Daniel Morcate

Beryl fue solo un ensayo

Beryl rozó el este y el sur de Puerto Rico con fuertes lluvias, inundaciones, peligrosas condiciones para la navegación y las consabidas amenazas de deslizamientos de tierra y rocas. Pero, por fortuna, lo hizo solo como un aviso de que la isla, como sus hermanas del Caribe, debe estar lista para los embates de la nueva temporada de huracanes luego de la devastación y los traumas que le causaran Irma y María el año pasado. Horas antes de afectar a Puerto Rico, Beryl tuvo la cortesía de debilitarse, primero, de huracán a tormenta, luego, de tormenta a depresión tropical y, finalmente, de depresión a onda tropical. En la isla debería verse solo como un ensayo de lo que ha mejorado, lo que sigue igual y lo que ha empeorado en lo que respecta a los preparativos para soportar los inevitables meteoros ciclónicos del Atlántico.

El gobierno de Puerto Rico dice estar mejor preparado esta temporada. Ojalá sea cierto. A medida que se acercaba Beryl, anunció un plan preestablecido para emplazar rápidamente brigadas de rescate, algo que echaron de menos los damnificados de María, especialmente en zonas remotas de la isla. También habló de enigmáticos “acuerdos de asistencia mutua” para responder a las inevitables fallas del frágil sistema eléctrico nacional. Presumió de un “amplio inventario” de generadores eléctricos para surtir de energía a instalaciones sensibles, como hospitales y clínicas. Y prudentemente suspendió las jornadas laborales y de clases el lunes. Pero aun así no pudo evitar que entre los puertorriqueños cundiera el pánico. Muchos se dieron a la frenética tarea de abastecerse de gasolina y productos básicos, vaciando literalmente supermercados y gasolineras.

Huelga decir que los residentes de la isla recibieron con escepticismo las seguridades que ofreció el gobierno durante el ejercicio de Beryl. Ello se debe a la poca efectividad con que manejó las emergencias del año pasado. Y, principalmente, a la forma sistemática e inexcusable con que ocultó la cantidad de muertos que a su paso dejó María. Una encuesta informal de 5,200 puertorriqueños, hecha por internet, concluyó que la mayoría considera “mala” la calidad de la información que recibe de las autoridades sobre las muertes y enfermedades causadas por los huracanes, el impacto de la asistencia, el restablecimiento de la energía, la seguridad y el uso de artículos donados. Los autores del estudio creen que la percepción pública podría empeorar por el intento del gobierno de Ricardo Rosselló de desmantelar el Instituto de Estadísticas, la entidad autónoma que recopila datos sobre los servicios del gobierno. Gracias a ella empezamos a conocer la verdad sobre las muertes por María. Rosselló reaccionó destituyendo a sus directivos aparentemente para reemplazarlos con sus propios designados. Pero un juez ordenó restituirlos en sus puestos.

Los puertorriqueños necesitan confiar en que las autoridades estatales y federales actuarán con responsabilidad y firmeza en caso de que les vuelva azotar un huracán o cualquier otro desastre natural. Tal vez el ensayo de Beryl les permita evaluar mejor el nivel de preparación oficial. Mientras tanto, cada familia debería cerciorarse de que cuenta con un plan doméstico para proteger a sus miembros, especialmente a los más vulnerables, como los ancianos, quienes estuvieron entre las principales víctimas fatales de María. Miles de familias con recursos han dotado a sus viviendas de costosos paneles solares para evitar quedarse sin energía durante meses. Las familias menos afortunadas por lo menos deberían abastecerse de agua, alimentos enlatados y medicinas suficientes para 10 días, como aconsejan los expertos.

En medio del nerviosismo y la desazón que causó Beryl, los meteorólogos nos dieron la buena nueva de que la actual temporada debería ser menos severa que la previa. Se pronostican menos tormentas y huracanes. Pero lo cierto es que basta con uno solo para que la amenaza sea grave. Katrina destruyó Nueva Orleans en 2005. Sandy paralizó gran parte de la ciudad de Nueva York y dañó las costas de Nueva Jersey en 2012. Harvey asoló ciudades enteras de Texas el año pasado. Y María sembró de devastación y muerte a Puerto Rico y otras islas. Todos intuimos que nuestros gobiernos deberían responder mejor a estas catástrofes. Mientras tanto, deberíamos hacerlo todos y cada uno de nosotros.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

  Comentarios