Daniel Morcate

Trump declara la guerra a la inmigración legal

El presidente Trump ha hecho una propuesta migratoria que intenta darle un barniz de legalidad al nacionalismo y la xenofobia con los que mareó a millones de votantes, especialmente a blancos no hispanos y algún que otro latino que al parecer se cree descendiente de los peregrinos del Mayflower. Lleva el nombre orwelliano de “Reformar la Inmigración Americana para Empleo Fuerte”. Y la presentaron los senadores sureños Tom Cotton y David Perdue, cuyos estados de Arkansas y Georgia no tienen problemas migratorios. Su objetivo oculto es frenar la inmigración legal para aliviar los temores y fobias de los estadounidenses que resienten la diversidad del país. Pero en la práctica tendría el doble efecto deplorable de dañar a sectores de la economía nacional y traicionar los valores sobre los que se fundó, prosperó y continúa prosperando nuestra república.

La medida reduciría de algo más de un millón a 540,000 el número de inmigrantes que podrían venir a Estados Unidos legalmente cada año. Para lograrlo, crearía un sistema de requisitos que tendrían que llenar los aspirantes, incluyendo el hablar inglés y tener habilidades especiales supuestamente en demanda. Y restringiría la inmigración basada en la familia solamente a padres e hijos menores de 18 años de ciudadanos norteamericanos. Se trata de condiciones taimadamente elaboradas para atajar el ingreso de minorías étnicas que van camino de hacerse mayoría, como la hispana, la negra y la asiática, lo que ha creado una incertidumbre y un recelo en la población blanca no hispana que, en vez de contrarrestar, explotan cínica y peligrosamente populistas como Trump.

La propuesta es económicamente contraproducente porque reduciría de manera drástica la mano de obra que necesitan ramos claves de nuestra economía que no dependen de trabajadores con habilidades especiales que no sean sus deseos de trabajar duro. Entre los afectados estarían la agricultura, la construcción y los servicios, especialmente el turístico. Paradójicamente, cualquier recorte en la inmigración legal alentaría la ilegal, pues los sectores perjudicados tendrían que recurrir a ella para sobrevivir. Esto en realidad sucede ya. Miles de indocumentados vienen a realizar el trabajo que no queremos ni necesitamos hacer los estadounidenses. De modo que la economía nacional más bien requiere un aumento en la cuota de inmigrantes legales.

El plan migratorio de Trump negaría asimismo la tradición de Estados Unidos como nación que acoge a perseguidos, pobres y socialmente desahuciados del mundo. Estos hombres, mujeres y niños, generación tras generación, le proporcionan al país el ímpetu que necesita para prosperar a todos los niveles y seguir siendo un ejemplo singular de inclusión bajo las mismas reglas del juego político. Así se lo hizo ver el periodista de CNN Jim Acosta al asesor presidencial Stephen Miller, cuando éste defendía la absurda propuesta migratoria. Acosta, cuyo padre inmigró de Cuba, le recitó una estrofa del célebre poema de Emma Lazarus tallado en la Estatua de la Libertad: “Dadme a tus ciudadanos cansados, a tus pobres, a tus masas hacinadas”. Miller le respondió que “ese poema se agregó después” a la estatua, patética respuesta que resume el simplismo y la mala fe del plan migratorio de Trump, Cotton y Perdue.

El populismo es la democracia de los ignorantes, ha sentenciado con elocuencia y precisión Fernando Savater. Con su demagogia populista, Trump y sus asesores explotan con fines políticos nuestras debilidades y desconocimiento de la realidad. Una realidad muy concreta es que Estados Unidos sufre un déficit histórico en la tasa de fertilidad, la cual se ha situado en 62 nacimientos por cada 1000 mujeres de entre 15 y 44 años. Eso significa que el país necesita más inmigrantes, no menos, para sostener los niveles actuales de crecimiento económico o para mejorarlos. El plan migratorio anunciado por los senadores Cotton y Perdue, a nombre de la Casa Blanca, haría exactamente lo contrario.

Por fortuna, legisladores de ambos partidos han reconocido de inmediato el subterfugio y advertido que rechazarán la propuesta. Entienden que nuestro sistema de inmigración necesita modernizarse y hacerse más efectivo y justo para todos. No convertirse en un pretexto para la demagogia de políticos sin escrúpulos ni visión que prefieren explotar nuestras inseguridades a tratarlas con seriedad y decoro.

Periodista cubano.

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