Daniel Morcate

DANIEL MORCATE: Panamá: otra cumbre sin altura

La recién celebrada Séptima Cumbre de las Américas fue, como han puntualizado diversos medios, histórica. Pero no solo ni principalmente por los diálogos y apretones de manos entre el presidente Obama, Raúl Castro y Nicolás Maduro. Lo fue también, y sobre todo, porque marcó una imprevisible regresión en la ardua lucha por la democracia y los derechos humanos en nuestro hemisferio. Ahora con el gobierno de Estados Unidos a la cabeza, en Panamá las democracias americanas abrieron de par en par las puertas de una dudosa legitimidad a la Cuba de los Castro. En la práctica, esto significa que las abrieron a la posibilidad de que cualquier tiranía como la cubana actúe como si genuinamente formara parte de la comunidad de naciones civilizadas, en la que los gobiernos derivan su poder de la voluntad de los gobernados y del respeto por los derechos humanos. La cumbre de Panamá demostró como ningún otro acontecimiento reciente que el avance de la democracia en nuestra región ha sido más moral y virtual que real y concreto. Muchos acontecimientos aún pueden frenarlo o frustrarlo.

En la reunión de Panamá presenciamos una regresión democrática similar a la que protagonizaron España y las democracias de América Latina en las cumbres iberoamericanas, donde a Cuba se la aceptó desde el principio como un miembro legítimo más sin que ello haya aportado un ápice a la causa democrática y humanitaria en la isla. ¿Por qué una regresión? Porque en Panamá, la democracia más influyente del mundo, Estados Unidos, avaló la falsa idea de que una actitud conciliadora ayuda a conducir las tiranías hacia la libertad. Eso, claro, nunca ha sucedido ni en América ni en ninguna otra parte. Las tiranías se caen por su propio peso, como resultado de su brutalidad en la gestión política y de su ineptitud en la gestión económica. En el caso de las dictaduras totalitarias de izquierda, el desplome suele ser por implosión y contagio. El deber elemental de los demócratas es ayudar a que eso ocurra, no extenderles créditos políticos y económicos que les permitan sobrevivir y continuar oprimiendo a sus pueblos.

La democracia regional también sufrió una regresión porque la cumbre de Panamá demostró la fragilidad de las convicciones democráticas de los gobernantes americanos. Ni uno solo se atrevió a censurar públicamente los atropellos que a diario padecen los opositores en Cuba y Venezuela, atropellos que significativamente escenificaron castristas y chavistas en el mismo Panamá, como para dejar constancia de la impunidad de la que gozan. En lugar de ello, los presidentes americanos delegaron esa fundamental responsabilidad democrática en una veintena de ex mandatarios que, en su mayoría, tampoco tuvieron el coraje de defender la democracia continental de manera consecuente mientras gobernaban.

En Panamá, las democracias americanas hicieron lo que siempre han hecho: ante la oportunidad de escoger entre dictaduras y sociedades civiles, entre tiranos y pueblos, escogieron a dictaduras y tiranos. Para disimularlo un poco, el gobierno panameño, con el apoyo del norteamericano, invitó a miembros de la sociedad civil cubana y venezolana a participar en foros que no tendrán ni remotamente la trascendencia que tendrá el haber aceptado a la tiranía castrista en el seno de la cumbre y el haber guardado silencio sobre sus desmanes y los del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

El pensador francés Jean-Francois Revel advirtió en su día sobre el triste papel de las democracias que, durante décadas, habían mantenido en “vida artificial” a los regímenes totalitarios. Eso es exactamente lo que han decidido los actuales gobernantes democráticos de nuestra región en el caso cubano, empezando por el presidente Obama, aunque éste no cese de proclamar sus buenas intenciones. Pero, ¿hay realmente alternativa? En las coyunturas en que se halla en juego el destino de los pueblos, siempre la hay. América solo evitará las regresiones de la democracia cuando desarrolle y honre un principio de la legitimidad democrática que nadie pueda cuestionar seriamente ni mucho menos violar a la fuerza sin quedar expuesto y ser rechazado como un tirano o promotor de la tiranía. La oportunidad de desarrollar ese principio se perdió, tal vez por mucho tiempo, en la reciente cumbre sin altura celebrada en Panamá.

www.twitter.com/dmorca

  Comentarios