Daniel Morcate

Mark Zuckerberg y el Holocausto

Mark Zuckerberg, jefe ejecutivo de Facebook, dijo el 18 de julio que no quitaría automáticamente en el medio social los comentarios negando el Holocausto.
Mark Zuckerberg, jefe ejecutivo de Facebook, dijo el 18 de julio que no quitaría automáticamente en el medio social los comentarios negando el Holocausto. NYT

Cuando aún no ha terminado la controversia por el rol que tuvo Facebook en la manipulación de millones de votantes en Gran Bretaña y Estados Unidos, su líder, Mark Zuckerberg, ha generado otra que reclama nuestra atención. Autorizó que grupos e individuos que niegan el Holocausto usen la popular plataforma para diseminar su veneno. Es un grave error que subestima la incomparable monstruosidad que fue el exterminio sistemático de dos tercios de los judíos europeos y otros seis millones de personas (para un total de 12 millones de víctimas fatales) y da aliento al antisemitismo en momentos en que, en Estados Unidos y Europa, han resurgido con nuevos bríos las pandillas neonazis y racistas que medran del odio a los judíos y otras minorías étnicas y religiosas.

Zuckerberg, desde luego, no es nada sospechoso de antisemita. Él proviene de una familia judía. Como tantas personas de la misma extracción perdió antepasados en el Holocausto. “Personalmente considero la negación del Holocausto”, dice, “profundamente ofensiva. Y absolutamente no tenía la intención de defender el empeño de la gente que lo niega”. Pero basó su controversial dictamen en una interpretación superficial y desacertada de lo que describe como las dos misiones de Facebook.

Una consiste en “darle voz a la gente”. La otra en “preservar la seguridad de la comunidad”. Zuckerberg sostiene que la primera misión le obliga a permitir que los negadores del Holocausto –y otros bárbaros de la misma ralea– usen la plataforma siempre y cuando no promuevan la violencia contra los judíos. Pero su razonamiento se estrella contra la realidad y el sentido común. Ignora que la negación del Holocausto es una forma de violencia contra los judíos o, por lo menos, la prédica de esa violencia. Desde que el mundo conoció los detalles horrorosos del exterminio intencional y metódico de los judíos por parte de los nazis y sus cómplices, la negación del Holocausto dejó de ser una mera manifestación de ignorancia y se convirtió en una promoción automática del antisemitismo que conduce a la discriminación, la persecución y la violencia contra los judíos.

Se suele admirar el ingenio que le permitió a Zuckerberg crear Facebook a pesar de haber desertado de Harvard sin graduarse. Pero esta es una ocasión en la que habría sido preferible que hubiera terminado su formación académica en la prestigiosa universidad. Con toda seguridad se habría expuesto a las enseñanzas éticas del filósofo Robert Nozick, destacado profesor de Harvard, o de sus discípulos. Nozick sostenía que el Holocausto “es un hecho como la Caída en la forma en que la enseñaba la tradición cristiana, algo que radical y drásticamente altera la situación y el status de la humanidad”. Luego de la Caída del Holocausto, decía, la humanidad ha de ganarse de nuevo el derecho a la auto preservación como especie, combatiendo el mal con determinación dondequiera que éste muestra sus odiosos tentáculos.

Alemania, cuna del Holocausto, prohíbe su negación. Lo mismo hace otra docena de países europeos. En cambio, la autorizan e incluso promueven teocracias islámicas del Medio Oriente que, de hecho, usan el antisemitismo no solo para buscar la destrucción de Israel y discriminar y perseguir a los judíos sino también para embaucar y manipular a sus propios ciudadanos. En algunos de esos países, como Irán, se celebran conferencias de negadores internacionales de la monstruosidad nazi a las que asisten estadounidenses.

Se me dirá que en Estados Unidos siempre se ha invocado la Primera Enmienda para proteger el derecho que algunos brutos tienen a negar el Holocausto. Cierto. Pero esa protección nunca ha llegado al extremo de permitir que en las escuelas públicas y privadas se impartan clases de negación del Holocausto. De la misma manera Zuckerberg y otros directivos de Facebook pueden depurar su plataforma, un negocio privado que en la actualidad cultiva a dos mil millones de usuarios, de grupos e individuos que fomentan la negación del Holocausto. Esta es lo que otro pensador, el británico John L. Austin, llama un enunciado performativo, es decir, una forma de hacer las cosas con palabras. En este caso, justificar y procurar la violencia contra un grupo humano entero por el mero hecho de que son judíos.

Periodista cubano.

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