Daniel Morcate

Trump, el orwelliano

El presidente Donald Trump no ha tenido una buena relación con la prensa, contra la que ha lanzado numerosos ataques.
El presidente Donald Trump no ha tenido una buena relación con la prensa, contra la que ha lanzado numerosos ataques. TNS

La semana pasada la corresponsal de CNN, Kaitlin Collins, le gritó preguntas al presidente Trump sobre Michael Cohen y Vladimir Putin cuando Trump se fotografiaba junto a Jean Claude Juncker, el presidente de la Unión Europea. Collins era la periodista designada para preguntarle a Trump a nombre de sus colegas que informan sobre la Casa Blanca. El mandatario no le respondió. Minutos después su director de comunicaciones, Bill Shine, le retiró la invitación a una comparecencia de ambos funcionarios ante la prensa. La arbitraria decisión provocó la protesta solidaria de los periodistas que cubren la presidencia, algo infrecuente en un gremio que se caracteriza por la competencia feroz y el individualismo.

Siguieron al incidente reportajes reveladores sobre el enorme resentimiento que Trump tiene hacia los periodistas. Desde la campaña electoral mantiene una lista negra de reporteros a los que no puede ver ni en pintura. Al parecer hoy la encabezan el corresponsal cubanoamericano de CNN Jim Acosta y April Ryan, afroamericana que dirige la oficina en Washington de American Urban Radio Networks y comenta para CNN. La tirria a la prensa es uno de varios rasgos antidemocráticos de Trump, cuya insondable incultura política le impide calibrar la importancia de la libertad de prensa, avalada por la Primera Enmienda a la Constitución, para preservar nuestra democracia.

Trump detesta a los periodistas que informan o comentan sobre su oscuro pasado, sus excesos como gobernante y sus constantes deformaciones de la verdad y los hechos. Desde que se postuló, nos llama “basura”, “fango”, “enemigos del pueblo”. En una ocasión afirmó: “Nunca los mataría. Pero sí los odio. Y algunos son gente muy mentirosa y desagradable”.

Ese resentimiento lo ha convertido en el peor enemigo de la libertad de prensa en la historia moderna de Estados Unidos. Desde que llegó a la presidencia ordenó investigar correos electrónicos y llamadas telefónicas del New York Times; ha amenazado con endurecer las leyes de libelo que protegen a los periodistas, especialmente a los de opinión; ha amenazado con demandar a Michael Wolff, autor de Fire and Fury, y a Henry Holt & Co., la casa editorial que publicó el libro; le exigió al Washington Post que despidiera al periodista que comparó de manera desfavorable las multitudes que asistieron a su inauguración y a la de Barack Obama; amenazó con cancelar licencias de transmisión de medios que lo critican; tuiteó imágenes en las que finge golpear a un periodista de CNN; ordenó al Departamento de Justicia que busque formas de castigar a soplones y periodistas que publican sus filtraciones; le pidió al entonces director del FBI, James Comey, que encarcelara a reporteros que publican información clasificada; prometió combatir las “noticias falsas” en presencia del presidente de Polonia; atacó a periodistas estadounidenses durante su comparecencia con Vladimir Putin en Helsinki; y exhortó a que alguien compre el NYT “para que informe correctamente o lo quiebre”.

Esta es apenas una pequeña muestra de los ataques de Trump a la prensa y a la libertad información que esta encarna. Ni siquiera incluye su sistemática negativa a dar entrevistas a la mayoría de los medios, incluyendo casi todos los hispanos. Y lo peor está por venir.

El editor del New York Times, A. G. Sulzberger, le advirtió a Trump que sus amenazas al periodismo no solo son “divisivas sino peligrosas”. Trump, sin embargo, intensificará sus ataques a medida que se le acerquen a él y a su círculo íntimo las investigaciones criminales que realizan Robert Mueller y la fiscalía federal de Nueva York. Necesita descalificar a los periodistas para desviar la atención y embelesar a sus seguidores.

El otro día, ante algunos de esos seguidores, revivió a George Orwell declarando: “Lo que están viendo y lo que están leyendo no es lo que está pasando”. En 1984, su célebre distopía sobre el comunismo, Orwell escribió con ironía: “Las cosas son verdad y no son verdad, todo al mismo tiempo. No les crean a sus ojos ni a sus oídos”. Podemos presumir que Trump nunca ha leído a Orwell. Él confiesa que no lee. Pero su odio a la verdad y a la prensa libre que la informa lo llevará a superar en la realidad algunos pronósticos orwellianos.

Periodista cubano.

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