Daniel Morcate

Las amistades peligrosas de la NRA

El gobernador demócrata de Nueva York, Andrew Cuomo, exhortó a aseguradoras y bancos para que dejen de hacer negocios con la NRA.
El gobernador demócrata de Nueva York, Andrew Cuomo, exhortó a aseguradoras y bancos para que dejen de hacer negocios con la NRA. AP

Todo indica que la presión popular y en algunos casos oficial está aumentando para que la Asociación Nacional del Rifle, o NRA por sus siglas en inglés, cambie su comportamiento o desaparezca. El influyente cabildo armamentista demandó al estado de Nueva York y lo acusó de haber colocado sus finanzas al borde de la quiebra. Y además lucha, mediante un silencio lapidario, contra la mala imagen que le ha dado la noticia de que por lo menos dos rusos acusados de espionaje infiltraron la organización con el aparente objetivo de alimentar su promoción extremista de la venta de armas de fuego en Estados Unidos.

La NRA alega que el gobierno estatal neoyorquino la coaccionó de manera ilegal. En una corte federal sostuvo que, si continúa la supuesta coacción, tendrá que clausurar su cuartel general en Virginia, terminar sus operaciones mediáticas en internet y cesar de realizar convenciones y manifestaciones públicas.

La acusación alude a la exhortación que hiciera el gobernador demócrata de Nueva York, Andrew Cuomo, a aseguradoras y bancos para que dejen de hacer negocios con la NRA. Cuomo acusó al grupo armamentista de proporcionarles seguros a compradores de armas sin tener licencia para ello. El Departamento de Servicios Financieros de Nueva York multó a la empresa británica, Lockton Affinity, y a su afiliada estadounidense en más de $4 millones por prestarse a la maniobra de la NRA. Ambas aseguradoras de inmediato rompieron sus nexos con el cabildo. Lo mismo han hecho otras empresas que se anunciaban con la organización.

Cualquier campaña contra la NRA no debería buscar su liquidación, sino que se convierta en un actor responsable y coopere en la adopción de medidas sensatas para frenar la violencia con armas. Los dirigentes de la NRA no han tenido un comportamiento responsable. Han utilizado su enorme influencia sobre los usuarios de armas y grupos conservadores para promover leyes y prácticas laxas sobre la compraventa de armas. Una consecuencia de esa conducta disparatada ha sido el fácil acceso a las armas por parte de criminales y personas con problemas psicológicos. Sin proponérselo, los líderes de la NRA han sido coautores intelectuales de las matanzas de inocentes que ha padecido el país.

Un buen ejemplo de su conducta temeraria es el contubernio en el que entraron con rusos que al parecer explotaron su credulidad para alimentar su fanatismo pro armamentista. El FBI acusó a María Butina y a Alexander Torchin de haber infiltrado a la NRA durante años con el propósito de “promover (en ella) los intereses de la Federación Rusa”, estimulando sus posturas radicales y creando canales extraoficiales de comunicación entre ellos, figuras influyentes del Partido Republicano y el Kremlin. Algunos republicanos a los que cultivaban los presuntos espías han reconocido los contactos y aclarado que fueron casuales. Tal es el caso de los exaspirantes a la presidencia Rick Santorum y Scott Walker. Pero los actuales dirigentes de la NRA guardan un ominoso silencio.

En cambio, el expresidente de la NRA, David Keene, declaró con cinismo: “Me asombra que en el mundo de hoy, si le das un apretón de manos a un ruso, es porque eres agente del Kremlin”. ¿Apretón de manos? Keene asistió en Moscú en 2013 a una reunión de 200 supuestos “defensores de las armas” rusos, a quienes dijo: “Es un gran honor el estar aquí hoy, en parte porque a lo largo de los últimos tres años, he sido anfitrión de su senador, Alexander Torshin, en las reuniones anuales de la NRA”. En Rusia, por supuesto, el único defensor autorizado de las armas es Vladimir Putin. Las defiende para usarlas contra países vulnerables como Ucrania, Siria y Montenegro. La inteligencia estadounidense cree que Keene asistió a una farsa deliberadamente montada por el régimen de Putin.

La NRA podría comenzar a reivindicar su imagen pública hablando con transparencia sobre sus contactos con Rusia. Debería responder, por ejemplo, a las dudas sobre si los rusos contribuyeron a los $31 millones que donó a la campaña presidencial de Donald Trump. Al mantener un obstinado silencio solo ahonda el escepticismo respecto a sus constantes apelaciones al patriotismo, la libertad y la defensa de la segunda enmienda a nuestra Constitución.

Periodista cubano.

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