Daniel Morcate

Levantar a Puerto Rico

La naturaleza hizo increíblemente bello a Puerto Rico. Pero este año le ha pasado la cuenta. Y de qué manera. Dos huracanes al hilo, uno de ellos catastrófico, han diezmado a la isla, matando por lo menos a 14 personas, lesionando a centenares, dejando a miles sin vivienda y aislándola como no había sucedido en décadas. Al momento en que escribo, la mayoría de las familias puertorriqueñas permanecen incomunicadas. Y sin embargo abundan las demostraciones y anécdotas del heroísmo y la solidaridad con que muchos han respondido al desastre, creando un halo de esperanza de que de esta traumática y dolorosa experiencia todavía puede surgir una sociedad mejor, un Puerto Rico más compenetrado y consciente de lo que sus hijos han logrado a través del tiempo y de la historia y de lo que todavía podrían lograr.

El doble golpe de Irma y María anuló totalmente el servicio eléctrico y el de agua potable y el 95 por ciento del telefónico. Se desplomaron puentes. De las montañas llovieron lodo y piedras sobre poblaciones y carreteras. Los ríos se crecieron e inundaron comunidades enteras, matando a envejecientes y socorristas y arruinando casas y comercios. Varias represas amenazaban con desbordarse, obligando a evacuar a decenas de miles de personas. Es como si toda la furia de la naturaleza se hubiera descargado sobre Puerto Rico y otras islas del Caribe, como días antes se descargara también sobre Texas y gran parte de la Florida. La no tan madre naturaleza ha rugido sin piedad su mensaje de horror. La pregunta es cómo responderemos sus víctimas.

En el caso de Puerto Rico, es evidente que la respuesta no puede provenir solamente de las autoridades y residentes de la isla. La catástrofe natural se ha producido en medio de la peor crisis fiscal en su historia moderna. El gobierno estatal adeuda más de $70 mil millones y ha perdido el control de sus finanzas, que poco a poco han ido pasando a manos de una junta supervisora designada por el Congreso de Estados Unidos. Corto de recursos y personal, el gobierno ha dependido de los federales para restablecer contacto con las poblaciones aisladas por el huracán María y para comenzar a restaurar servicios básicos.

El gobierno del presidente Trump debería crear de inmediato una fuerza especial que evalúe cuanto antes los daños que ha sufrido Puerto Rico y recomiende pasos concretos y rápidos para su recuperación. Debería agilizar, además, el envío de militares especializados en la respuesta a desastres naturales. Y mantener e incluso aumentar el nivel de las asignaciones federales de salud, que en la actualidad son $1,600 millones anuales, pero que Washington amenaza con reducir de manera drástica como parte de su campaña contra Obamacare.

La comisionada residente de Puerto Rico, Jennifer González, le ha pedido al presidente Trump que le conceda una dispensa para que los gobiernos estatal y municipales no tengan que costear el 25 % de los costos de limpieza de escombros, tal y como exige la ley que regula a FEMA, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias. Y congresistas puertorriqueños solicitan que se autorice el transporte de artículos de primera necesidad a la isla en barcos de cualquier bandera, práctica que en la actualidad prohíben las normas federales de cabotaje. Esto podría mantenerse vigente mientras dure la reconstrucción de Puerto Rico.

Además de estas y otras medidas asistenciales, Washington debería ayudar a trazar estrategias de crecimiento y desarrollo económico para la isla, algo que se ha mostrado renuente a hacer en los últimos años. No solo sería lo justo para atender las necesidades a largo plazo de casi tres millones y medio de estadounidenses. También sería lo prudente para evitar el éxodo masivo de Puerto Rico, que ahora más que nunca necesitará mano de obra calificada y trabajo arduo por parte de sus residentes.

En última instancia, dependerá principalmente de los puertorriqueños el que de la devastación, la desolación y el sufrimiento que han dejado a su paso Irma y María surja un Puerto Rico renovado. Para ello, tendrían que hacer permanente el espíritu de entrega, sacrificio y solidaridad con que la mayoría ha respondido a la catástrofe.

Periodista cubano.

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