Daniel Morcate

Pensamientos y oraciones

Una multitud asiste al funeral de Peter Wang, un estudiante de 15 años de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, mortalmente herido cuando mantenía abierta una puerta para que sus compañeros escaparan. El Ejército le otorgó la Medalla del Heroísmo a Wang, que era cadete, y la Academia Militar de West Point lo admitió con carácter póstumo en su clase del 2025.
Una multitud asiste al funeral de Peter Wang, un estudiante de 15 años de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, mortalmente herido cuando mantenía abierta una puerta para que sus compañeros escaparan. El Ejército le otorgó la Medalla del Heroísmo a Wang, que era cadete, y la Academia Militar de West Point lo admitió con carácter póstumo en su clase del 2025. Getty Images

Es el cuento de terror de nunca acabar. Un energúmeno de los que abundan en cualquier país, pero al que solamente en Estados Unidos armamos hasta los dientes, siega 17 vidas de inocentes e hiere a 20, destruyendo a decenas de familias para siempre. Los sobrevivientes y familiares de las víctimas reaccionan con rabia e impotencia, preguntándose por qué ha sucedido otra vez y cómo es posible que les haya tocado a ellos esta ruleta rusa en la que los norteamericanos nos jugamos la vida a diario. Y los políticos pro armamentistas, coautores intelectuales de estas escabechinas de inocentes, envían solemnemente sus “pensamientos y oraciones” a través de las redes sociales y de los medios que alientan su criminal irresponsabilidad, como la cadena Fox, pero sin dar la cara a otros medios informativos para que no les hagan preguntas que puedan estremecer sus conciencias, cuando las tienen.

Porque es evidente que no todos tienen conciencia. O la tienen sumamente atrofiada. De lo contrario, no asistiríamos de manera puntual a este rito sanguinario cada mes, cada semana, cada día. De lo contrario, nuestros hijos y nietos no vivirían expuestos al terror todo el tiempo, en cines, conciertos, escuelas. Ni tampoco nosotros. ¡Ocho matanzas escolares en mes y medio! La que tuvo lugar en nuestro patio, en la secundaria Marjory Stoneman Douglas, en el vecino condado de Broward, ha sido solo la peor en lo que va de año. Miles de muertos por armas de fuego. Decenas de miles de heridos y vidas rotas. Pero a los políticos cómplices no les importa. Si son incapaces de actuar contra el delirio de las armas para proteger a sus propios hijos y nietos, ¿cómo podemos esperar que protejan a los nuestros? Unos están irremisiblemente vendidos al lobby de las armas, como la Asociación Nacional del Rifle, verdadero consorcio de malhechores cuyos dirigentes ponen las armas en manos criminales mientras permanecen a buen recaudo, como hacen los cabecillas terroristas en países del Medio Oriente.

Pero también hay entre los políticos que estimulan el culto a las armas hombres y mujeres que, por lo demás, pasarían por gente buena. Como el senador republicano John McCain, quien ha recibido del NRA la cantidad récord de $7 millones 740 mil. ¿Cómo es posible? Porque se formaron en la embrutecedora cultura de las armas que ha convertido a EEUU en uno de los países más violentos del mundo. Porque han elevado el derecho a la tenencia de armas al nivel de dogma inconmovible. Porque, erróneamente, creen que ese derecho es más importante que el que tenemos a preservar nuestras vidas. Y porque, mediante una interpretación absurda y fanática, han convertido la Segunda Enmienda a la Constitución –la cual trata sobre las armas– en un pacto suicida.

Conmueve la reacción indignada de jóvenes sobrevivientes y familiares de las víctimas de la secundaria de la ciudad de Parkland. “Haga algo Presidente Trump”, reclamó a gritos y llorando Lori Aldheff, cuya hija Alyssa, de 14 años, fue abatida a balazos. “A todos los políticos que reciben donaciones de la NRA”, declaró la estudiante cubanoamericana Emma González, “qué vergüenza. Si siguen sin hacer nada, la gente continuará muriéndose”. Con personas como ellas a la cabeza, estudiantes y padres de todo el país preparan movilizaciones de protesta para marzo. Pero no nos hagamos demasiadas ilusiones. Todas las masacres que hemos padecido han suscitado sentimientos similares. Luego el lobby de las armas, integrado y financiado por fabricantes, vendedores y fanáticos de los armamentos, ha ahogado el clamor a billetazos, paralizando a los políticos y propagando mentiras para marear a los votantes, muchos de los cuales eligen a políticos que, en la práctica, marcan a sus hijos para morir.

La única salida posible de este laberinto de odio, fanatismo y violencia es escoger en las urnas a líderes que estén dispuestos a combatir el culto de las armas. Reto difícil en un país donde uno de cada cuatro norteamericanos tiene armas y donde hay más armamentos en manos de civiles que habitantes. Nuestros compatriotas armados cuentan con sus políticos. Son los que prodigan “pensamientos y oraciones” después de cada masacre mientras reciben plata de la NRA. Pero nosotros, ¿con quiénes contamos?

Periodista cubano.

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