Daniel Morcate

La misteriosa muerte de Rogelio Martínez

Un cortejo fúnebre lleva los restos de Rogelio Martínez, agente de la Patrulla Fronteriza, el pasado 25 de noviembre hacia la iglesia de Nuestra Señora de la Guadalupe en El Paso, Texas.
Un cortejo fúnebre lleva los restos de Rogelio Martínez, agente de la Patrulla Fronteriza, el pasado 25 de noviembre hacia la iglesia de Nuestra Señora de la Guadalupe en El Paso, Texas. AP

El trágico caso del agente Rogelio Martínez se ha convertido en símbolo de la campaña contra los inmigrantes que libran el gobierno del presidente Trump y sus aliados en el Congreso. La noche del pasado 18 de noviembre Martínez y su compañero de la Patrulla Fronteriza Stephen Garland cayeron desde un elevado a una especie de alcantarilla en el suroeste de Texas. Ambos sufrieron lesiones. Pero las de Martínez, en la cabeza, resultaron fatales. Desde el principio, Garland reportó por radio el accidente y pidió ayuda. Pero de inmediato Trump y miembros de su partido politizaron los hechos atribuyéndolos falazmente a un ataque perpetrado por indocumentados.

“Perdimos a un agente de la Patrulla Fronteriza ayer”, dijo sin reserva Trump mientras rodaban las cámaras de la televisión nacional. “Otro agente fue brutalmente golpeado y seriamente lesionado…Vamos a construir el muro”. Repitieron la versión no comprobada otros extremistas, quienes en parte deben sus cargos a la manipulación de los distritos electorales y a la supresión de votos de minorías que han hecho famosa a Texas. El gobernador estatal, Greg Abbott, ofreció una recompensa monetaria para “esclarecer este asesinato”. El senador Ted Cruz bramó que el incidente era “un sobrio recordatorio del constante peligro que representa una frontera insegura”. Y la inefable cadena Fox alentó la falsedad como es su costumbre y su misión “periodística”. “El agente de la patrulla fronteriza parecía haber sido emboscado y golpeado contra las rocas”, desinformó. “Lo atacaron de la forma más vil posible”, subrayó el agitador trumpista Tucker Carlson.

El incidente parece haber sido en realidad un accidente, aunque quedan cabos sueltos. La semana pasada el FBI emitió un informe en el que afirma: “Ninguna de las más de 650 entrevistas completadas, lugares revisados o evidencia obtenida y analizada han producido prueba alguna que apoye la existencia de una pelea, altercado o ataque”. Hasta hoy, sin embargo, el sindicato de la Patrulla Fronteriza, que apoyó a Trump en las elecciones, no se ha retractado por repetir una y otra vez una mentira que ya tiene vida propia. Ese era, en definitiva, el objetivo de propagarla antes incluso de que se realizara la investigación formal de los hechos. “Si se cree una mentira aunque sea durante una hora”, escribió el autor irlandés Jonathan Swift, “ya ha hecho su labor… La falsedad vuela; la verdad trata de alcanzarla cojeando”.

Aunque sea cojeando, los investigadores nos deben una explicación cabal de los hechos, especialmente a la desesperada y engañada familia del agente Martínez. Su padre, José Martínez, ha narrado de manera conmovedora cómo su hijo, quien llevaba cuatro años patrullando la frontera, amaba su trabajo. La novia del joven agente, Angela Ochoa, le echa de menos cada día, no cree que haya muerto por accidente y le exige al agente Garland que cuente toda la verdad. Pero Garland asegura haber perdido la memoria tras el suceso, algo que activistas pro inmigrantes ponen en duda. Más bien creen que personas influyentes lo han presionado para evitar que contradiga las falsas versiones de los políticos enzarzados en una feroz campaña propagandística contra los inmigrantes.

Esa campaña busca estigmatizar a los inmigrantes con el objetivo de frenar el ingreso al país de extranjeros con y sin documentos migratorios. La estigmatización incluye frecuentes referencias a los delitos que cometen algunos inmigrantes, razón por la cual Trump y sus secuaces nos recuerdan a menudo los males que encarna la Mara Salvatrucha, en la que lo mismo incluyen a pandilleros reales que a jóvenes hispanos falsamente acusados de serlo. Pura carne roja que el presidente descarriado arroja a su base de apoyo, compuesta, en parte, por personas que se sienten desplazadas por los recién llegados, resentidas y traicionadas por el gobierno. De esa cantera provienen los supremacistas blancos, los neonazis y sus compañeros de viaje.

El FBI dice haber consagrado a 37 agentes a la investigación de la muerte de Martínez. Sin embargo, las conclusiones que la agencia divulgó hace unos días no me parecen definitivas. Muchos norteamericanos probablemente se conformarán con las mentiras que propagaron los oportunistas. Pero los familiares de Martínez merecen que se esclarezcan los hechos y que les digan la verdad y solamente la verdad.

Periodista cubano.

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