Daniel Morcate

Cubanos invisibles

Inmigrantes cubanos llegan a Ciudad Hidalgo, en México, en la frontera con Guatemala, en enero del 2016. Muchos cubanos todavía están varados en países latinoamericanos en su camino hacia Estados Unidos.
Inmigrantes cubanos llegan a Ciudad Hidalgo, en México, en la frontera con Guatemala, en enero del 2016. Muchos cubanos todavía están varados en países latinoamericanos en su camino hacia Estados Unidos. AP

Legisladores cubanoamericanos le pidieron a la Organización de Naciones Unidas que vele por que se cumplan las leyes internacionales en el caso de los cubanos que deambulan por Latinoamérica. Fue un gesto necesario y oportuno. Los cubanos en fuga se han convertido en punching bag de burócratas, funcionarios corruptos y contrabandistas ante la indiferencia de la opinión pública mundial. Los mismos gobiernos que toleran y alientan a la vieja tiranía que los ahuyenta de Cuba les dan un portazo en las narices. Algunos llevaban tiempo haciéndolo con disimulo. Ahora lo hacen de manera descarnada, siguiendo el mal ejemplo que les dio el presidente Obama cuando eliminó la política de bienvenida a los fugitivos del castrismo.

El cambio de gobierno en Estados Unidos no ha aliviado la política de rechazo a quienes huyen del castrismo. A decenas los están deportando a la isla cada mes. A quienes vienen a visitar familiares se les somete a complejos interrogatorios burocráticos y a menudo se les niega la entrada. Aquilino Caraballo y su esposa, Georgina Hernández, tuvieron la honestidad de confesar que deseaban quedarse en Estados Unidos, donde residen sus hijos, y pidieron asilo. Pero los arrestaron sin contemplaciones. Caraballo se encuentra en el centro de detenciones de Krome. Él y su esposa encaran un juicio que sentaría precedente para muchos cubanos. Haría falta un milagro legal para salvarles de la devolución al infierno que dejaron atrás.

Para justificar el rechazo a Caraballo, Hernández y otros cubanos como ellos, Washington finge que el régimen de la familia Castro no es lo que es: una implacable dictadura donde no solo se persigue y castiga a quienes disienten sino que también se conculcan todos los derechos humanos básicos. Es lo mismo que han fingido por décadas gobiernos latinoamericanos que se han negado a proteger a los cubanos en fuga. Vivir en una dictadura como la castrista es, por definición, vivir como un perseguido político. Por eso desde los tiempos del antiguo Egipto y la Grecia antigua se reconoce el derecho a reclamar asilo y protección de quienes padecen dictadura. Ese derecho está nítidamente plasmado hoy en el Artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el cual dice: “Todo el mundo tiene el derecho de buscar y disfrutar en otros países asilo de la persecución”. Estados Unidos y otras naciones que deportan cubanos, sin excepción, violan ese precepto de una Declaración de la que son signatarios.

José Antonio Blanco, director de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, advierte que en el juicio a Caraballo y Hernández no se está juzgando a dos personas “sino a un sistema”. Es el sistema que el pasado fin de semana arrestó a casi un centenar de Damas de Blanco y simpatizantes por repudiar al régimen y reclamar libertad en público. El mismo sistema que la semana pasada detuvo a José Daniel Ferrer y otros militantes de la pacífica Unión Patriótica Cubana, UNPACU, les allanó sus viviendas y les decomisó desde alimentos hasta computadoras y otros materiales para escribir y expresarse.

A la humillación que padecen los cubanos a manos del régimen castrista se suma ahora la que les infligen gobiernos y bandas de contrabandistas cuando huyen de Cuba. En estos días Honduras detuvo a casi 400 y no sabe qué hacer con ellos, pues Estados Unidos no los quiere. La policía mexicana liberó a 33 a quienes traficantes humanos mantenían en condiciones infrahumanas en Cancún. Ahora encaran la deportación a la isla. Y Panamá deportó a 25 como parte de un “memorando de entendimiento” con la dictadura cubana. ¿Cuántos de los funcionarios panameños que los devuelven al infierno descienden de otros panameños que alguna vez se refugiaran en Cuba o que fueron acogidos por el exilio cubano en Miami?

Los cubanos en fuga se han vuelto invisibles. La temporada de darles caza se ha hecho permanente. Pero es no solo posible sino necesario tenderles una mano. La Oficina del Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU puede y debe ayudar en este empeño, recordándoles a los gobiernos –incluyendo el norteamericano– su responsabilidad de respetar el derecho que tienen esos cubanos a refugiarse de la opresión.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

  Comentarios