Daniel Morcate

Inmunes a la realidad

Encuestas recientes sugieren que Donald Trump es el presidente norteamericano que se ha estrenado con la popularidad más baja desde que se realizan tales consultas, las cuales datan de la presidencia de Harry Truman. Pero de todos modos su popularidad aún sobrepasa el 40%. Y ese es más o menos el porcentaje de norteamericanos que votaron por él. En otras palabras, a pesar de sus constantes mentiras y las medidas desastrosas que ha tomado en sus primeros días de gobierno, preserva casi intacta su base de partidarios. ¿Cómo es posible? Muy fácil. Muchas personas se alejan más y más de la verdad y los hechos cuando la realidad amenaza sus creencias. Esa es la esencia del sectarismo y el fanatismo. Explica por qué todavía hay nazis. Y por qué algunos comunistas continúan reprimiendo en nombre de su ideología caduca mientras que aquellos que dejaron de serlo nunca se han disculpado por el sufrimiento que han causado a personas inocentes los regímenes que engendraron sus falsas creencias.

Trump ha vivido, vive y vivirá por y para la mentira y las teorías conspirativas. Le debe su popularidad como figura política al “birtherism”, el bulo de que Barack Obama no nació en Estados Unidos y por consiguiente no estaba constitucionalmente habilitado para ser presidente. Durante la contienda presidencial mintió a troche y moche sobre sus contrincantes y los temas a debate. Propagó, por ejemplo, el infundio de que el padre de Ted Cruz había participado en el asesinato de John F. Kennedy. Y sostuvo que el Departamento de Trabajo de Obama mentía al afirmar que la tasa de desempleo era de 4.7% cuando en realidad era “de más de 40%”. Como buen mentiroso patológico, ahora se saltó su patraña de hace apenas tres meses y reclamó el crédito porque el paro se mantiene en 4.8%. ¡En dos semanas hizo el milagro de recortarlo 40%! Pero su desapego a la verdad y los hechos no preocupa a sus partidarios. Muchos más bien lo comparten.

Son aquellos que durante años se han acostumbrado a la realidad alternativa, hecha de noticias falsas, insultos personales y teorías conspirativas que propagan medios ultraconservadores como la cadena Fox y Breibart y que proliferan en internet. En ese mundo orwelliano Hillary Clinton “asesinó” al abogado Vince Foster, Obama es musulmán, los indocumentados “se roban” nuestros trabajos y al mismo tiempo “viven del welfare”, las armas de fuego no matan, los judíos derribaron las Torres Gemelas y los musulmanes nos imponen la ley sharia. Es en ese mundo delirante donde ocurren los “hechos alternativos”, como la masacre de Bowling Green que el otro día se inventara la asistente del presidente, Kellyannee Conway, para justificar el desastroso veto migratorio que ordenó su ofuscado jefe. O como el fraude electoral que, según Trump, cometieron de “tres a cinco millones de ilegales”.

No es coincidencia que entre los votantes de Trump abundaran los blancos no hispanos sin educación universitaria. Mientras más ignorante es un true believer –alguien que se aferra a una mentira o teoría falsa– más fácil le resulta huir de los hechos. Y más vulnerable se vuelve a las manipulaciones de mitómanos como Trump. Los true believers desarrollan un intrincado mecanismo de protección de la verdad –“belief protecting toolbox” le llaman los sicólogos– que los hace aferrarse a las mentiras en las que creen, convirtiéndose en fanáticos al servicio de los prejuicios y fobias que les venden los mitómanos. Así surgen los caudillos y tiranos.

Los prejuicios colectivos, esos que comparten millones, son potencialmente catastróficos para cualquier país, incluso el más civilizado, porque alientan la autocracia. Además de una falla racional, los prejuicios son una enfermedad moral que se combate con una saludable dosis de información y educación. Los prejuicios y manipulaciones que llevaron a Trump a la presidencia se deben combatir con una terapia de choque informativo, como la que ya ensayan algunos medios. Pero ojo: las informaciones, los hechos y la verdad no bastarán para preservar nuestra convivencia civilizada. También será necesario fomentar entre todos los norteamericanos el pensamiento individual y crítico, la aceptación de la ambigüedad y las verdades relativas y el rechazo del sectarismo político.

Periodista cubano.

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