Daniel Morcate

Caos en la Casa Blanca

Anthony Scaramucci, ex director de comunicaciones de la Casa Blanca, fue despedido abruptamente el 31 de julio por el presidente Trump.
Anthony Scaramucci, ex director de comunicaciones de la Casa Blanca, fue despedido abruptamente el 31 de julio por el presidente Trump. AFP/Getty Images

Como era de esperarse tras la elección de Donald Trump, la Casa Blanca se ha sumido en el caos y su gobierno da muestras de una disfuncionalidad crónica. Quienes vaticinamos el desastre, sin embargo, nunca pensamos que llegaría tan rápido ni que paralizaría al gobierno de manera tan drástica. Esto impone la pregunta de si nuestra república, refugio de millones de náufragos políticos –entre los que me cuento– está diseñada para sobrevivir el desorden que cada semana provoca el presidente descarriado, su inopia y malevolencia personales y las de la pequeña escuadra de rufianes temerarios que se le pegan como lapas. Yo creo que sí, como he manifestado en columnas anteriores. Pero en lo que sobrevivimos, el caos se agravará. Y asistiremos al patético espectáculo de un presidente inepto en guerra permanente contra sus adversarios políticos, sus propios aliados y consigo mismo.

La semana pasada el gobierno no pudo ocultar más el caos que impera en la Casa Blanca. En medio de una cacería interna de soplones, renunció el secretario de prensa Sean Spicer. Horas antes Trump había nombrado director de comunicaciones a un patán redomado, Anthony Scaramucci, quien de inmediato insultó en una entrevista con un periodista a dos asistentes del mandatario, utilizando el lenguaje soez de la cloaca de la que proviene. Uno de los insultados, Reince Priebus, al día siguiente renunció a su cargo de jefe del gabinete presidencial. Pagó caros la irresponsabilidad y el servilismo con que, como director del Comité Nacional Republicano, entregó la maquinaria del partido a un demagogo sin principios ni escrúpulos que vitupera a los republicanos que discrepan de él o lo exhortan a enmendar su conducta. Trump estrenó esta semana destituyendo a Scaramucci.

El presidente descarriado también trató de forzar la renuncia de su fiscal general, Jeff Sessions, el único senador que le apoyó durante las primarias. Quiere sustituirlo por un yesman que boicotee la investigación del contubernio entre su campaña presidencial y el régimen de Vladimir Putin. Su secretario de estado, Rex Tillerson, solicitó permiso para retirarse unos días a “descansar”. Se había cabreado porque Trump, de manera impulsiva, le quitó la política hacia Corea del Norte y se la entregó a abogados externos. El yerno del presidente, Jared Kushner, testificó a puerta cerrada ante la Comisión de Inteligencia del Senado sobre su papel en el espionaje ruso, probablemente mintiéndole a mansalva. Allegados de Kushner previamente habían tratado de desviar la atención de los investigadores filtrando que Donald Trump, hijo, fue quien orquestó el infame encuentro en el Trump Tower, en plena campaña, con cinco rusos aparentemente vinculados a la inteligencia de Moscú.

Ante el caos imperante, algunas instituciones y líderes reaccionaron con medidas que deberían alentarnos. Legisladores republicanos y demócratas en forma abrumadora robustecieron las sanciones a Rusia por su expansionismo militar e interferencia en nuestras elecciones. En una demostración evidente de lo que saben o sospechan de Trump, le quitaron la posibilidad de vetar las sanciones. Los jefes militares a su vez se negaron a acatar su decisión de prohibir la participación de personas transgénero en las fuerzas armadas, parte de una vil componenda con legisladores ultraconservadores para que le aprobasen los primeros $ mil 600 millones con el fin de expandir el muro con México. Tres senadores republicanos, incluyendo John McCain, se unieron a sus colegas demócratas para rechazar el caprichoso intento de erradicar Obamacare y reemplazarlo con un Trumpcare que aumentaría en millones la cantidad de personas sin seguro médico. Y el jefe de la comisión jurídica del Senado, el republicano Chuck Grassley, le advirtió que si destituye a Sessions, su panel no le aprobará un sustituto.

Para contrarrestar el desbarajuste, Trump nombró al general retirado de los Marines, John Kelly, como su nuevo jefe de gabinete, artífice del despido de Scaramucci. Pero ni el exsecretario de seguridad nacional ni nadie podrán poner orden en una Casa Blanca gobernada por un narcisista sin experiencia política, zafio y vengativo, quien se rige por los prejuicios y el resentimiento. La disfuncionalidad de su gobierno será cada vez más peligrosa para el país. Y terminará solo cuando abandone el poder que irresponsablemente le dieron millones de votantes –con la ayuda de los rusos.

Periodista cubano.

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