pasado. El fin de la norma de pies secos/pies mojados ha dejado a miles de cubanos varados en otros países. AFP/Getty Images

Faltaban días para que concluyera su mandato cuando el presidente Obama les dio la última puñalada trapera a los cubanos. Una de varias. Invalidó la ya de por sí inmoral e injusta política de “pies secos, pies mojados”, reduciendo las posibilidades de vivir con libertad y dignidad de muchos compatriotas. Abundan los argumentos de su gobierno y otros participantes en el debate a favor de la malhadada decisión. Pero ninguno vale una perra gorda; o un bolívar para hablar en plata contemporánea. Los mismos que dicen que la medida frenará un éxodo peligroso han ignorado todas las propuestas para facilitar la salida organizada de cubanos que desean vivir en libertad. Digan lo que digan los mentirosos, los resentidos y los inconsecuentes, la decisión condenará a un sinnúmero de inocentes a continuar padeciendo la dictadura más larga, embrutecedora y brutal que ha conocido nuestro hemisferio desde los tiempos coloniales, el único país en nuestra región donde existe el delito totalitario de “salida ilegal”; y condenará a miles más a vegetar en un limbo en terceros países que o bien no los quieren o bien carecen de las condiciones para garantizarles una vida decorosa.

Otro presidente demócrata, Bill Clinton, había adoptado “pies secos, pies mojados”, luego que la comunidad cubanoamericana se rebelara contra su previa decisión de interceptar en alta mar y deportar sumariamente a Cuba a todos los cubanos que huían como almas que se le escapaban al diablo en los 90. Los inconsecuentes aplaudieron entonces esa medida como “salomónica”. Pero nadie llevó la cuenta de los sufrimientos e injusticias que padecieron aquellos cubanos categorizados como de “pies mojados” a los que devolvieron al infierno totalitario. Ni el gobierno de Clinton ni ninguno de los que le sucedieron cumplió la promesa, proclamada a los cuatro vientos, de garantizar que esas personas no sufrieran represalias. Algunos se pudrieron en cárceles castristas.

Con la anulación de “pies secos, pies mojados”, Obama fue consecuente con su idea de comprometer a enemigos de Estados Unidos mediante concesiones unilaterales; también con su condición de ser el presidente que más inmigrantes ha deportado en la historia de este país, condición que ha prometido disputarle Donald Trump. Quiso aliviar, además, el recelo de otras comunidades inmigrantes por la “preferencia” que recibían los fugitivos del castrismo, recelo que había aumentado ante el fracaso de una reforma migratoria que trate compasiva y visionariamente a los inmigrantes. Y de paso devolvió el golpe a los cubanoamericanos que en las recientes elecciones ayudaron a Trump a ganar el estado crucial de la Florida.

La mala fe de la decisión se nota en el cínico argumento de que los cubanos fugitivos que quieran permanecer en Estados Unidos ahora tendrán que demostrar que son perseguidos políticos. Pero vivir en una dictadura es, por definición, ser un perseguido político porque la dictadura conculca las libertades individuales y los derechos humanos de los ciudadanos. Incluso muchos represores y simpatizantes de la tiranía castrista también son sus víctimas. Por eso aprovechan la primera oportunidad para huir de ella. Especialmente cruel ha sido la decisión complementaria del presidente de suspender el programa que ayudaba a escapar a médicos, dentistas, farmacéuticos, enfermeros y veterinarios a los que régimen enviaba a trabajar en calidad de esclavos en terceros países, privándolos de documentos de viaje, vigilándonos y confiscándoles el 80 por ciento de sus sueldos.

Con la nueva política Estados Unidos abdica parcialmente de su responsabilidad histórica por haber ayudado a crear, mediante intentos de colonización, injerencia excesiva, apoyo a tiranías ideológicamente difusas y corrupción bananera, las condiciones que llevaron a Cuba al totalitarismo. El régimen castrista ha decidido correr el riesgo de cerrar una importante válvula de escape porque el frenético éxodo contradice la propaganda de la que se alimenta y le complica las relaciones con gobiernos de los que depende parasitariamente – en lo económico y lo político– como México, Canadá, Venezuela, Ecuador, Colombia, Nicaragua y Estados Unidos. Pero las víctimas serán los cubanos que de repente han visto cerrarse a cal y canto una de las pocas vías que tenían para aspirar a vivir con la dignidad, la libertad y las oportunidades que merece todo miembro de nuestra especie.

Periodista cubano.

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