Daniel Morcate

Un fraude cruel contra los indocumentados

Está claro que nada ni nadie hará que muchos de nuestros compatriotas quieran a los inmigrantes indocumentados. El amor no es obligatorio. Pero de ahí a tratarlos como bestias o algo menos que seres humanos va un trecho que no debería recorrer ninguna persona civilizada. Mucho menos quienes promulgan las leyes. Lamentablemente, eso es lo que está sucediendo en la Florida, donde ciertas leyes estatales están permitiendo e incluso fomentando el maltrato inhumano a indocumentados que trabajan. Una particularmente alevosa data de 2003, cuando nuestros legisladores convirtieron en delito criminal el acto de solicitar compensación laboral usando una identificación falsa. Una consecuencia ha sido que muchos trabajadores sin papeles han quedado expuestos a una serie de abusos que dan vergüenza ajena.

Investigadores de ProPublica han compilado ejemplos que ponen los pelos de punta. Uno es el de Nixon Arias, inmigrante hondureño quien se lesionó cuando el tractor en el que cortaba hierba de la Carretera 59, en la línea divisoria con Alabama, cayó en un hueco y le lanzó por el aire. Sus médicos le recomendaron una costosa cirugía. Y eso bastó para que su aseguradora “descubriese” que estaba usando el número de seguridad social de una persona muerta y le negara no solo la cirugía sino cualquier otra atención médica. Arias se pudrió año y medio en cárceles floridanas hasta que lo deportaron a su nativa Honduras.

Casos como el suyo se repiten a menudo en nuestro estado y en otros, especialmente desde hace 15 años, cuando arreció la ola antiinmigrante. El patrón es evidente. Trabajadores sin papeles son acusados de fraude al sistema de compensación laboral solamente cuando se lesionan y la solicitan. Sus lesiones son reales. A veces ponen en peligro sus vidas. Pero las leyes permiten a los empleadores que los contratan y a las aseguradoras negarles beneficios y tratamiento médico. Aproximadamente ocho millones de inmigrantes sin papeles trabajan en nuestro país. Y la mayoría está expuesta a este ciclo de abusos, especialmente en los estados cuya producción agrícola depende de su trabajo. ProPublica ha documentado cómo empleadores sin escrúpulos a propósito procuran indocumentados o personas con documentos de identidad cuestionables. A veces solo les piden los números. Si se lesionan y deben ausentarse mucho tiempo del trabajo, entonces y solo entonces ponen en marcha investigaciones de su status migratorio en las que convenientemente participan las aseguradoras, para no tener que gastar dinero. “Enfurece pensar que cuando los trabajadores se hacen daño en Estados Unidos, son básicamente desechados”, dice David Michaels, jefe de la Agencia Federal de Seguridad y Salud Laboral.

El éxito que ha tenido en la Florida y otros estados esta dudosamente legal trituradora de hombres y mujeres trabajadores ha hecho que se propague a otras partes del país. Pero, ¿se podría quebrar para evitar que siga habiendo víctimas como Nixon Arias? Históricamente, las leyes laborales habían concedido a los trabajadores indocumentados en todo el país el derecho a recibir compensación laboral por lesiones médicamente constatables. Pero medidas recientes como la de la Florida, adoptadas por legisladores conservadores en medio de la histeria antiinmigrante, han socavado esa práctica humanitaria. Con la intención de combatir un fraude – el de personas que usan falsos números de la seguridad social– se ha fomentado otro mucho más grave que pone en peligro la salud y la vida de personas sin papeles.

Para buscarle solución al problema los legisladores floridanos y sus imitadores en otros estados deberían regresar a la mesa de trabajo y crear leyes que diferencien con nitidez entre personas que abusan del sistema de compensación laboral y aquellas que la necesitan de verdad, sean o no indocumentadas. La senadora estatal republicana Anitere Flores parece entenderlo muy bien cuando reconoce que “se necesita lograr un equilibrio entre perseguir las demandas fraudulentas y la sobre compensación y negar las demandas a individuos que se han lesionado de verdad”. Como presidenta pro tempore del Senado estatal, Flores tiene la facultad de procurarle un remedio blando a este mal. En juego se halla no solo la salud de los trabajadores lesionados, sino también nuestra capacidad para tratarles con compasión y nuestra confianza en el sistema de seguros de salud.

Periodista cubano.

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