Daniel Morcate

De Rusia sin amor

Carteles muestran los rostros de colaboradores de Trump que se han declarado culpables como parte del proceso de investigación de la interferencia rusa durante las elecciones de 2016 que lidera el fiscal especial Robert Mueller.
Carteles muestran los rostros de colaboradores de Trump que se han declarado culpables como parte del proceso de investigación de la interferencia rusa durante las elecciones de 2016 que lidera el fiscal especial Robert Mueller. Bloomberg

La investigación de la injerencia rusa en nuestras elecciones dio un paso gigantesco hacia adelante la semana pasada, cuando un jurado investigativo recomendó encausar a 12 oficiales de inteligencia rusos. Por primera vez los investigadores bajo dirección del asesor especial Robert Mueller, el jurado y una corte federal vincularon de manera inequívoca al régimen del dictador Vladímir Putin en la agresión a la democracia estadounidense para descarrilar la elección de Hillary Clinton y promover la de Donald Trump.

Y lo hicieron pese a los esfuerzos sistemáticos de Trump, sus asesores y el Partido Republicano, incluidos los líderes del Congreso, por boicotear la investigación y permitir que Putin y sus sicarios cibernéticos se salgan con la suya.

El encausamiento de 29 páginas se lee como un capítulo de novela de espionaje. Alega que 12 altos oficiales del Principal Directorio de Inteligencia de Rusia acecharon, de manera encubierta, las computadoras de decenas de funcionarios demócratas y voluntarios, implantaron códigos maliciosos y usaron correos de phishing (suplantación de identidad) para controlar las cuentas cibernéticas de personas asociadas con la campaña de Clinton.

Luego publicaron miles de correos robados para perjudicar el potencial electoral de Clinton e impulsar a su rival republicano. Un momento clave en el ataque sucedió el 27 de julio de 2016. El entonces candidato Trump exhortó ese día a los rusos a buscar “los 30,000 correos perdidos de Hillary”. De inmediato los agentes rusos ingresaron a las cuentas de correo de la candidata demócrata y de otras 76 personas o entidades de su campaña.

Además de confirmar que la operación vino de Rusia y sin amor, el nuevo encausamiento acerca la investigación al círculo íntimo de Trump. Indica que “una persona” que se comunicaba con su campaña a su vez estaba en contacto con Guccifer 2.0, nombre de guerra que usaron los oficiales rusos durante el ataque. Un viejo amigo de Trump, Roger Stone, confiesa ser esa persona y probablemente será objetivo de la investigación criminal. Previamente ya lo eran otros miembros de la campaña: Michael Flynn, Paul Manafort, Rick Gates, George Papadopoulos y Carter Page. Flynn, exasesor de seguridad nacional de Trump, se declaró culpable de mentir al FBI.

Manafort, exdirector de la campaña, está preso sin fianza y enfrenta cargos de traición, lavado de dinero, fraude y evasión fiscal. Gates, subdirector de la campaña, se declaró culpable de mentir al FBI y estafar al gobierno de Estados Unidos. Por su parte, Papadopoulos, exasesor de política exterior de Trump durante la campaña, se declaró culpable de mentir al FBI sobre sus contactos con agentes rusos.

La reacción de Trump a la pesquisa de Mueller pudiera interpretarse como si fuera responsable de haber conspirado con los rusos durante la campaña presidencial y obstruido la justicia una vez instalado en la Casa Blanca.

Al anunciar el nuevo encausamiento, el vicefiscal general de Estados Unidos, Rod Rosenstein, reveló que lo había discutido con Trump antes. A pesar de ello, Trump insistió en el infundio de que la investigación es una “cacería de brujas” y sostuvo que obstaculiza sus relaciones con Putin.

Tras la cumbre en Helsinki, sugirió, escandalosamente, que cree más en la negativa de Putin que en los datos aportados por sus propios asesores de seguridad nacional. También instruyó a la Casa Blanca para que no denunciara la complicidad rusa en la agresión a nuestra democracia. Por eso, la única reacción de sus portavoces fue que el encausamiento no había implicado a estadounidenses. Esto sería relevante si se tratase del último. Pero Mueller continúa su implacable pesquisa.

La investigación marcha por delante de lo que razonablemente podemos informar y comentar los periodistas. Aun así, he escuchado la crítica de que Mueller procede como si creyera que los norteamericanos no estamos preparados para conocer la verdad. Es posible. Pero la agresión rusa fue temeraria y compleja. La complicidad de norteamericanos la hizo más grave. Es preferible que Mueller la desgrane poco a poco, cuidando fuentes y detalles, y sacando las conclusiones que amerite el caso.

Quienes valoramos nuestra democracia debemos permanecer vigilantes ante las mil y una maniobras de Trump y sus facilitadores para descarriar la investigación.

Periodista cubano. @dmorca

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