Daniel Morcate

La ‘cogioca’ de Whitefish

Trabajadores de la empresa Whitefish Energy Holdings reparan cables eléctricos dañados por el huracán María en Barceloneta, Puerto Rico, el 15 de octubre. La concesión de un contrato multimillonario a una diminuta empresa de Montana para restaurar el servicio eléctrico en Puerto Rico desató una polémica.
Trabajadores de la empresa Whitefish Energy Holdings reparan cables eléctricos dañados por el huracán María en Barceloneta, Puerto Rico, el 15 de octubre. La concesión de un contrato multimillonario a una diminuta empresa de Montana para restaurar el servicio eléctrico en Puerto Rico desató una polémica. AP

No tardó mucho en estallar el primer escándalo de aparente tráfico de influencia y corrupción con los fondos millonarios para la recuperación de Puerto Rico. El gobernador Ricardo Rosselló se vio obligado a cancelar un sospechoso acuerdo con Whitefish Energy Holdings para restablecer el devastado sistema de electricidad de la isla. La concesión de ese contrato tiene todos los visos de una cogioca, cubanismo al que recurro porque resume bien la mezcla de turbiedad, torpeza y mala fe que se le atribuye a la transacción. Es cierto que no se ha demostrado su ilegalidad. Pero las dudas y sombras que rodean al trato son tales que lo convierten en un ejemplo de lo que deberían evitar las autoridades de la isla y Estados Unidos si de veras creen en el lema inspirador que guía a la reconstrucción: para que Puerto Rico se levante.

Pocos días después del paso destructor del Huracán María por Puerto Rico, se le otorgó un contrato de $300 millones a Whitefish que no se sometió a la acostumbrada subasta en busca del mejor postor. EL convenio se hizo a pesar de que nadie conocía a Whitefish, salvo sus dos únicos empleados en ese momento y Ryan Zinke, el secretario del Interior del gobierno del presidente Trump quien es oriundo –menuda coincidencia– de Whitefish, aldea remota de Montana en la que apenas residen 7000 personas. Otro de sus residentes es Andrew Techmanski, el director ejecutivo o CEO de la empresa que lleva el nombre del pueblo. Y un tercer vecino es un hijo de Zinke quien trabajó para Whitefish. Para colmo, un generoso contribuyente a la campaña presidencial de Trump, Joe Colonetta, aparece como inversor en la empresa.

Aun así, Trump quiere que creamos que su secretario es inocente de la cogioca. Al fin y al cabo, Zinke es uno de sus reclutas para “drenar el pantano” de Washington tal y como prometió durante la contienda. “La Casa Blanca no tuvo nada que ver con la selección (de Whitefish)”, dijo un portavoz. Zinke conoce a Techmanski “porque ambos viven en un pueblecito donde todos se conocen”, señaló a su vez la secretaría del interior. Comisiones del Congreso investigan. Pero las controla el Partido Republicano del presidente. No apostaría ni un solo centavo a que llegarán al fondo del chanchullo, del mismo modo en que no quieren llegar al meollo de la injerencia rusa en nuestras elecciones.

Estremecido por el escándalo, el gobernador Rosselló ordenó una auditoría del contrato. Esto tal vez ayude a delimitar cualquier responsabilidad puertorriqueña en el cuestionable negocio, sin duda el lado más vulnerable en las investigaciones. Ricardo Ramos, director ejecutivo de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico, ha justificado el trato diciendo que Whitefish fue la única firma que no exigió pago por adelantado y ha hecho una buena labor al responder rápido a la emergencia que dejó a oscuras a la isla. Casi mes y medio después, solo el 30 ciento de Puerto Rico cuenta con servicio eléctrico. Los argumentos de Ramos son lo suficientemente lógicos como para ameritar consideración. Sin embargo, no parecen tener en cuenta que la rapidez no es lo único importante en la respuesta al desastre sino también la transparencia y la responsabilidad de quienes toman decisiones y administran los presupuestos de reconstrucción.

La honestidad y claridad en el manejo de la emergencia causada por María en es esencial. Los líderes puertorriqueños deben entender que en juego está no solo ni principalmente su futuro político sino el bienestar y el futuro de millones de puertorriqueños que han confiado en ellos o que por lo menos dependen de que ahora ellos ejerzan auténtico liderazgo. Esto requiere que no se dejen soliviantar por las presiones provenientes de Washington o cualquier otro sector político de Estados Unidos en la administración de los fondos de recuperación y la ayuda que llegan a la isla; que actúen en forma diáfana, sometiendo al debido escrutinio público sus decisiones importantes y denunciando cualquier intento por parte de funcionarios federales de coaccionarlos. La oportunidad es única para que Puerto Rico se levante en lo moral al igual que en lo físico y material.

Periodista cubano.

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