Daniel Morcate

La salvación de Puerto Rico viene de Ucrania

Varios peatones caminan por la calle Fortaleza, en el Viejo San Juan. Puerto Rico sufre una aguda crisis económica de difícil solución.
Varios peatones caminan por la calle Fortaleza, en el Viejo San Juan. Puerto Rico sufre una aguda crisis económica de difícil solución. Bloomberg

Rincón – Durante el previo gobierno de Alejandro García Padilla, visité un central azucarero situado a pocos minutos de Rincón, en el oeste de Puerto Rico, para verificar las versiones de que reanudaría sus actividades luego de décadas de haber permanecido inactivo. Pero llegué tarde. El gobierno había contratado a expertos dominicanos, al son de millones de dólares, para que ayudaran a revivir el muerto de la producción azucarera puertorriqueña. Mas ni ellos ni nadie pudieron resucitar ese cadáver. El plan fracasó. Un guardia de seguridad amablemente me impidió franquear la entrada del ingenio clausurado –había que proteger maquinarias recién adquiridas– y me puso al corriente del fracaso. Regresé a casa habiendo concluido que la búsqueda de soluciones a la aguda crisis económica puertorriqueña había entrado en la fase de los milagros.

Y más o menos en esa misma fase permanece. La nueva solución milagrosa tiene nombre y apellido y viene de Ucrania. Se llama Natalie Jaresco, se graduó de contabilidad en la Universidad de DePaul y se le atribuye no sé qué prodigio para rescatar la otrora moribunda economía ucraniana, la cual manejó como ministra de finanzas incluso en tiempos de guerra con la Rusia de Vladimir Putin. Jaresco vivió y trabajó durante los últimos 25 años en la tierra natal de sus padres, quienes llegaron a EEUU como refugiados hace décadas. Ella nació y creció en Chicago. Y de ahí, asegura, le viene el amor por Puerto Rico y su gente. “He vivido en Ucrania la mitad de mi vida”, le dijo al Nuevo Día a su arribo a la isla. “Pero me regreso, honestamente, solo por una razón: porque quiero venir a ayudar a Puerto Rico”.

Noble razón. Probablemente la complementa un contrato de $625,000 anuales por los próximos cuatro años, sueldo casi tan milagroso en este Puerto Rico en quiebra como las soluciones que buscará. Se lo otorgaron el gobierno estatal y la Junta de Supervisión Fiscal, el organismo que creó el Congreso de EEUU para evaluar la deuda de más de $70 mil millones que tiene el estado puertorriqueño, proponer remedios concretos y supervisar la forma en que este gasta el dinero. El panel entró en funciones a principios de este año y ha tenido los previsibles encontronazos con la nueva administración de Ricky Rosselló, quien hasta ahora ha sorprendido por su habilidad para navegar por la mar procelosa de la crisis a pesar de su juventud y su reputación de ser un niño de papá. Su padre es Pedro Rosselló, uno de los gobernadores más populares en la historia de Puerto Rico.

Los mal pensados dicen que Jaresco sería el chivo expiatorio de la junta si esta incumple su misión. Pero también es posible ver con moderado optimismo su nombramiento y las posibilidades de que Puerto Rico supere la crisis fiscal dentro de algunos años. Luego de chocar cabezas durante los primeros meses de este año, los miembros de la junta y el gobernador Rosselló suscribieron un acuerdo para poner en práctica un plan de rescate menos draconiano de lo que se temía. Contempla más impuestos a los ya vapuleados contribuyentes puertorriqueños, multas más costosas y la extensión de incentivos al sector manufacturero; pero soslaya las cesantías en masa de empleados estatales que exigía el panel (30,000). Algún día el gobierno de Puerto Rico deberá prestar más y mejores servicios públicos con menos personal. Pero los despidos masivos en estos momentos habrían exacerbado la crisis económica que también golpea severamente al sector privado.

Jaresco, la junta y el gobierno de Rosselló lograrán paliar la crisis en la medida en que revivan la confianza del mercado y de los inversionistas en Puerto Rico. La isla pide a gritos nuevas y generosas inversiones que generen empleos y amplíen la base tributaria del estado. Lamentablemente, para lograrlo, el gobierno deberá reestructurar su deuda, disuadiendo a los acreedores que lo acosan legalmente y convenciéndoles de que a la larga solo recuperan parte de su inversión si consienten a la reestructuración de los pagos. Mientras tanto, las medidas de austeridad continuarán golpeando al puertorriqueño de a pie cuyas alternativas son emigrar a la metrópoli o esperar el elusivo milagro.

Periodista cubano.

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