Daniel Morcate

Asalto a nuestra democracia

El presidente Donald Trump sale de la Casa Blanca, el 17 de mayo, para volar a Connecticut. En los últimos días ha crecido la controversia en torno al mandatario.
El presidente Donald Trump sale de la Casa Blanca, el 17 de mayo, para volar a Connecticut. En los últimos días ha crecido la controversia en torno al mandatario. Getty Images

La elección temeraria de Donald Trump a la presidencia nos ha conducido a una crisis constitucional mucho antes de lo que algunos temíamos. Con menos de cuatro meses en el poder, Trump ha asaltado nuestra democracia como solo se había atrevido a hacerlo Richard Nixon en toda nuestra historia. Así como en 1973 Nixon destituyó al fiscal especial Archibald Cox cuando éste se acercaba a la verdad de Watergate, así Trump destituyó al director del FBI, James Comey, cuando éste se aproximaba a la verdad de la injerencia rusa en nuestras elecciones de noviembre, injerencia que ayudó a entregarle la presidencia al turbio magnate neoyorquino. Ahora trasciende un memorando de Comey, fechado en febrero, en el que éste revela que Trump le pidió que le pusiera fin a la investigación de su entonces asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, lo que equivaldría a una ilegal obstrucción de la justicia. Al igual que Nixon, Trump libra una guerra con nuestros servicios de inteligencia porque éstos conocen los espeluznantes detalles sobre su oscuro pasado y lo ocurrido durante la campaña electoral. También irrespeta al poder judicial, espina dorsal de nuestro sistema político, y descalifica e intimida a sus adversarios y a la prensa.

La crisis constitucional es tanto más grave cuanto que el liderazgo del gobernante Partido Republicano encubre y alienta el contubernio de Trump con el régimen autocrático y expansionista de Vladimir Putin. Devin Nunes, el patético presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, comprometió irremediablemente la investigación del escándalo que realizaba ese panel al prestarse a una sucia maniobra de encubrimiento de Trump. Los líderes del GOP en la Cámara baja y el Senado justifican cada ataque del presidente descarriado a nuestras instituciones democráticas. La mayoría de los legisladores republicanos continúa apoyándole en público o guarda un silencio cómplice, mientras el prestigio democrático de Estados Unidos en el mundo se desvanece. Con la conciencia apesadumbrada, algunos republicanos renuncian a sus escaños. Pero solo voces aisladas del GOP, como la del senador John McCain, exponen la malevolencia del mandatario que ha secuestrado a nuestro gran partido conservador.

El liderazgo republicano sospecha o sabe que Trump y sus allegados conspiraron con los rusos en forma ilegal para desacreditar la campaña presidencial de Hillary Clinton. Pero cree que no lo hicieron por motivos ideológicos, sino por ambiciones de dinero y poder, un poder que en definitiva comparten ahora. Por eso no dejarán de apoyarle a menos que lo exija la mayoría de los votantes de Trump, quienes sin embargo continúan en negación. Como típico autócrata, Trump es un sicólogo de masas y apuesta a que sus seguidores no lo abandonarán “aunque mate a balazos a alguien en la Quinta Avenida” de Manhattan. Por eso gobierna basándose en ese respaldo ciego y sordo, rodeándose de sicofantes y atropellando las instituciones democráticas.

Ante este panorama desolador, los demócratas y algunos republicanos exigen que se nombre a un investigador independiente para que continúe la pesquisa de la injerencia rusa que ya no puede hacer con integridad el FBI. Solo un iluso creería que el presidente ensoberbecido por el poder reemplazará a Comey con una figura que no le garantice la “lealtad” –léase complicidad– que él exige, es decir, que no esté dispuesta a taparle como lo hace la plana mayor republicana. Luego del affair Nunes los demócratas y algunos republicanos también han perdido la fe en las investigaciones de la Cámara baja y el Senado. Por eso consideran que la única alternativa creíble es un investigador independiente.

Lamentablemente, tampoco existen las garantías de que pueda escogerse ya a un investigador autónomo e imparcial. Solo el Congreso y el Departamento de Justicia tienen facultades para nombrarlo. Pero en el Congreso predominan los republicanos encubridores. Y al Departamento de Justicia lo dirige Jeff Sessions, quien, como miembro de la campaña de Trump, probablemente también se coludió con los rusos; y Rod Rosenstein, quien escribió el memorando amañado para ayudar a Trump a justificar la destitución de Comey. Esto deja la protección de nuestra democracia en las precarias manos de nuestra comunidad de inteligencia. No es lo ideal. Incluso podría ser ilegal. Pero es evidente que solo las filtraciones de inteligencia conducirían a un clima de opinión que permita responsabilizar a Trump y a sus secuaces por la obstrucción de justicia que realizan y por su probable contubernio con un viejo adversario de Estados Unidos.

Periodista cubano.

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