Daniel Morcate

¿Por qué Trump le teme al testimonio de Comey?

James Comey, ex director del FBI, expulsado abruptamente de su cargo por el presidente Donald Trump el 9 de mayo, debe declarar este jueves ante el Congreso.
James Comey, ex director del FBI, expulsado abruptamente de su cargo por el presidente Donald Trump el 9 de mayo, debe declarar este jueves ante el Congreso. AP

En otra señal de cuánto le preocupa la verdad sobre el Rusiagate, el presidente Trump consideró bloquear el testimonio del destituido director del FBI, James Comey, ante la Comisión de Inteligencia del Senado. El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, indicó que el asunto se revisaba. Y su asesora Kellyanne Conway le dijo a ABC News que el mandatario “tomaría una decisión”. Pero tras consultar a abogados de la presidencia, Trump finalmente cedió.

El inminente testimonio de Comey, programado para este jueves, coloca al presidente y a sus acólitos en un dilema insuperable. Si hubiera silenciado al funcionario que despidió, como era su inclinación, entonces habría alimentado las sospechas de que obstruye las investigaciones del contubernio entre los rusos y su campaña presidencial. Al permitirle declarar, se arriesga a que Comey lo desenmascare aún más, que desmienta algunas de las muchas falsedades que él y sus allegados han propagado sobre el Rusiagate y sobre Comey.

La única carta que tenía Trump para amordazar a Comey se llama “privilegio ejecutivo”. Es una figura legal que se ha desarrollado con el tiempo para proteger las comunicaciones secretas entre el presidente y las agencias que se hallan bajo su jurisdicción. El privilegio ejecutivo es uno de los mayores retos que hemos enfrentado los periodistas para informarle al público estadounidense sobre los tejemanejes de los presidentes y sus colaboradores cercanos. Pero, por fortuna, no es un valor absoluto. De hecho no aparece ni en la Constitución, ni en ninguna ley o estatuto federales ni en las reglas sobre evidencias judiciales. Los presidentes lo han invocado con frecuencia para proteger sus errores, manipulaciones y chanchullos. En la mayoría de los casos las cortes se lo han denegado. Quienes exigen transparencia en beneficio de la ciudadanía solo tienen que demostrar que parte de la información que se exige ya es del dominio público. Hace unos años las cortes le negaron al presidente Obama el privilegio ejecutivo de mantener oculta información sobre Rápido y Furioso, la descabellada operación de venta de armas a narcotraficantes mexicanos por parte del Departamento de Justicia.

Trump no podía acallar a Comey mediante el privilegio ejecutivo porque le ha atacado en público en tuits y declaraciones a la prensa. Eso lo habría reconocido cualquier corte de justicia. Tampoco parece haberle funcionado el chantaje de amenazarlo con una grabación secreta de sus conversaciones que, de existir, seguramente dejaría peor parado al propio Trump. De manera que lo más probable es que este jueves podamos escuchar lo que tiene que decir el ex jefe del FBI. ¿Por qué le teme tanto a su testimonio Trump? El presidente ha dicho en repetidas ocasiones que nunca le pidió a Comey que cerrase la investigación del Rusiagate. Pero si en su testimonio Comey lo contradice, y si las evidencias lo comprueban, entonces quedará ampliamente demostrado que Trump obstruyó la justicia. Y por esa vía se va directa e inexorablemente a un “impeachment” o proceso de destitución del mandatario.

Es posible que la Casa Blanca tenga otras barajas guardadas bajo la manga para amortiguar el potencial golpe que recibiría Trump cuando hable Comey. No es descartable que intente maniobras de distracción, como en su momento hiciera con el portaaviones USS Carl Vinson que supuestamente iba a “poner sobre aviso” al dictador norcoreano Kim Jong-un e incluso como el peculiar bombardeo sin daños notables a un aeropuerto militar sirio. Pero cualquier maniobra así solo estimularía las filtraciones sobre el contubernio entre la campaña de Trump y el régimen de Vladimir Putin. A los miembros de inteligencia que filtran se han sumado miembros del propio gobierno de Trump que están alarmados por los excesos y transgresiones que han visto desde las entrañas del monstruo.

Si por fin se da este jueves el esperado y deseado testimonio de Comey, será con toda probabilidad un acontecimiento que hará historia. Dará un indicio de si Trump podrá sobrevivir a su primer mandato presidencial. Muchos norteamericanos que lo apoyan preferirían no tener que escuchar las palabras de Comey. Mucho menos quisieran oírle los republicanos que encubren al presidente. Pero el resto de nosotros seremos todo oídos.

Periodista cubano.

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